por Aguedo Santiago Cruz
Las mujeres y los niños se arrodillaban en las calles pidiendo protección al Todopoderoso; pero el climax fue cuando el mar se retiró de sus márgenes hasta “El Cayo”, arrecifes que hoy podemos ver dentro del mar como a dos o más millas de distancia de la orilla.
Cuando el mar se retiro así, toda esa parte de su lecho descubierta quedó seca y muchos peces quedaron saltando. Los moradores de las playas corrían presurosos a recogerlos, a pesar del sorprendente y aterrador espectáculo. Pero tiempo después del regreso por la impetuosidad de las olas, quedaron cubiertas de agua toda nuestra llanura hasta la base de nuestras montañas.
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Este texto es un fragmento del artículo Salinas al través de cien años publicado el 6 de septiembre de 1941 en el Puerto Rico Ilustrado.

