{"id":11181,"date":"2010-06-20T20:46:14","date_gmt":"2010-06-21T00:46:14","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=11181"},"modified":"2010-06-20T20:46:14","modified_gmt":"2010-06-21T00:46:14","slug":"desquite-muestra-del-genio-literario-de-jose-saramago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=11181","title":{"rendered":"Desquite \/ muestra del genio literario de Jos\u00e9 Saramago"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11183\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=11183\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/jose-saramago-casi-un-objeto.jpg?fit=75%2C120&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"75,120\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Jos\u00e9 Saramago Casi un objeto\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/jose-saramago-casi-un-objeto.jpg?fit=75%2C120&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/jose-saramago-casi-un-objeto.jpg?fit=75%2C120&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-full wp-image-11183\" title=\"Jos\u00e9 Saramago Casi un objeto\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/jose-saramago-casi-un-objeto.jpg?resize=75%2C120\" alt=\"\" width=\"75\" height=\"120\" \/>El muchacho ven\u00eda del r\u00edo. Descalzo, con los pantalones arremangados por encima de las rodillas, las piernas sucias de lodo. Vest\u00eda una camisa roja, abierta en el pecho, donde los primeros vellos de la pubertad empezaban a ennegrecer. Ten\u00eda el pelo oscuro, mojado por el sudor que le escurr\u00eda por el cuello delgado. Se inclinaba un poco hacia delante, bajo el peso de los largos remos, de los que pend\u00edan hilos verdes de limos a\u00fan goteantes. El barco qued\u00f3 balance\u00e1ndose en el agua turbia y, all\u00ed cerca, como si lo espiasen, afloraron de repente los ojos globulosos de una rana. El muchacho la mir\u00f3, y ella le mir\u00f3. Despu\u00e9s la rana hizo un movimiento brusco y desapareci\u00f3. Un minuto m\u00e1s y la superficie del r\u00edo qued\u00f3 lisa y tranquila, y brillante como los ojos del muchacho. La respiraci\u00f3n del limo desprend\u00eda lentas y muelles burbujas de gas que la corriente arrastraba. En el calor espeso de la tarde los chopos altos vibraban silenciosamente y, de golpe, flor r\u00e1pida que naciese del aire, un ave azul pas\u00f3 rasando el agua. El muchacho levant\u00f3 la cabeza. Desde el otro lado del r\u00edo una muchacha le miraba, inm\u00f3vil. El muchacho levant\u00f3 la mano libre y todo su cuerpo dibuj\u00f3 el gesto de una palabra que no se oy\u00f3. El r\u00edo flu\u00eda, lento.<\/p>\n<p>\u00a0El muchacho subi\u00f3 la ladera, sin mirar atr\u00e1s. La hierba se acababa all\u00ed mismo. Hacia arriba, hacia all\u00e1, el sol calcinaba los terrones de los barbechos y los olivares cenicientos. Met\u00e1lica, dur\u00edsima, una cigarra ro\u00eda el silencio. En la distancia la atm\u00f3sfera temblaba.<\/p>\n<p>La casa era baja, achaparrada, bru\u00f1ida de cal, con una franja de ocre violento. Un lienzo de pared ciega, sin ventanas, una puerta en la que se abr\u00eda un postigo. En el interior el suelo de barro refrescaba los pies. El muchacho apoy\u00f3 los remos, se limpi\u00f3 el sudor con el antebrazo. Se qued\u00f3 quieto, escuchando los golpes del coraz\u00f3n, el pausado brotar del sudor que se renovaba en la piel. Estuvo as\u00ed unos minutos, sin conciencia de los rumores que ven\u00edan de la parte de detr\u00e1s de la casa y que se transformaron, de s\u00fabito, en ga\u00f1idos lancinantes y gratuitos: la protesta de un cerdo atado. Cuando, por fin, empez\u00f3 a moverse, el grito del animal, esta vez herido e insultado, le golpe\u00f3 en los o\u00eddos. Y en seguida oy\u00f3 otros gritos, agudos, rabiosos, una s\u00faplica desesperada, una llamada que no espera socorro.