Tengo que seguir… con lo del Teatro Monserrate que inició Felix Ortiz Vizcarrondo con su artículo Lo teatros y cines pueblerinos.
Tuve la oportunidad de ver la construcción del Teatro Monserrate. Me refiero a la fachada. La construcción se realizó en plena Segunda Guerra Mundial. Estimo que fue entre los años de 1943 a 1945, tomando en cuenta que nací en 1940. No obstante mi tierna edad, es sorprendente la cantidad de asuntos sustantivos de los que me acuerdo sobre ese borrascoso periodo. Lo cierto es que para esa época, mi madre era dueña de una casa de madera que estaba localizada entre el edificio de su propiedad de frente a la Plaza Delicias, en que radicaba entonces la Farmacia San Carlos, de Angel Manuel Miranda y el edificio de la Farmacia Lugo, de Pedro Regalado Lugo. La puerta de entrada daba exacta y directamente a la sala de la casa. En la mismísima entrada, mi madre tenía ubicado un sillón, desde donde se divisaba la barbería de Tomás y toda la acera hasta el área del Teatro. Mi madre acostumbraba dormirme en ese sillón. Me cogía en la falda y comenzaba a cantarme canciones de cuna y a tararear unas nanas de su inspiración, que aún perduran en mi mente y relevantemente recuerdo su voz de soprano con una ricura cristalina entonar la canción Amapola.
El asunto está en que al centro de la casa había una ventana por la que, tanto yo como mis hermanos que habían nacido ya, nos asomábamos a ver la vida discurrir. Esa ventana fue una verdadera universidad para mí. Desde ese privilegiado lugar pude presenciar los más diversos sucesos y entrar en contacto con la realidad de la vida a una muy temprana edad. Entre esos sucesos está la construcción a que me refiero. El Teatro
Sobre los tres timbres debo señalar que eran como un reloj. El timbre tenía una sonoridad muy grata al oído, pues aun cuando su sonido era bien alto, llegaba hasta la Iglesia de forma tenue y se esparcía por toda la plaza de recreo en señal de invitación afectiva y con gran aceptación. Eran tres toques, como dice Félix. Otra cosa era el aterrorizante sonido de la sirena de los bomberos. Se usaba durante la guerra para anunciar que había que apagar todas las luces ya que se hablaba de un inminente ataque por parte de un submarino alemán que estaba rondando por las costas de la isla. Era el famoso “blackout” militar.
Dante A. Rodríguez Sosa
