Lo más difícil de nuestro trabajo no es, dejarlo todo atrás. Por penoso que sea dejar a nuestros seres queridos por largos e interminables días y meses no es lo más difícil, ellos se acostumbran y aprenden a ser independientes y nosotros estamos tan ocupados que el tiempo no nos da para preocuparnos.
Un día cualquiera, nos llama un funcionario de más alta jerarquía y nos indica que debemos reportarnos a tal o cual lugar. Luego debemos llamar a una agencia previamente designada para hacer nuestras reservaciones: de vuelo, alquiler de auto y hotel. Transitadas esas peripecias llegamos al lugar indicado y comenzamos el trabajo de ayudar a los damnificados en la recuperación de sus vidas. Nos encontramos con todo tipo de personas: los que piensan que nosotros tenemos la culpa de su desgracia; los que están muy agradecidos por la ayuda recibida; los que no importa cuánto dinero reciban, nunca están satisfechos y los que simplemente quieren dinero aunque no hayan perdido nada en absoluto.
Lidiar con ellos, tampoco es lo más difícil en nuestro quehacer diario, ya que los afectados, no importa su condición social, raza o color, son lo más importante en nuestra vida durante el tiempo que permanecemos en un lugar golpeado por un desastre.
Nuestros días laborables durante el comienzo de un desastre son de doce horas diarias los siete días de la semana, lo que solo nos deja tiempo para comer y dormir algunas seis u ocho horas. Nuestro trabajo no se hace tan delicado, aunque los primeros días se duerme mal y se come peor. Hemos estado en lugares donde no hemos visto los rayos del sol por varias semanas, dependiendo de la magnitud del desastre.
Llegamos al lugar del desastre designado para ejercer nuestras tareas. Conocemos personas nuevas o nos reunimos con antiguos compañeros de trabajo a quienes no hemos visto en años. Convivimos por varios meses y cuando el trabajo comienza a disminuir, comenzamos a decir adiós. Despedirnos de una persona con la que hemos compartido durante meses y que quizás nunca volvamos a ver porque no coincidimos en los mismos desastres, porque dejan la agencia para dedicarse a otros menesteres o porque enferman y hasta mueren sin que nos enteremos, eso es lo más difícil.
©María del C. Guzmán
