En las escrituras hay una frase que dice «Dios obra por senderos misteriosos»
Cuando yo era un muchacho en Talas Viejas, una de las hijas de don Rafa Santiago y doña Tomasa Chupany, creo que la mayor, casó con un joven médico Salinense al que todos llamaban Rafa. Su verdadero nombre era Carlos Rafael Rodríguez González y sus padres vivían frente a la Escuela Superior Luis Muñoz Rivera, para entonces uno de los mejores sectores del pueblo, por su ubicación y por la calidad de las residencias allí erigidas.
Demás está decir que pertenecíamos a diferente grupo generacional por lo que nunca, que recuerde yo, crucé ni un monosílabo con él, ni con su esposa, a pesar de que ella y yo éramos vecinos en el mismo barrio.
Ella, ahora recuerdo, era enfermera graduada. Ambos murieron ya y nunca procrearon.
A él lo recuerdo como un hombre blanco, de tamaño normal, ancho de hombros, robusto y de aspecto distinguido. Se le veía al vuelo que era hombre inteligente, al que le gustaba la buena vida y los espacios marinos. Eso lo recuerdo porque lo vi varias veces vestido con atuendo de marinero, con gorra de capitán de navío, aunque no se si tuvo alguna vez embarcación.
Recuerdo que era muy querido y respetado en Talas Viejas, mi barrio. Casi nadie lo llamaba por su título. Era médico y hasta, creo, llegó a dirigir un departamento de medicina en un prestigioso hospital capitalino. Todos se referían a él por su nombre recortado: Rafa.
Eso me hace pensar que era hombre afable, accesible y bueno.
Doña Tomasa vivía con sus hijas y un solo hijo (Rafael, a quien también llamaba Rafa) y con su madre (Doña María), que era comadrona.
Tenía, doña Tomasa, un jardín detrás de su casa, colindando con el callejón que llevaba a mi casa, en lo profundo de Talas Viejas, y fue allí donde Rafa, el Dr. Rodríguez, esposo de la hija mayor de doña Tomasa y don Rafa Santiago, hizo un hoyo que llenó con una sustancia semejando al lodo, para usarlo como vivero de carnada para pesca.
Eso lo se porque, mis amiguitos de Talas Viejas y yo, mirábamos por entre los agujeros de la empalizada de gallina mientras ellos alimentaban el vivero y les escuchábamos decir qué tiempo, más o menos, les tomarían a las culebras para alcanzar tamaño normal.
Para aquellos años yo era un cabeciduro al que no le entraban las lecciones de la escuela por lo que aprendí a leer tarde. En otras palabras, era más bruto que Brutus el que mató a César. Así que la lectura no entraba dentro de mis gustos y la literatura era algo menos que inexistente en mi universo. Pero me la pasaba soñando despierto.
Con el tiempo la vida me marcó un rumbo diferente, se secó el vivero y el Dr. Rodríguez pasó a la otra vida, pero no sin antes publicar una edición limitada, no creo que existan más de 5 ejemplares, de los que yo obtuve uno de manera misteriosa, de un Poemario al que tituló «Navegante del aire sin retorno»
Ese poemario fue el rastro que aquel hombre con quien nunca hablé ni él, hasta donde se, me dirigió ni un solo pensamiento, dejó para que yo lo encontrara en un momento como el que ahora estamos todos atravesando para rescatarle de un olvido seguro.
«Dios obra por senderos misteriosos» Esa es una verdad ecuménica, tan grande y majestuosa, como grande y majestuoso es el universo que nos cobija. Yo lo creo así.
¿Quién iba a pensar, en aquellos años de mi niñez en Talas Viejas y mi adolescencia en Salinas, que hoy estaría desenterrando al Dr. Rodríguez, a Rafa, de las profundidades de aquel vivero para que su nombre alcanzara la resonancia que ayer no tuvo, siendo, como fue, un poeta de alto vuelo.
Ese poemario hermoso que misteriosamente llegó a mis manos lo publico durante uno de sus muchos viajes a la Madre Patria (a Madrid), donde cursó su carrera de medicina y se lo dedicó, con puño y letra, a su único hermano (Eulogio), también fallecido ya, de la manera que sigue:
«A mi hermano Eulogio, buscador asiduo de músicas subterráneas»
Cuando se es poeta, no basta con serlo, hay que parecerlo. Y nuestro Marinero del Aire, hasta en la dedicatoria de su obra deja ver lo que es.
Abajo les paso uno de sus poemas (Seguimos desenterrando nuestros autores olvidados):
Canción del marino sin retorno
Marinero sin estrella.
Bajo el aire, bajo el cielo.
Ayer y de madrugada
Se fue cantando en silencio.
Verde locura, el espejismo
Trenzado en su derrotero.
El viento lo empuja al mar
Con su canción rota hacia adentro.
Vago rumor de puertos
La noche canta en el agua,
Pero en sus redes de espuma
Lo tiene cazado el viento.
Y esta noche su velero
El mar lo amarró a una estrella
Con cabos de rebeldía
Al socaire de un lucero.
© Carlos R. Rodríguez González
Estoy MUY impresionado con la delicadeza del verso del Dr. Rodríguez. Con su ritmo y musicalidad. Un verso íntimo, delicado, de muy buen gusto poético y muy fino. Se respira brisa marina, algas. Distancia, como si su mano no alcanzara a tocar el objeto que le inspira. Sin duda un poeta culto, muy culto, que sabe enhebrar, como el buen pescador sabe tejer sus redes, sus ideas de manera que cumplan con uno de los requisitos fundamentales del poema y la microficción: sugerir más de lo que se dice, porque en poesía, como en los microrelatos, menos es más.
Con los poemas de Rafa, casi me estoy tomando la libertad de tutearlo postmortem, estoy como el descubridor que encuentra un territorio virgen, limpio de los contaminantes que se perciben en el mundo habitado.
Ahí les dejo otra muestra de su arte:
Poema para comenzar un libro
Este poema es tuyo.
Lo escribí una noche
evocando tu recuerdo.
Fuera del tiempo quizás
en la tortura de mis ansias.
En el azul de las cosas sonadas
sin origen ni recuerdos.
Para que tu lo leyeras
pasado el tiempo,
sobre la huella perdida
donde muere mi esperanza,
donde nace tu silencio.
© Carlos R. Rodríguez González
Se ve el mar en cada verso y no creo que sea de extrañar si reconocemos la procedencia del autor. Viene de un pueblo y de una época donde la industria azucarera y la pesca eran modos de subsistencia para la población.
Salinas es pueblo costero por lo que a donde quiera que uno tire la mirada ha de encontrar evidencia de eso.
Cuna del Mojo Isleño, se dice que no hay mejor marisco en toda la Isla, que el se extrae en nuestra costa ni mejor pescado que el nuestro. Es por eso, intuyo, que la brisa marina, el tema marino, y todo lo que tiene que ver con la navegación, juegue un papel protagónico en los versos de Rafa, nuestro Poeta del mar. Nuestro Navegante del aire. Nuestro Capitán.
Ahí les dejo otro de su fina inspiración:
Rencor marino
Ola rota vendrás a mi playa
hastiada de todos los mares.
Sucia de otras arenas
mancillada por otras naves.
Roto el tocado de espuma
que cubre tu fatua imagen.
Trizada en los rompeolas
venteada en los huracanes.
Desnuda de fantasías
rodando en los arenales.
Y no lograras asirte
al recuerdo ni al ayer,
ni a la cana de un timón
ni al estar de un bauprés.
Y así has de llegar mansamente
rebasando las rompientes
hasta vararte a mis pies.
© Carlos R. Rodríguez González
