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Como una princesa vestida de turquesa bailando entre dos mares,
esperas.
al príncipe que romperá las cadenas, acariciando tus montes y besando tus
playas,
para llevarte del brazo hasta el altar y convertirte en esposa.
Dirigiendo tu barca cual diestro capitán.
Acurrucada en la arena te cubrirás de sus olas tempestuosas,
que se van y vuelven sobre ti para no dejarte sola.
Y al fin serás reina y no princesa, bailando la danza que habla de ti misma.
Entre los mismos mares que nunca te abandonan porque eres su luz, su sal, su
arena.
Entre todas las princesas antillanas,
serás tú,
la reina de belleza coronada.
Caminarás tomada de la mano de tu libertador.
Por las calles de oro y los mares de cristal.
©María del C. Guzmán

