¿Acaso el hombre ha provocado tu ira?
Te llama Madre pero cuan ingrato,
Destruye lo que le has dado:
Hiere tus cimientos; Amuralla tus fronteras;
Convierte las sendas antiguas en capitales de hierro;
Contamina tus mares con aromas petroleras,
Y en tus bosques,
Sólo sombras truncadas quedan.
¿Es la razón porque tiemblas?
¿Te rebelas?
¿O pretendes recordarle una verdad sempiterna?
¿Estremeces tus raíces para volver a ordenarlas?
¿Adviertes que no eres dueña de ti misma?
¿O simplemente tiemblas ante el sufrimiento incesante
De los pocos nobles que en ti quedan?
¿Seguirás temblando, tierra?
Hasta que reconozcan que fue la mano de Dios mismo
La que sopló aliento de vida y le creó del polvo de tus entrañas,
Y allí, algún día dormirá.
¿Temblando rejuveneces?
Tiembla pues, hasta que quede sólo el recuerdo,
Del progreso que consume al pobre en su miseria,
Y esclaviza al poderoso en su riqueza.
Gracias, bendita tierra,
©María del C. Guzmán
