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Los zapateros de Salinas / Roberto Quiñones Rivera

“Quien mira lo pasado, lo porvenir advierte”

Félix López de Vega y Carpio

Hace miles de años el ser humano comenzó a utilizar zapatos, obligado por la necesidad de proteger sus pies contra las inclemencias del tiempo y los peligros del ambiente. Tras ese hecho, apareció el oficio de zapatero hace más de 15 mil años. Según Wikipedia este oficio estaba revestido de mucha importancia, al extremo que reyes y faraones tenían sus propios zapateros, los cuales les confeccionaban sus sandalias, dándole un toque personal al trabajo.

Al principio la responsabilidad de llevar a cabo este oficio recaía en las féminas, que entonces confeccionaban el calzado de toda la familia. Cuando fue cobrando forma la división de los trabajos, la responsabilidad se le asignaba a un miembro en particular de la familia, y no necesariamente a la mujer.

Cuando surgió el oficio de zapatero en sí, como tantos otros, su práctica pasó a convertirse en una tradición familiar. Si el padre era zapatero el hijo asumía el puesto luego del retiro de éste, aunque no necesariamente esta fuera la regla establecida.

Noé Ten

 

El oficio del zapatero revestía tanta importancia en la sociedad al punto de que los zapateros contaban con protección divina. De acuerdo a una leyenda francesa, los zapateros nombraron como su santo patrón a los Santos Crispino y Cipriano, unos hermanos que durante el día predicaban el Evangelio y en las noches confeccionaban zapatos para distribuirlos gratuitamente entre los pobres. Hoy día el Santo Patrón del Zapatero es celebrado los día 25 de octubre de cada año.

En Puerto Rico la práctica de este oficio esta también vinculada, en la mayoría de los casos, con una tradición familiar. El mismo ha ido pasando de generación en generación y en su forma artesanal se le considera como el oficio que se niega a morir.

En nuestra isla, el oficio de zapatero tampoco está reservado al hombre únicamente, ya que en la actualidad hay varias damas ejerciendo la profesión. Recordamos el caso de una zapatera que ejerció por más de cuarenta años en un negocio llamado New York Shoe Repair en el área de Santurce. También había zapateras en Guaynabo, Carolina, Hato Rey, y Mayagüez, pero desconozco si actualmente queda alguna ejerciendo el oficio.

En nuestro pueblo de Salinas también el oficio tiene rasgos de tradición familiar. Hasta donde tenemos conocimiento, en la historia de nuestro pueblo se cuentan sobre doce zapateros, la mayoría de ellos siguiendo una tradición de familia.

 

Juan López Santiago en su taller

A pesar de la poca información sobre nuestros primeros zapateros, en el libro “Salinas de Sal y Azúcar” de Doña Ligia Vázquez Bernard de Rodríguez, menciona que a principio del siglo veinte, en nuestro pueblo ejercían como zapateros los señores Juan Atilano, José Feu, y Pedro Pérez. En el 1930 ejercían este oficio Félix Francisco y Francisco Ortiz; este último luego fue electo alcalde, del 1937 al 1941. Al señor Ortiz le sobrevive su hijo, el insigne abogado salinense Vicente Ortiz Colón.

En lo que denominaremos como época moderna, es decir, las últimas tres décadas, en Salinas figuran como zapateros don Benigno Pérez, conocido como don Nino, quien tenía un hermano mayor zapatero, radicado en Cayey, don Noé Ten, don Miqueas Ten, su hermano, Don Juan López Santiago y Juan López Bones, su hijo, quien actualmente es la única persona que ejerce este arte en nuestro pueblo. Como rasgo sobresaliente, cabe mencionar que fueron y son personas consideradas unos caballeros en todo el sentido de la palabra.

