— ¿Como acudieron a nosotros? Eran felices escondidos detrás de las montañas.
Una chica desflorada corrió por la callejuela del caserío mientras un perro sato seguía sus huellas.
—No es mi culpa fueron ustedes. —Dijo un buitre con las alas extendidas.
El dolor oculto de una flauta sonó detrás de unos zafacones como si Baco cantara victoria. Un hombre hermafrodita se lavaba las manos como Poncio Pilatos en la alcaldía y dos cuervos vestidos de azul arrastraron el cuerpo de la joven hasta el cementerio. La espiritista del barrio levantó sus manos al cielo y encendió un cigarro.
— ¡Se los dije, si hubieran seguido mis consejos esto no hubiese sucedido!
© Edwin Ferrer
