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A los velagüiras de Puerta de Tierra
Si por alguna de esas causalidades de la vida me tropiezo con un Inca al doblar cualquier esquina, un poco curándome en salud y otro poquito para romper el hielo, le aclaro que no soy descendiente de Pizarro, ni me cuelgan crucifijos de las extremidades ni llevo armadura ni monto a caballo.
Después le invito a masticar unas hojas de coca y a fumarnos un Montecristo. Entretanto, le pregunto al oído, porque lo personal e íntimo debe tratarse con la debida discreción:
— ¿Cómo le hago para llegar a El Dorado?
© Josué Santiago de la Cruz