Una de nuestras colaboradoras, la señora Ana María Sierra Pérez, hija de Doña María Evangelina Pérez, mejor conocida como Doña Lan, me puso en conocimiento de que también existió un zapatero en la calle norte de la plaza de mercado, calle Sánchez López. Este tenía el taller en su propia casa. De momento no recordó el nombre pero si recordó que su hija se llamaba Doña Carmen Pérez, quien era la madre de nuestra amiga Isabel Rivera “Chan,” la esposa del Licdo. Dante Rodríguez Sosa. Estoy seguro que Dante nos hablará un poco sobre “El Maestro Paco” como era conocido, según me enteré luego por otros amigos.

Por otro lado, en una conversación que sostuve con Sócrates Alvarado, este me indicó que había un caballero de La Playa y tenía un pequeño espacio detrás de la tienda de Don Miguel Vázquez en la calle Muñoz Rivera, donde ejercía como zapatero. Lo único que recordaba de él es que su nombre era Locadio y le decían “Don Loca”. Este zapatero era de los años cuarenta antes de Noe, Miqueas y Juan López.

Félix M. Ortiz Vizcarrondo y Isaac Meléndez González, otro de nuestros colaboradores, me confirmaron la información que obtuve de Sócrates Alvarado. Pero además mencionaron un zapatero ambulante al cual se le conocía como “Tarzán” porque tenía el pelo largo al estilo de ese personaje. Este cargaba su equipo hasta la Plaza de Mercado y se sentaba fuera de ella frente a la calle Sánchez López. Tarzán vivía en la calle Monserrate esquina Eduardo Conde de la Ciudad Perdida y era hermano del famoso receptor de los Maratonistas del Coamo AA Maraco Picó, quien aún vive.

En la calle Monserrate existieron varias zapaterías al mismo tiempo. El taller de don Benigno Pérez Brignoni (Don Nino), estaba en la planta baja de la edificación que conocíamos como La Casona Mattei, estructura que hacia esquina con la calle Baldorioty y donde una vez existió la barra de Chano y posteriormente el billar de Abelardo. Frente a Don Nino, en un edificio de ladrillos que existió entre el negocio de Doña Domitila y el Cuartel de la Policía ubicado en una estructura que hacia esquina con la calle Muñoz Rivera, frente a la Plaza Delicias, estaba el taller de Miqueas, cuyo ayudante era Pedro Juan Moreno, mejor conocido por Guango el Cojo. En la misma calle Monserrate no muy lejos de esas dos zapaterías estaba la de don Noe Ten y su ayudante “Panón”. Esta última luego fue mudada para la Calle José Celso Barbosa, al lado de la casa de la familia de Efrin Ramos. La zapatería original de Juan López Santiago quedaba también en la misma Monserrate al lado de la tienda de Don Vidal Díaz, padre del Dr. Felo Díaz. El más famoso cliente de don Juan López era el Gigante de Carolina a quien le preparaba las enormes chancletas que usaba.

Don Nino, el más antiguo de ellos, era el que le suplía los materiales necesarios a las demás zapaterías. Todos los lunes viajaba a Río Piedras a comprar los materiales necesarios para su taller y los encargados por las demás zapaterías del pueblo.

Quiero también traer a la memoria de nuestros lectores el hecho de que antes de que existiera la famosa tertulia conocida como el Senado en los bancos del redondel de la Plaza Delicias, un sitio de reunión para tertuliar era la zapatería de Don Nino. Allí entre otros participaban Blas Buono, Manolo el Marshal, Sanito, y otros residentes de nuestro pueblo.

Pero vamos a la época actual, tomando como fuente directa a Juan López Bones, el único zapatero que queda en Salinas. Con el propósito de escribir esta reseña lo entrevisté para nutrirme de todo lo relacionado a esta profesión, incluyendo conocer la maquinaria moderna así como algunas herramientas antiguas que aún tienen vigencia en la confección y arreglo de zapatos.

Juan lópez Bones

Juan aprendió el oficio de zapatero desde que tenía seis años de edad, pues una buena parte de su vida transcurrió en la zapatería de su padre. Muchos años después, al faltar su progenitor, asumió el oficio trabajando en el mismo taller de la calle Monserrate donde por años ejerció su padre el arte del zapatero. Luego mudo la zapatería uno de los puestos de la Plaza de Mercado y por ultimo decidió establecer el taller en su propia casa en la Barriada Carmen de Salinas desde donde actualmente brinda sus servicios.

