por Edwin Ferrer
Una pocilga que se parece a una quimera.
Un cuartito verdaderamente espiritual, cuyo ambiente está lleno de olores de alcanfor e incienso.
Allí Guango toma un aire de suspiros por el alza del arroz y las habichuelas. Es algo terrenal, la pobreza y la esperanza; un sueño de un mejor mañana, entre el cementerio y el techo.
A la vecindad, ninguna caravana se acerca, tampoco ninguno de los tres partidos; porque el voto no cuenta para el que no tiene ni aporta nada. Todo aquí tiene la suficiente honradez y la deliciosa armonía de la pobreza.
Aquí el alcanfor y el incienso son fragancias que se mezcla con el sol ardiente de una realidad metafísica, donde las promesas duermen y el espíritu se endurece por la indiferencia política y el rechazo de la religión.
©Kaminero

