En más de una ocasión se regó el rumor que puso a más de uno con los pelos de punta. En las noches oscuras, del cañaveral que lindaba con la cancha de baloncesto y el parque de pelota del caserío Modesto Cintrón, surgían escalofriantes figuras que aterraban al más valiente. Más de un caminante nocturno juraba haber visto al cabezón, al hombre “esnú”, a la mujer preña, la llorona y al temido Correa Cotto.[1] Eran tiempos de aparecidos. En los corrillos de la plaza del pueblo era usual escuchar algún fantasmal y estremecedor relato como el que narro a continuación.
—Ese es Chuco que va embollao en busca de Panuco para ajustar una cuenta, gritó Pancho.
Al alejarse, el caballo dejó como una estela de fuego a cada lado del trillo. Las cañas quedaron acostadas, pero sin quemarse.
Ante ese espeluznante espectáculo, con los pelos erizados, dimos un viraje y salimos corriendo como alma que lleva el diablo. No paramos hasta llegar a la plaza del pueblo. Con el corazón latiendo, casi para estallar y los ojos desorbitados, nos sentamos en un banco con la esperanza de asimilar la visión y pasar el susto.
Freddy el bizco, se acercó y nos dijo- “hace un rato mataron a Chuco en Nueva York.”
©Edelmiro J. Rodríguez Sosa
18 de noviembre de 2010.
[1] Prófugo de la justicia temido por lo sanguinario.
