Pocos saben cuan “pesado” es para nuestros ancianos el vivir tantos años. No les es pesado porque son muchos años sino porque han sido de mucha responsabilidad. Primero son el centro, columna y apoyo de sus familias, y en ocasiones de familias numerosas. Luego viven preocupados por la gente de la comunidad que les rodea y después por todo el mundo. En su evolución como ser humano de la preocupación pasan a la oración constante. Cuando les empieza a fallar la memoria entran a la reflexión y la comunicación espiritual directa. Etapa muy personal, tanto así que los que están a su alrededor no sabrán nunca el contenido de esa comunicación, excepto aquellos que les rodean que tienen la misma sensibilidad y pueden percatarse de la importancia de lo dicho.
Estas personas vivieron en su vida grandes luchas y en todo momento confiaron plenamente en el Señor. Esa confianza los condujo a triunfar en la vida. Cumplieron con los mandamientos, fundamentos, conceptos, y preceptos del mensaje divino. Lo hicieron de la forma más humilde y sincera; cosecharon amor porque eso fue lo que sembraron.
Se habla de la demencia senil y el Alzheimer y es cierto que el organismo se deteriora, pero el alma o espíritu no. Por eso es bien importante estar bien pendientes de lo que expresan en estas últimas etapas de sus existencia porque en sus “desvaríos” pueden decir cosas muy ciertas y como no son lógicas para nosotros no le damos importancia. Cerramos así una ventana a la sabiduría que nos brindan los misterios de la vida.
Personalmente para mi esta experiencia, que vivimos todos a diario con mi suegra, ha sido algo extraordinario para nuestro crecimiento espiritual. Percibo a cada momento que ella está abriendo un camino espiritual, no solo para ella, sino para todos sus seres queridos.
©Roberto Quiñones Rivera
Con la sensible colaboración de Adminda Pérez.
