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Conflicto en las gradas / Roberto López

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En un juego de Pelota entre los Yankee de Nueva York y los tigres de Detroit, su amigo Rafita se puso cerrero al ver que unos ancianos ocupaban sus asientos.

Empeoró la cosa cuando el acomodador llegó a plantar bandera y se alió con aquellos yankees invasores de palcos. Pretendió cambiar las sillas, como chinas por botellas, cosa que enfureció a Rafita. Agitado, rabioso y echando espuma por la boca insultó y amenazó al tipo. La escaramuza asustó a los viejitos que olvidando sus achaques fatulos, echaron sus sillas de rueda en la espalda y salieron volando.

Todavía no se habían calmado los ánimos cuando entonaron el himno nacional. Rafita, con todas las de la ley, no se quitó la gorra para rendir respeto a la bandera. Un Yankee que estaba cercano, lo tocó por el hombro y le dijo que se quitara la gorra. Rafita respondió tirando los codos violentamente, cosa que no fue del agrado de los Yankees en derredor. Las cosas se pusieron a chavito prieto pero por suerte no hubo mayores consecuencias. Entonces él compró cuatro cervezas de 16 onzas para calmar los nervios.

No había pasado una entrada de juego cuando Rafita la coge con el árbitro de tercera y le grita y lo ofende hasta más no poder. Estaba tan apasionado que se le olvidó el gallinero donde se encontraba y de las entrañas del pensamiento se le zafó un sonoro y enfático “Yankee go Home”, que a no ser por la expulsión inmediata del árbitro le hubieran tumbado la cabeza. Fue cuando se dio cuenta que la módica reyerta de Rafita, tenía que ver más con la política que con el deporte.

Comprendió lo que corría en su sangre y a pesar de la inexcusable falta de idoneidad en las cosas, le dio su apoyo. En eso llegó seguridad para escoltar a su camarada hasta los portones del estadio. Puso las cervezas en una bandeja de cartón y lo siguió para no dejarlo solo.

Pero se vio obligado a disentir y no tomar cartas en el asunto. Pensó que no era el momento oportuno, además el guardia dijo que no podía llevarse las cervezas para afuera y él no quería desperdiciarlas.

Dio la media vuelta para regresar a las gradas y le gritó a Rafita  “nos vemos en Hooters”.

En la ceremonial séptima entrada, con mucho afinque le cantó a la patria y fue expulsado del juego.

 

©Roberto López

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