Felicito a Félix M. Ortiz por traer a la memoria una historia que se pierde en el tiempo a no ser por artículos como Teatros y cines pueblerinos de su autoría que publica Encuentro… al Sur, precisamente con el objetivo de rescatar nuestra memoria colectiva.
Sobre el Cine Luri, que fue el primero en Salinas cabe señalar que sólo ocupaba un área entre la casa de Doña Canita y lo que fue después el Teatro San José. Ello porque el resto de la estructura era utilizada como una tienda de ropa según puedo recordar. La atendían las hermanas Amadeo: María Belén (Bebé), Toña y otra cuyo nombre no recuerdo.
El cine sentó historia en Salinas por unos episodios, que era la costumbre proyectar semanalmente, y que se llamaron The Lost City. Se dice que dichos episodios
Sobre el Teatro San José, considero apropiado señalar que era propiedad de un hermano de don Jesús que se llamaba José Monserrate Mundo, que era el Postmaster y al lado de su propia casa, en su propiedad, estaba localizado el correo. Aparenta que existía alguna competencia, no sé, pero acontece que cada cine tenía un anunciador. Carlos Campos, megáfono en mano anunciaba por las calles el cine Monserrate y por otra parte Pepe El Ciego hacía lo mismo con el Teatro San José. Era una especie de guerra fría y a veces no tan fría, porque la gente cogió de gritarle a Pepe El Ciego “¡Monserrate!” y entonces él, que tenía una voz estentórea, que se oía de un lado a otro del pueblo, sin encomendarse a nadie, tal como un altoparlante de ahora, arrancaba a maldecir con las palabras más elocuentes de moda.
Sobre Cheche Ortiz debo señalar algo curioso. Era el que proyectaba las películas y recuerdo que al actor principal de cada película se le aludía como el “muchacho de la película”, pero con el tiempo se le empezó a llamar “El Cheche de la Película”. Siempre he pensado que se decía así para referirse también a Cheche como controlador de la proyección, pues había gente ignorante que creía que Cheche era el que disponía en realidad, qué era lo que iba a pasar en la película. Creo que hasta había base para ello.
Sobre las taquilleras debo añadir a Isabel (Chan) Rivera Pérez y comentar algo sobre la gritería en el cine. Lo usual en el cine cuando la película se partía era gritar “¡Chuíto, Pillo!”. Con el correr de los años, hice una gran amistad con don Jesús y doña Lydia y comentábamos muchísimo sobre esos años. Sorprendentemente, ambos tomaron esas griterías de forma liviana y con gran comprensión de un pueblo que recién comenzaba a refinarse en sus modales. Eran los tiempos en que no se hacía fila. Las taquillas se sacaban a empujones. Conocí a Eliseo Gandures y participé de los gritos que se proferían en su nombre. Era un verdadero salvajismo.
Sobre doña Juana Marrero, recuerdo que tenía una butaca por abono adelantado, en la que nadie podía sentarse y ella iba todas las noches del año, lloviera, tronara o relampagueara. En una ocasión, una persona le tomó la butaca y no quería salirse, y ella se le sentó en la falda.
Es una pena que se perdieran, por la fuerza de los monopolios y adelantos tecnológicos, los cines de nuestros pueblos, donde tantas buenas vivencias tuvimos. Recordemos que por el escenario del Teatro Monserrate desfiló todo el talento artístico de renombre de Méjico, Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Vale mencionar a Mapy Cortés, Ramón Rivero Diplo, Cesar Concepción, Jorge Negrete, Cantinflas, Tin Tan, Marcelo, las Dolly Sisters, Tongolele, Los Cuate Castilla, Los Churumbeles de España, Tito Lara, Felipe Rodriguez y Los Antares, El Trío Vegabajeño con Fernandito Álvarez, El Tremendo Hotel, El Mago Richardini, Pedro Infante, Pedro Vargas, Alfonso Ortiz Tirado y muchos otros.
Félix: Te dejo para que recuerdes y nos cuentes la historia de la primera película en Cinemascope: The Robe.
