Le dijo adiós para siempre a la mitad de su vida, mas no era preciso que por el ombligo, torso y extremidades se dividieran con un simple adiós. Todo iba en ascendencia hasta que rozó el cielo en medio de la tempestad. Cruzó el mundo como ave de paso mientras vandalizaban el hospital donde nació. Unos albañiles en forma de viento rescataban la mano de un ahogado. Un ciego oyó un grito de una prostituta que llegó herida desde un bar del barrio Borinquen.
— ¡Avísale cuando se le olvide cruzar el río Niguas!
©Edwin Ferrer

