La bohemia es un acto de liberación. Cantar, recitar, bromear y conversar dándose unos traguitos, justo cuando la mayoría duerme, desafía rutinas y convencionalismo, causa satisfacción y liberara. Solazarse de esa manera, es un acto tan antiguo como Adán y Eva. Una mezcla de seducción y jodedera parece ser el motivo psicológico para incumplir con lo cotidiano y rendirle culto a la trasnochaera. Trasnochar no es otra cosa que un insomnio premeditado para no rendir un segundo de la existencia en la muerte del sueño.
Esta fotografía me recuerda cuando arrimaba mis oídos a la aventura nocturnal de bohemios como Toñito Ferrer, Carlitos Santiago, Dante Rodríguez, y los hermanos Wampo y Julín Jiménez. El ritual de los trasnochadores lo alimentaba algún motivo fiestero o simplemente un encuentro en alguna de las barras nocturnas. Un repertorio de hermosas canciones salpicado de con la chispa humorística, el verso dramático y la conversación chispeante eran pasaporte seguro para interrumpirle el sueño a otros, terminar cerrando un bar nocturno, o simplemente deambular por la calles hasta llegar a uno de esos cafetines de plaza de Mercado que abre de madrugada.
Observe la imagen que recoge esta fotografía y recree con ellas las muchas horas de fiesta, bohemia y jangueo que guarda en la memoria.
srs
Foto proporcionada por Abraham Santiago

