A la memoria de Edelmiro Jose Rodríguez Sosa
EDELMIRO J. RODRÍGUEZ SOSA
28 de noviembre de 1941 – 14 de septiembre de 2026
Hoy Salinas despide a uno de sus hijos que hizo de la ciencia, el derecho, la escritura y la fe caminos distintos para servir y dejar memoria.
Edelmiro J. Rodríguez Sosa nació en Salinas el 28 de noviembre de 1941, hijo de Virgenmina “Tilita” Sosa Santiago, Junto a Dante, Carmen (Lola), Amilcar (Coco) y Sergio. Fue un estudiante destacado en las escuelas públicas de su pueblo, donde cursó toda su educación primaria y secundaria, graduadose de la Escuela Superior Luis Muñoz Rivera Los honores académicos le permitieron obtener una beca para estudiar en la Universidad de Puerto Rico, algo particularmente significativo para una familia cuya economía atravesaba momentos difíciles.
En la UPR obtuvo un bachillerato en Química y comenzó a trabajar en la Estación Experimental Agrícola, incorporándose al Laboratorio de Alimentos. Como parte del esfuerzo de aquellos años por formar científicos puertorriqueños en áreas especializadas, fue enviado a Estados Unidos, donde obtuvo en la Universidad de Maryland su preparación graduada en Ciencia y Tecnología de Alimentos.
Fue uno de los primeros tecnólogos de alimentos formados para trabajar en ese campo en Puerto Rico. Desarrolló una carrera de investigación cuyos resultados quedaron registrados en publicaciones científicas y en estudios sobre productos agrícolas y alimentos de importancia para el país.
Pero la ciencia tampoco agotó su curiosidad intelectual. Estudió Derecho en la UPR y obtuvo el Juris Doctor. En el Recinto Universitario de Mayagüez ocupó distintas responsabilidades, participó en comités institucionales y fue miembro del Senado Académico. También trabajó como asesor en la Oficina del Presidente de la UPR durante la presidencia de Fernando Agrait.
Los problemas de salud terminaron marcando otra etapa de su vida. Un fallo renal lo llevó durante años a recibir diálisis hasta que pudo ser sometido a un trasplante renal en Estados Unidos. Pero aquella experiencia no quebrantó su fe. Sin embargo, quizá la prueba más dolorosa vino después, cuando dos de sus hijos también enfrentaron fallo renal y por obra misericordiosa consiguieron someterse a trasplantes. Para un padre, ver a sus propios hijos atravesar las mismas angustias que él había conocido debió representar una prueba todavía mayor.
Años antes había vivido otro episodio que, según su propio relato, tuvo una profunda significación espiritual. Mientras intentaba levantar una antena para el radio KP4 que había regalado a su hijo mayor, Edelmirito, hizo contacto accidentalmente con un cable de alta tensión. La descarga lo dejó inconsciente y, según contaba, durante aquel estado recorrió un túnel hacia una luz divina que identificó con el paraíso y con la presencia de Cristo. Aquella experiencia quedó como parte de su testimonio personal de fe.
Su vida religiosa fue activa y comprometida. Como católico practicante, fue formador de cientos de cursillistas y de numerosos asistentes del altar. Y cuando posteriormente dos de sus hijos tuvieron que enfrentar también problemas renales y someterse a trasplantes, su fe y su confianza en Dios permanecieron firmes, así como su empeño de fortalecer los lazo familiares.
Después de jubilarse de la Universidad, regresó a Salinas y ejerció como abogado civilista. Pero tampoco entonces dejó de escribir. Publicó columnas periodísticas, reflexiones, biografías, memorias, versos y relatos, muchos de ellos dedicados a personajes, lugares y recuerdos de la Salinas que conoció desde niño. Parte de esa producción quedó recogida en su libro Fiesta en el Peligro.
Fue también directivo y colaborador del Caney de la Fama de la Cultura y el Deporte de Salinas, institución vinculada a otra de sus grandes pasiones: preservar y reconocer a los hombres y mujeres que han aportado al pueblo.
Formó familia con Nora Torregrosa Sánchez, con quien procreó a José Edelmiro, Sergio Javier y Edwin Ramón, además de nietos y bisnietos.
Edelmiro fue muchas cosas: científico, tecnólogo de alimentos, abogado, universitario y escritor. Pero quizás la mejor manera de recordarlo sea como un hombre que nunca dejó de estudiar, de escribir, de creer y de sentirse profundamente ligado a Salinas.
Hoy se va el hijo de Tilita, el hermano, el esposo, el padre y el abuelo. Se va también una voz que durante años rescató del olvido personajes y episodios de nuestro pueblo.
Descansa en paz, Edelmiro.
Que la fe que te acompañó durante toda tu vida te haya conducido finalmente, como tantas veces soñaste y contaste, hacia aquella luz en la que encontraste a Cristo.
Salinas no solamente te recordará por lo que fuiste. También te recordará por todo aquello que ayudaste a que no olvidáramos.
Sergio A. Rodríguez Sosa

