La sábana me abraza, la almohada me susurra: no te vayas. La brisa me arropa y los pajaritos me cantan. Sólo el aroma del café que se enreda en mi
La mesa está puesta: los besos servidos flameados en pasión. Aromas de canela en el pecho que late al mismo compás del mío. Brazos con manos inquietas cubren mi hambre de caricias tiernas.
No le voy a decir…que mi cuerpo se doblega a su deseo y mi alma se eleva en éxtasis.
No le voy a decir…que su olor me llena, que su mirada me enciende, que al tacto me derrito y que abrazada a él pierdo la conciencia…No le voy a decir…que en mi vientre florece la vida. No le voy a decir…que su nombre está escrito en mi piel.
Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, ésta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y si haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive sueña
lo que es, hasta despertar.
Nunca le dije. Calló el río, se marchito la flor que guardé en mi seno y se apagó la luz del alba. Mi nombre en primera plana: “Deambulante y drogadicta apuñaleada”. Ahora sólo me arropan tus versos.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
(Versos de Pedro Calderón de la Barca ,1600-1681)
© Marinin Torregrosa Sánchez

