Abrí sigilosamente la puerta y su chirrido me paró los pelos. Casi no veía. Era cerca de la media noche, hora de brujas, dragones, jorobados y serpientes. Había una mezcla de olores fuertes en el ambiente que ni siquiera la brisa al bailar en las cortinas se podía llevar. Incienso, humedad, sudor y la nueva fragancia de JLo.
Tropiezo con algo y caigo en un lío de ropa sucia. Trato de levantarme rápidamente y al apoyar mi mano en el piso se me embarra de una crema con olor a cacao. Me limpio y doy otro paso con cautela, temiendo que salga alguna criatura extraña. No hay un lugar por donde pueda caminar segura. Sentí una punzada en mi pie y brinqué del susto. Eran sólo unos zapatos de tacos, apuntando al techo. Finalmente llegué a la ¿cama? Me senté sobre los botones del secador de pelo y aquello por poco me quema el…cuello. La luz tenue de la luna se colaba por la ventana. En las paredes se pintaban sombras indescifrables. Hacía mucho frío, quise cerrar una ventana y un gancho de ropa brinco a atacarme. Los collares, los aretes, sombreros y carteras, los trapos volando con la ventolera, todo el revolú del cuarto me agobiaba.
-¡Aauuuu! ¡Auuu! !Aauuuu! !Auuu!-se escuchó de adentro del closet.
-¡Auuu! ¡Auuu! ¡Auuu! ¡Auu!-
Era como un perro aullando, ¿Dios Mío, qué hago? Alguien viene, oigo voces…
—¡Mami! ¿Qué buscas en mi cuarto?—me sorprendió pálida y sin argumento con su celular en la mano, todavía aullando.