Extracto de un artículo firmado por Stephen Hill que fuera publicado en The Foreign Policy en Español que afirma como urgencia la necesidad de rediseñar el actual orden capitalista mundial por un orden basado en un modelo de capitalismo social que posibilite ampliar la clase media, y en los desarrollados, mantenerla e implementar las prácticas sostenibles.
Desde la Segunda Guerra Mundial, es fácil ver que se haproducido en todo el mundo una gran convergencia en torno a las instituciones y las prácticas de la democracia y la economía políticas. Unos países tras otros han seguido el ejemplo de Estados Unidos, que ofrecía al mundo un modelo de desarrollo basado en el ascenso de la clase media. Esta convergencia es parte de un avance constante, desde hace siglos, hacia los tipos de instituciones y políticas que mejor permiten alcanzar “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” para las modernas sociedades de masas. Incluso China, a su manera, se ve arrastrada de forma inexorable a este torbellino convergente. Y no hay motivos para pensar que esa convergencia vaya a interrumpirse en el futuro.
Estados Unidos inventó la clase media, la atractiva idea de que la gran mayoría de la población puede –y debe—disfrutar de un nivel de vida aceptable y una calidad de vida elevada. Cada país ha tratado de incorporar este principio. Europa adoptó plenamente esa sociedad de clase media originada en EE UU y avanzó un paso más. El capitalismo social europeo dio a la clase media una base más sólida al crear una prosperidad más repartida y proporcionar más apoyo y seguridad a las familias y los trabajadores que el “capitalismo de Wall Street” estadounidense.
Hoy vemos que China, India, Brasil, Rusia y otros países de todo el mundo intentan construir sus propias versiones de este modelo de desarrollo basado en la clase media. Las economías de India y Brasil están en pleno desarrollo y siguen el camino conocido que conduce a la sociedad de clases medias. En este proceso, la eficacia del gobierno es un ingrediente esencial; en muchos aspectos, la condición indispensable que determina el éxito o el fracaso. Pero este proceso dura decenios y, en realidad, éstos se miden a posteriori, no en el mismo momento. Por eso, la pregunta respecto a 2050 es: ¿conseguirán estos países promover el modelo de sociedad basada en las clases medias? ¿Y puede el entorno planetario soportar esa explosión que añadirá aproximadamente 5.000 millones de personas a la clase media?
Creo que la respuesta a la primera pregunta es un rotundo sí. El modo de vida de la clase media, en gran medida, responde a los impulsos más básicos del ser humano: la pasión por la vida, la libertad, las oportunidades y la búsqueda de la felicidad, incluidas las diversiones y los placeres. Es una afirmación que vale para todas las naciones.
El mundo necesita descubrir cómo pueden mantener las economías desarrolladas a sus ciudadanos sin recurrir a tasas de crecimiento muy elevadas, burbujas de activos ni un consumo desatado y cómo tener un avance que sea ecológicamente sostenible. (…) El proceso de rediseñar el capitalismo con arreglo al modelo de capitalismo social tardará muchos años, pero tengo un optimismo precavido al respecto y pienso que saldrá bien. Creo que los esfuerzos producirán resultado porque no hay más remedio. ¿Qué alternativas hay? Europa ya ha probado con siglos de guerras enconadas y destructivas, y no consiguió nada. No, la forma de avanzar es, en los países en vías de desarrollo, ampliar la clase media, y en los desarrollados, mantener esa clase media e implementar las prácticas sostenibles desde el punto de vista ecológico y económico. En la sociedad inteligente derivada de todo ello, el proceso de convergencia resultante de la globalización estimulará las mejores prácticas en materia de instituciones y políticas de apalancamiento.
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