<\/p>\n<p>Corri\u00f3 hacia el patio, pero no pas\u00f3 del umbral de la puerta. Dos hombres y una mujer sujetaban al cerdo. Otro hombre, con un cuchillo ensangrentado, le abr\u00eda un tajo vertical en el escroto. En la paja brillaba ya un \u00f3valo achatado, rojo. El cerdo temblaba entero, lanzaba gritos entre las quijadas que apretaba una cuerda. La herida se alarg\u00f3, el test\u00edculo apareci\u00f3, lechoso y rayado de sangre, los dedos del hombre se introdujeron en la abertura, tiraron, retorcieron, arrancaron. La mujer ten\u00eda el rostro p\u00e1lido y crispado. Desataron al cerdo, le liberaron el hocico y uno de los hombres se agach\u00f3 y cogi\u00f3 las dos piezas, gruesas y suaves. El animal dio una vuelta, perplejo, y se qued\u00f3 con la cabeza baja, respirando con dificultad. Entonces el hombre se los tir\u00f3. El cerdo los mordi\u00f3, mastic\u00f3 ansioso, trag\u00f3. La mujer dijo algunas palabras y los hombres se encogieron de hombros. Uno de ellos se ri\u00f3. Fue en ese momento cuando vieron al muchacho en el umbral de la puerta. Se quedaron todos callados y, como si fuese la \u00fanica cosa que pudiesen hacer en aquel momento, se pusieron a mirar al animal, que se hab\u00eda echado en la paja, suspirando, con el hocico sucio de su propia sangre.<\/p>\n<p>El muchacho volvi\u00f3 al interior. Llen\u00f3 un puchero y bebi\u00f3, dejando que el agua le corriese por las comisuras de la boca, por el cuello, hasta el vello del pecho que se volvi\u00f3 m\u00e1s oscuro. Mientras beb\u00eda miraba fuera las dos manchas rojas sobre la paja. Despu\u00e9s, con un movimiento de cansancio, volvi\u00f3 a salir de la casa, atraves\u00f3 el olivar otra vez bajo el bochorno del sol. El polvo le quemaba los pies y \u00e9l, sin darse cuenta, los encog\u00eda para huir del contacto escaldante. La misma cigarra rechinaba en tono m\u00e1s sordo. Despu\u00e9s la ladera, la hierba con su olor a savia caliente, la frescura atontadora debajo de las ramas, el lodo que se insin\u00faa entre los dedos de los pies e irrumpe por arriba.<\/p>\n<p>El muchacho se qued\u00f3 quieto, mirando el r\u00edo. Sobre un afloramiento de limo, una rana, parda como la primera, con los ojos redondos bajo las arcadas salientes, parec\u00eda estar esperando. La piel blanca del buche palpitaba. La boca cerrada formaba un pliegue de escarnio. Pas\u00f3 un tiempo y ni la rana ni el muchacho se mov\u00edan. Entonces \u00e9l, desviando con dificultad los ojos, como para huir de un maleficio, vio al otro lado del r\u00edo, entre las ramas bajas de los salgueros, aparecer una vez m\u00e1s a la muchacha. Y nuevamente, silencioso e inesperado, pas\u00f3 sobre el agua el rel\u00e1mpago azul.<\/p>\n<p>El muchacho se quit\u00f3 la camisa despacio. Despacio se acab\u00f3 de desvestir, y s\u00f3lo cuando ya no ten\u00eda ropa ninguna sobre el cuerpo, su desnudez, lentamente, se revel\u00f3. As\u00ed como si se estuviese curando una ceguera de s\u00ed misma. La muchacha miraba de lejos. Despu\u00e9s, con los mismos gestos lentos, se liber\u00f3 del vestido y de todo cuanto la cubr\u00eda. Desnuda sobre el fondo verde de los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>El muchacho mir\u00f3 una vez m\u00e1s el r\u00edo. El silencio se asentaba sobre la l\u00edquida piel de aquel interminable cuerpo. C\u00edrculos que se alargaban y perd\u00edan en la superficie tranquila, mostraban el lugar donde por fin la rana se hab\u00eda sumergido. Entonces el muchacho se meti\u00f3 en el agua y nad\u00f3 hacia la otra orilla, mientras el bulto blanco y desnudo de la muchacha se recog\u00eda hacia la penumbra de las ramas.<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11184\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=11184\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/jose-saramago2.jpg?fit=94%2C129&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"94,129\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Jose Saramago2\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/jose-saramago2.jpg?fit=94%2C129&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/jose-saramago2.jpg?fit=94%2C129&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-full wp-image-11184\" title=\"Jose Saramago2\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/jose-saramago2.jpg?resize=94%2C129\" alt=\"\" width=\"94\" height=\"129\" \/>Jos\u00e9 Saramago<\/p>\n<p>De libro <em>Casi un objeto<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El muchacho ven\u00eda del r\u00edo. 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