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Un pueblo en el desierto / David Arce

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En al año 1987, un pueblo fantasma de día, recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Un pueblo sobre el desierto, que según los periódicos de la época, creció sobre la arena de la noche a la mañana, al sur de Lima, en una de las invasiones más grandes propiciadas por el entonces Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas del Perú, del General Juan Velasco Alvarado. El 11 de mayo de 1971 todo el arenal se llenó de formaciones de cuatro esteras, la mayoría sin techo, todas ellas con una bandera rojiblanca. En las noches esas esteras se llenaban de calor, cariño y cansancio de la gente que regresaba de trabajar. El agua era lo que más faltaba, la acarreaban en baldes desde los camiones repartidores. Ahora ya tienen agua, electricidad y mucha arena.

El cinco de febrero de 1985, el Papa Juan Pablo II, pronunció un emotivo discurso en su castellano característico, a salvo del sol y de la arena por un sombrero blanco. Al final del discurso, casi afónico, pidió un vaso con agua, y el niñito que vino corriendo tropezó vertiendo el agua sobre la arena, donde sólo quedó una mancha oscura. Aún así, le alargó el vaso, el Papa hizo como que tomaba y sucedió uno de los primeros milagros: el agua alcanzó para calmar la sed de toda la multitud.

A lo lejos los niños, ahora contentos, seguían cargando agua hacia sus chozas, en Villa El Salvador.

©David Arce

Villa El Salvador (foto de Eva Lewitus)

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