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Reencuentro / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

Ayer, que te paseabas

con tu cimbreante cuerpo

por las calles de Salinas

cual guajana azotada por el viento.

  

Ayer, que en tus años juveniles

despreciabas mi cariño

y me desechaste cual basura pestilente

arrojada al vertedero. 

 

Yo, en mi locura de amor, 

vi como tu primavera derrochabas

malgastando tus encantos

en los burdos placeres de la vida. 

 

Yo insistía porque estaba enamorado

aunque repetías los desprecios,

tu mirada flagelante

hería mis íntimos sentimientos

y ya no pude soportar tu menosprecio.

 

Me alejé,

partí a una ciudad desconocida

y aunque nunca te olvidé,

aliviaron mis angustias

el trabajo, la distancia,

y una buena mujer. 

 

De mi juventud,

solo queda el recuerdo lejano

 de la vida en mi pueblo chico,

los amigos de antaño,

la gente y las tertulias cotidianas,

los bailes, las historias pueblerinas

y tú, la hembra de mis sueños juveniles.

 

El tiempo transcurrió inexorablemente

y hoy cargado de años

regreso a mi nativo lar,

que atesoro en mis entrañas,

hoy vuelvo al Salinas

del que nunca partí completamente.

 

Reviviendo mis años mozos

recorro los lugares

que en mi adolescencia dejaron

huellas indelebles

alegrías y tristeza.

 

Te busco,

no con el ímpetu de entonces,

esta vez solo para verte.

 

Caminando por la calle Monserrate

pregunto a una anciana solitaria

por aquella que me despreció altaneramente,

ella me miró fijamente,

fue una mirada extraña y profunda,

su rostro se llenó de tristeza y de amargura,

no pronunció palabra,

me dio la espalda y encorvada

prosiguió su camino calle arriba.

 

©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 19 de marzo de 2010

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