Por: Víctor A. Alvarado Guzmán
Hace poco, le contaba a mi esposa Litzy que cuando mi hermana Gloria y yo éramos niños, mi papá acostumbraba a llevar a la familia a pasear, dándole la “vuelta a la mitad de Puerto Rico”. El día del paseo, nos levantábamos temprano, nos montábamos en la guagua Datsun color azul claro, llevábamos una neverita, cosas de comer y salíamos de Salinas por la ruta oeste (Ponce, Mayaguez, Arecibo, San Juan o por la este (Guayama, Maunabo, Humacao, San Juan). De ahí regresábamos a Salinas por Caguas y Cayey. El paseo nos tomaba todo el día, pues durante el camino nos deteníamos en distintos lugares a disfrutar, comer, bañarnos en playas, etc.
Otra característica de mi mamá Esperanza que he visto en ella es la entrega a su hijo Justin. Mami era de las madres que centraban su vida en sus hijos, olvidándose incluso de ella misma. A pesar de no tener grandes recursos económicos, a mi hermana y a mí nunca nos faltó nada. Nunca entendía como lo que ganaba mami trabajando en la fábrica Westinghouse (luego ABB) o cociendo en la casa, le daba para hacer tanto. Claro, mi papá, don Víctor, era maestro de inglés y aportaba su parte. Pero, la maga era mami. Y lo más importante que nunca nos faltó fue su protección y amor. Cuando veo a mi hermana Gloria demostrando su amor a su hijo, llevándolo y buscándolo a la escuela, jugando con él o incluso tratando de corregirle algo, veo a mami.
Aún siento la tristeza que vivimos Gloria y yo cuando, un médico de la Sala de Emergencia en el Hospital San Cristobal, nos dijo que mami estaba bien mal y que posiblemente no le quedaba mucho tiempo de vida. Nos sentimos tan desamparados en ese momento. Nos salimos a una salita solitaria que había y allí lloramos los dos desconsoladamente. Es la peor noticia que nos han dado en nuestra vida. Allí, en la soledad de aquel lugar, mi hermana y yo volvimos a ser niños. Esta vez, ambos nos consolamos y protegimos. En algún momento llegamos a pensar que ese médico se había equivocado, pero mami sólo duró 9 días más.
Nunca entenderé por qué Gloria se dormía en la Datsun de papí, sólo comía “hamburger plain” o se llevaba mis camisas. Pero, sí entendí por qué fue necesario que esa noche, cuando nos dieron la peor noticia de nuestra vida, estábamos solos. Dios quiso tenernos juntos y comenzar a cerrar los dos el capítulo de la vida física de mami en nuestra existencia.
Ahora, sólo nos falta entender que la Esperanza no muere y que aún recibiremos golpes en la vida, que únicamente podremos aguantar recibiendo el amor de mami, a través del amor de hermanos.
—
Publicado originalmente en El Patriota del Sur el 7/25/2012

