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El Chivo / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

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Era un hombre misterioso con una mirada penetrante parecida a la de un niño asombrado; y es que él era como un niño. De raza negra, alto, flaco y musculoso. Con su cabeza rapada se adelantó a la moda de los coquipelaos[1]. Le apodaban El Chivo. Su nombre subsumido en el apodo se perdió para siempre.

Vestía pantalón enrollado hasta la rodilla y camisa ancha con unos paños de colores vivos que cual bufanda le colgaban de su fuerte cuello. No usaba zapatos.

Vivía en El Arenal. Aquel barrio inmortalizado por la plena[2] de Manuel Jiménez, Canario: Yo no voy a Salinas, yo no voy a Salinas por no pasar por El Arenal. Y es que allí, además de El Chivo, habitaban los guapos, guapos del Arenal que le “tumbaban la cabeza” a cualquiera que iba a buscar jaleo al barrio.

En las noches de luna nueva, aprovechando la oscuridad, caminaba hasta la ceiba de Los Poleos, el árbol de los aguajes y apariciones, y allí a las doce de la noche, invocaba los espíritus de sus antepasados para que endurecieran su cráneo.

En las de luna llena caminaba desde su barrio por la vía del tren paralela a la carretera hasta el chucho. Se trepaba a lo más alto de la grúa y desde allí extendía sus manos hacia la reina de la noche pidiéndole protección durante las presentaciones del espectáculo.

Y es que nuestro personaje se ganaba la vida presentando un acto de alto riesgo. Tomaba una botella de cristal con su mano derecha y de un solo golpe la rompía contra su cabeza. Su testa era tan dura que no se le formaba ni un chichón ni botaba una gota de sangre.

Este espectáculo no se limitaba a su pueblo natal sino que se transportaba a otros pueblos de la isla para realizar su curiosa presentación. La gente se arremolinaba a su alrededor para ver su actuación y al final lo premiaban con un sonoro aplauso y unas cuanta monedas.

Cuentan que un día, mientras reparaba el techo de su humilde casa, dio un paso en falso y cayó de cabeza dando contra una roca. El impacto del golpe le causó una fractura múltiple en el cráneo que, irónicamente, culminó en su muerte.

 

©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 9 de febrero de 2012


[1]  Recorte de cabello a ras.

[2]  Ritmo musical autóctono de Puerto Rico.

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