Advertisements
Cerré la puerta lentamente, sin hacer ruido. Acababa de convertirme en asesina. Afuera, silencio absoluto. Momentos antes parecía que el estropicio despertaría a todo el mundo. Solo después, mirando
Cuando descubrió la cabeza cercenada, no gritó. Solamente me miró y me mató para siempre con su mirada.
©David Arce

