En los días recientes he recibido cerca de una docena de mensajes bien intencionados que demuestran cariño por uno y que agradezco de corazón, en los que se me advierte que debido a lo sucedido en Japón con las plantas nucleares, no debo salir de mi casa sin paraguas, especialmente si llovizna. Porque, me dicen, puedo sufrir por la radiación que viaja en el viento y que puede llegar hasta el barrio Chupacallos.
En mis años de infancia fui aterrorizado por los japoneses con el maldito Godzilla. De noche saltaba a dormir antes de que el saurio monstruoso aquel saliera de
Pero entonces aparecieron en mi pueblo muchos godzillas, éstos más bien criollos, pero no por ello menos temibles o menos dañinos: Romero (el caballo tuerto) Barceló, Chemo Soto y sus chupacabras y gárgolas, El Chuchin y sus remeneos, el Amolao y sus palmolives, Rivera Shatz, (a.k.a. Tomás Trampa); El raja-melones de Fajardo; Marcos Emma, Héctor Coquito Martínez, Fortuño el Coquí Guajón, y hasta Wanda Rolón, la divina pastora; Figueroa Sancha, que se sirve de dar macanazos riéndose a sus Sanchas… en fin, toda una fauna increíble… Y a todo eso he sobrevivido… (Incluyendo a Rashke y su desteñida Kimy). ¿Qué me garantiza que por la noche no saldrá Fortuño de debajo de mi cama para decirme: “You are fired!”
Luego… ¿por qué temer? Si viene lluvia radiactiva eso caerá en los ríos de donde sale el agua que bebo, la que usamos para cocinar y la que usamos para bañarnos. ¿O deberé meterme a la ducha con sombrilla?
Por favor, no me aterroricen más, que en agosto cumplo 67 años y ya no estoy para esas pendejadas…

