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Algo en torno a la novena a Nuestra Señora de la Monserrate en Salinas

por Sergio A. Rodriguez Sosa

Por lo general, el parto en la mujer ocurre durante el noveno mes de embarazo. Aun antes de que existieran los calendarios, ese tiempo de paciente y arriesgada espera alimentaba la incertidumbre y los temores de los primitivos humanos. El tropiezo con los misterios de la vida pronto dio paso a creencias y cultos practicados para lidiar con los incomprensibles poderes superiores. Como parte de este fenómeno, el misterio del nacimiento cobró centralidad en el cuerpo de creencias de todas las culturas humanas. En torno al embarazo y al parto, preludio del nacimiento, los pueblos desarrollaron prácticas y simbolismos cuya influencia subyace en las culturas actuales.

Por ejemplo, en las prácticas populares de los antiguos cristianos prevaleció la costumbre ancestral —continuada por griegos y romanos— de rendir culto a alguna divinidad durante nueve ocasiones consecutivas. Tal costumbre se realizaba con la idea de celebrar algún acontecimiento, orar por los difuntos u obtener algún favor. Esta práctica es el origen de lo que hoy se conoce como novena, término que deriva de nueve.

Para los cristianos, esta costumbre ancestral encontró justificación bíblica en la novena hora de oración especial que se efectuaba en las sinagogas y que continuó en la Iglesia Católica como la hora nona, la hora en que murió Jesucristo. También se relaciona con los nueve días que pasaron orando los discípulos y María antes de Pentecostés (Hechos 1, 14).

Posteriormente, en Europa se realizaban novenas en preparación a la celebración del nacimiento de Jesús, con el fin de recordar los nueve meses de embarazo de María. Pronto se popularizó en la devoción cristiana la celebración de novenas de preparación, en especial las que anticipaban las fiestas patronales en las parroquias.

En Salinas, desde 1854 se celebra la Novena a la Virgen de Monserrate, que comienza el 31 de agosto y culmina el 8 de septiembre de cada año. Durante esos nueve días también se celebraba la verbena, una fiesta popular que incluía música, baile, espectáculos, concursos, sorteos, comidas y bebidas.

En Puerto Rico, las verbenas asociadas al santo o virgen de una parroquia se conocen como fiestas patronales. A partir del siglo XX, estas verbenas pasaron a ser controladas por los gobiernos municipales. Los alcaldes competían entre sí buscando ganarse el título de celebrar las mejores fiestas patronales del país. Eso implicaba presentar en tarima a los grupos musicales, artistas y espectáculos más destacados del momento. Los políticos se afanaban en levantar su imagen llenando de colorido y kioscos las plazas públicas de los pueblos, y auspiciando pomposas actividades artísticas, juegos populares y máquinas.

De un tiempo a esta parte, esta y otras festividades masivas se han privatizado. Ahora, en muchos casos, forman parte del negocio de los promotores de espectáculos. Incluso, en muchos pueblos ya no se llaman fiestas patronales ni están asociadas a la novena de la advocación de una parroquia. La participación municipal se ha limitado a ser meros auspiciadores con derecho a intervenir en los actos protocolares, realizar alguna que otra actividad y aparecer en las pautas publicitarias. Así las cosas, las tradiciones y la cultura de Puerto Rico se van transformando.

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