¿Se imagina usted que un monumento al Soldado Desconocido se le dedique a alguna persona? Obviamente tal corrupción mataría la esencia para lo cual se levantan los monumentos o tumbas dedicadas a los soldados.
Ese es el caso del Monumento al Soldado Caído erigido a la entrada de Salinas. Imaginen que a alguien se le ocurra darle el nombre de Juan de los Paslotes a ese monumento, porque su familia pertenece a tal o cual partido político y son excelente contribuyentes o representan muchos votos. Tal acto sería una aberración que merecería la condena de todo el mundo.
Sería objeto de burlas o tildado de ignorante y fuerza de cara el legislador estadounidense que se le ocurriera substituir el nombre de la Estatua de la Libertad por el del presidente George Bush.
Pues ese derecho aberrante se lo adjudicaron los actuales legisladores municipales de mayoría y minoría de Salinas, cuando le cambiaron el nombre a la Plaza-Museo de los Fundadores. Desvirtuaron, esta vez en lo que tiene que ver con la esencia, el propósito por la cual se edificó esa instalación cultural. La Plaza-Museo de los Fundadores fue víctima del cambio inconcebible de nombre. Concebido para honrar la gesta de todo un pueblo, se convirtió en un botín destinado a complacer egos particulares por motivos meramente politiqueros. Lamentablemente, los legisladores municipales no han tenido la babilla para rectificar el error que han aceptado privadamente. Ante tal inacción legislativa, será el pueblo el que rectificará la decisión política que tomó en el 2008.
srs

