Se me perdió tu amor en el ruedo de mi falda
y el piropo se quedó en el arete que ya no uso.
Tu perfume lo enjuagué en el mar
una tarde en el horizonte de mi playa singular.
El sabor de tu piel se borró con la fruta del pecado.
¿De qué te quejas si tu indiferencia me hizo invisible?
Supliqué caricias, migajas de tu deseo carnal.
Siempre en la sombra. En la sumisa espera
del beso apasionado y la erupción del volcán.
Por eso te digo que este amor es mío y lo guardo en mi bolsillo
para quien yo quiera amar…
Si te amé, ya no me acuerdo.
Si me quisiste, pues me da igual.
Tu silencio me habló de aventuras ocultas,
pero nunca de gritar por pasión.
A la luz del día: amigos camaradas
y en la noche amantes de “un tal vez”.
Amor no correspondido
hoy empacas conmigo otra vez.
A dormir entre mi pecho y mi sien.
Quien te merezca, si llega algún día,
que te busque y te gane;
y si no, ahí te guardaré bien.
© Marinin Torregrosa Sánchez