Ya Juan tiene 40 años de experiencia en esta profesión por lo que creemos que en los próximos años ya estará pensando en su retiro, aunque nos indico que “mientras el cuerpo aguante…pa’lante”

Este humilde trabajador me indicó que para esta profesión no se augura un futuro prometedor ya que para empezar el zapato de hoy día es “desechable”. Pocas personas compran zapatos a los cuales se les pueda poner una media suela o cambiarle un taco. El zapato de hoy día es el prototipo del refrán “lo botaron como zapato viejo”.

No obstante, nuestro zapatero ha tratado de diversificar su negocio trabajando en la preparación de sillas de caballo y otros artículos relacionados al cuero lo que ha mantenido vivo su taller. También mantiene una estrecha comunicación con zapateros de otros pueblos tratando de que no muera este oficio.

En los últimos años su mayor clientela eran los militares que venían al Campamento Santiago, pero un cambio en el diseño del calzado militar también afectó a las zapaterías. Antes a las botas militares se le podía cambiar los tacos pero ahora el diseño no lo permite.

En mi visita a esta zapatería logre ver la maquinaria que el zapatero moderno tiene en su taller para realizar el trabajo. Complementando la maquinaria, en la zapatería de Juan aún quedan algunas piezas de colección que todavía se utilizan. Entre ellas está la Chaveta, instrumento muy necesario para abrir la suela del zapato al que se le cambiará la misma. La Bigornia, que es un instrumento que se utilizaba encima de los muslos del zapatero para sostener el zapato y poderlo clavetear. Luego apareció una nueva versión donde a la Bigornia se le añadió un soporte que le permite al zapatero trabajar de pie. Otra de las herramientas más antiguas que el zapatero puede aun usar es la conocida como “patimula” que se utiliza para darle la terminación al borde de la suela. Hoy día se utiliza una pulidora eléctrica. En el caso de Juan tiene dos que fueron fabricadas por Don Nino Pérez por lo que deben tener sobre 70 u 80 años de construidas.

Para terminar este escrito quiero compartir una curiosidad que no he podido corroborar si con los zapateros de otros pueblos de nuestra isla ha sucedido igual. Hemos estado diciendo todo el tiempo de que el oficio del zapatero en la gran mayoría de los casos se ha establecido por tradición familiar. En Salinas en un principio fue así pero luego después de un tiempo hacia acá, las generaciones que sustituirían a estos zapateros, han decidido buscar otros horizontes y en nuestro caso en particular han incursionado en el béisbol profesional.

Ejemplo de ellos los tenemos con Don Noe Ten, sus hijos Radames e Israel firmaron como profesionales con el equipo de los Leones de Ponce, donde se destacaron en este deporte. Los hijos de Don Nino, Luis Felipe Pérez (Villalba) y Pedro Jerónimo Pérez (Nomo), fueron integrantes de los Cangrejeros del Santurce. El sobrino de Don Nino Rogelio “Titi” Pérez, jugo con Caguas y Ponce destacándose también en este deporte. En cuanto a Juan López Santiago, este dedicó parte de su vida a jugar béisbol profesional con los Indios de Mayagüez y su hijo también le dedicó un tiempo al béisbol organizado.

En cuanto a Juan López Bones, nuestro único zapatero activo, la tradición aparenta que tampoco funcionará ya que a su hijo Jonathan los Gigantes de San Francisco le están costeando sus estudios colegiales con miras a firmarlo tan pronto termine los mismos.

Como pinta este cuadro en nuestro pueblo aparentemente estamos disfrutando de los últimos años del oficio que se ha negado a morir…

© Roberto Quiñones Rivera

Herramientas usadas por los zapateros

Colección de Juan López

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Bigornia
Chaveta
Patimulas
Tenazas
Máquina de coser
Máquina de coser
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