{"id":11563,"date":"2010-07-13T21:03:58","date_gmt":"2010-07-14T01:03:58","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=11563"},"modified":"2010-07-13T21:03:58","modified_gmt":"2010-07-14T01:03:58","slug":"hambre-saciada-por-gloria-gayoso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=11563","title":{"rendered":"Hambre saciada \/ por Gloria Gayoso"},"content":{"rendered":"<p>Edelmira hab\u00eda estado toda la noche pensando en que ya no hab\u00eda pan. En el maldito cuartucho<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11566\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=11566\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/panes-y-peces.jpg?fit=112%2C96&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"112,96\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"panes y peces\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/panes-y-peces.jpg?fit=112%2C96&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/panes-y-peces.jpg?fit=112%2C96&amp;ssl=1\" class=\"alignright size-full wp-image-11566\" title=\"panes y peces\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/panes-y-peces.jpg?resize=112%2C96\" alt=\"\" width=\"112\" height=\"96\" \/> de la choza indigente, no ten\u00eda Edelmira un trozo de pan para sus siete hijos. Inocencio, su esposo, se hab\u00eda ido al monte a hachar quebracho para juntar un magro jornal que nunca alcanzaba para tantas bocas. En los \u00faltimos tiempos com\u00edan por turnos, unos d\u00edas les tocaba a los varones, otros, a las ni\u00f1as. Daba pena ver los ojos desorbitados de los condenados al hambre que se estiraban sobre las m\u00ednimas raciones, esperando el d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Edelmira siempre hablaba con su vecina, que s\u00f3lo ten\u00eda cinco ni\u00f1os, pero que tambi\u00e9n hab\u00eda impuesto en su casa este r\u00e9gimen obligado de comer salteado. No ten\u00edan agua y el aseo era una aspiraci\u00f3n que siempre quedaba circunscripta a rascarse la piel, a despiojarse en las orillas de \u00e9se r\u00edo leonado y barroso que pasaba detr\u00e1s del caser\u00edo. Edelmira sab\u00eda que hab\u00eda otra forma de vivir,\u00a0 all\u00e1 en el pueblo, la gente de bien, como ella dec\u00eda, ten\u00eda casa de material y agua que sal\u00eda de unos ca\u00f1os y ca\u00eda como cascada en sus piletas.<\/p>\n<p>Ni siquiera se atrev\u00eda a so\u00f1ar con esas \u201ccomodidades\u201d, era una hembra de la especie con siete cachorros asustados y hambrientos y ella se sent\u00eda exhausta, los pechos se le arrugaban exprimidos por los dos hijos m\u00e1s peque\u00f1os que no hac\u00edan otra cosa que buscarla para vaciarla con sus dientes y dejarla por horas en un sopor de impotencia.<\/p>\n<p>Inocencio bajaba del monte a las seis o siete de la tarde, enjuto en carnes, arrastrando el machete con la poca fuerza que le quedaba. Inocencio, como su nombre lo marcaba, era inocente y buenazo, sufr\u00eda como ella con resignado estoicismo esa suerte de perro de la calle que le hab\u00eda marcado la vida. Inocencio encontr\u00f3 un d\u00eda un libro gordo sin tapa, sobre un bote de basura cerca del poblado y lo levant\u00f3 solemne sin saber, por supuesto, descifrar las letras que le bailaban ante los ojos. Lo llev\u00f3 a la cueva donde viv\u00eda con su familia y le dijo a Edelmira que lo guardara para cuando alguna de sus criaturas pudiera ir a la escuela.<\/p>\n<p>Edelmira lo mir\u00f3 l\u00e1nguida, reproch\u00e1ndole con los ojos esa inocencia suya tan optimista. Se limit\u00f3 a guardar el libro desarmado en un rinc\u00f3n de la choza.<\/p>\n<p>Toda la ma\u00f1ana estuvo intentando crear sopas con cardos del camino y unas zanahorias viejas y deshidratadas, que guardaba hac\u00eda semanas.<\/p>\n<p>De pronto, repar\u00f3 en ese libraco voluminoso y semidestru\u00eddo, lo levant\u00f3 con reverencia. Se durmi\u00f3 sobre la silla desvencijada y sali\u00f3 al descampado.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9l hombre alto y luminoso -ella nunca hab\u00eda visto luz alrededor de nadie- pasaba con una multitud a las espaldas. Edelmira se uni\u00f3 a esa caravana, pensando en que tal vez fuera un pol\u00edtico que les repartir\u00eda comestibles a cambio de votos, pero confundida se pregunt\u00f3 si no eran parte de un circo, porque su vestimenta parec\u00eda antigua.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un rato, bordearon un lago, que ella no conoc\u00eda, con aguas cristalinas y tranquilas, muy distinto al lodazal cercano. Atra\u00edda por la turba, Edelmira se vio a si misma entre una barah\u00fanda de hombres y mujeres que aclamaban al l\u00edder. Hablaban en lenguas extra\u00f1as, pero la mujer, ignorante, no alcanzaba a explicarse el hecho.<\/p>\n<p>Se sent\u00f3 junto a una joven de piel cetrina y t\u00fanica blanca, atra\u00edda por el ser luminoso que daba indicaciones a unos hombres fornidos con sandalias. Un muchacho le alcanz\u00f3 cinco panes de cebada y dos peces y ella sinti\u00f3 desde lejos c\u00f3mo su boca se llenaba de agua\u2026<\/p>\n<p>En un instante ella com\u00eda pan crocante y el pescado crudo le supo a gloria.<\/p>\n<p>Unos cestos lejanos rebosaban de alimento, \u00a1hab\u00eda panes y peces por millones!<\/p>\n<p>Panes y peces para sus siete hijos, para Inocencio, para ella, para el perro flaco que cuidaba el hueco sin puerta a la hora de la siesta.<\/p>\n<p>Entonces no lo pens\u00f3 m\u00e1s, corri\u00f3 decidida, jadeante, levant\u00f3 un cesto lleno y sigui\u00f3 corriendo alucinada con la carga preciosa.<\/p>\n<p>Hasta que la voz del compadre Indalecio la sorprendi\u00f3 con la pregunta y la sac\u00f3 del marasmo de la silla:<\/p>\n<p>&#8212; \u00a1Comaaaadre! \u00bfD\u00f3nde ha comprado tanto pan y tanto pescado? \u00bfAcaso el Inocencio se sac\u00f3 la graaande?<\/p>\n<p>Los ojos de Edelmira eran dos puntos, dos rayas luminosas y negras en sus ojos achinados, perdidos, desvariantes en una sonrisa interminable, que se dibujaba en sus desdentados dientes de toba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a9Gloria Gayoso<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edelmira hab\u00eda estado toda la noche pensando en que ya no hab\u00eda pan. 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