(Nota: En el 2009 escribí lo que sigue y ahora, con el anuncio que hace el autor del libro (Lcdo. Rafael Cox Alomar) que denuncio, sin haberlo leído porque al pasajero se reconoce por su maleta, como al pájaro por la churreta, vuelve a cobrar actualidad: Quiere ser Comisionado Residente. Pide mucho por una sola lambía)
El colonialismo se reinventa a cada rato. Es una bestia que no siempre parece lo que es y casi siempre es peor de lo que parece. Pero si algo es cierto sobre el colonialismo, es que “por más que lo vistan de seda, mono se queda”.
Otra de sus características es el cinismo con que busca revestirse cuando ya su desnudez se hace tan evidente que ni el ilusorio ropaje constitucional puede encubrir.
Igual que el crimen organizado, tiene en su nomina pseudoperiodistas e igual similitud de escritores, educadores, you name it (pa que vean que les sigo el rastro), que a cambio de favores y $$$$, como los bufones de antaño, lo hacen parecer una monería cuando en verdad no es más que una porquería.
Rafael Cox Alomar, abogado puertorriqueño, porque no hay peor cuña, ¡Carajo!, que la del propio palo, es el autor de este nuevo engendro que será bautizado por su tocayo, Rafael Hernández Colón y el Partido Popular Democrático, en la Fundación Luis Muñoz Marín, que se ha convertido en el Santuario del Coloniaje en América.
Si bien es verdad que el colonialismo se reinventa a cada rato, como señaláramos al principio, no es menos cierto que una cosa es el coloniaje y otra los colonialistas. El primero condiciona y distorsiona, se mueve y adopta diversas formas y los segundos, como la divinidad, son los mismos hoy, ayer, mañana y siempre.
¡Deja eso Rafael!
© Josué Santiago de la Cruz
10/5/09

