Te pregunto ¿de qué quieres,
de tu vida, de la mía,
de tus sueños nacidos, de los perdidos,
de lo que fuimos un día?
¿De primaverales rosicleres, de soles
veraniegos, de matinal lluvia
profunda cuando mi conciencia
era tuya y aún lo desconocías?
¿Del fuego interior que nos unió
en el camino, de tus sentires vagos,
de los galopantes míos?
¿De lo que logramos, de lo que perdimos
en la inmensa corriente de la existencia?
¿De cosas sin mencionar lo nuestro,
de la patria o de alguna otra agonía,
de los hijos que se van más de lo que vuelven,
del mar, por ejemplo?
¿Sí, del mar?, pues hablemos de bogar
como una vez bajo luna plateada
en el idílico vaivén de las olas…. ¡ensueños!
y luego…. ¡miseria!,
un puerto de luces agónicas
mirando perderse un amor grande,
ya mediano, ya pequeño
como el navío que se aleja
en un adiós sin regreso.
Carlos Román Ramírez

