Celso Martínez ha partido a morar con el Señor. Servidor público. Servidor de su gente y de su pueblo. Sobre todo, servidor de Dios y de su parroquia, Nuestra Señora de la Monserrate.
Se pueden recordar anécdotas jocosas y muy buenas sobre ti.
Padre tierno. Esposo amoroso. Trabajador incansable. Vecino y amigo dedicado. Como nos deleitaste con tu sonrisa y tu prontitud a la ayuda de quien fuera que te la pidiera. Contribuiste con todos sin esperar nada a cambio. Usaste tus talentos y los multiplicaste al 100%.
Y qué decir de tus platos exquisitos. Fuiste especial, buen anfitrión – querido compadre y segundo papa! ¡Te vamos a extrañar mucho, caray! ¡Todo fue tan rápido! ¡Te fuiste muy pronto!
Aprendimos de ti a ver la vida con miras a ayudar y a gozarnos – NO importando la prueba. Por Fe, sabemos que nos vamos a encontrar. ¿Cómo te habrán recibido nuestros seres queridos ya idos? ¡Qué lindo será ese reencuentro familiar y salinense!
Estarás gozándotelos y ellos a ti! Así hay que verlo, querido Celso. Somos simples pasajeros en esta tierra. La meta que nos espera, ya tú llegaste a ella. Allá nos esperas y que clase fiesta vamos a formar! Pero, aquí quedamos haciendo lo que corresponde hacer. Ya tu cumpliste y estarás feliz y descansando en paz. ¡Celebramos tu vida!
por Eileen P. Santiago Soto y María del R. Ibarra Hernández


