{"id":12954,"date":"2010-10-30T19:54:22","date_gmt":"2010-10-30T23:54:22","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=12954"},"modified":"2010-10-30T19:54:22","modified_gmt":"2010-10-30T23:54:22","slug":"el-vendedor-de-sebo-de-culebras-por-david-arce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=12954","title":{"rendered":"El vendedor de sebo de culebras \/ por David Arce"},"content":{"rendered":"<p>Doralisa Seminario se par\u00f3 junto al corro de curiosos que rodeaba al vendedor de sebo de culebras, en la puerta del reci\u00e9n inaugurado Mercado Modelo de Chulucanas. Apenas ten\u00eda doce a\u00f1os y llevaba puesto su largo camis\u00f3n hecho con tela de saquillo de yute, todav\u00eda con las letras descoloridas que alguien con buena vista pudiera ponerse a leer y saber que era de az\u00facar, az\u00facar rubia extra\u00edda de la hacienda Yapatera. Ten\u00eda el cabello recogido con una pita de c\u00e1\u00f1amo blanco y guardaba la esperanza de ver de cerca al extra\u00f1o vendedor de sebo de culebras que cada domingo iba a mostrar las novedades de las curaciones milagrosas. Nadie sab\u00eda que no llevaba ropa interior y, esta vez calzaba las sandalias prestadas de su hermana Micaela, sobr\u00e1ndole los dedos aun a fuerza de encogerlos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El vendedor de sebo de culebras era experto en el arte de usar la palabra para ir hipnotizando a la gente hasta venderles una infinidad de objetos in\u00fatiles a quienes en ese momento les parec\u00edan completamente indispensables, pero cuando llegaban a sus casas no sab\u00edan qu\u00e9 hacer con ellos, dej\u00e1ndolos por cualquier lado, descubriendo que ya ten\u00edan lo mismo, de alguna vez anterior, extra\u00f1ados por no recordar haberlos comprado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Doralisa Seminario no se dio cuenta de en qu\u00e9 momento las palabras del vendedor de sebo de culebras se deslizaron suavemente por sus o\u00eddos, reptaron hasta sus sesos y vibraron lentamente hasta dejarlos aguachentos como panza de lagartija al sol; solamente sent\u00eda que el coraz\u00f3n hac\u00eda burbujas en la boca del est\u00f3mago y la imagen n\u00edtida del vendedor de sebo de culebras la persegu\u00eda por todos lados por el resto de la semana. Le gustaba la forma en que hablaba, su boca perfecta, sus labios rojos, sus dientes blanqu\u00edsimos, la forma en que mov\u00eda las manos, c\u00f3mo dosificaba las palabras para mantener la atenci\u00f3n de la gente y, lo m\u00e1s hermoso, las miradas que le dirig\u00eda cada domingo cuando ella se abr\u00eda paso entre la multitud para sentarse en primera fila, haci\u00e9ndose la promesa de ponerle Domingo al primer hijo que tuviera.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ese domingo vio una caja diferente, tapada con una tela negra, misteriosa. Y desde el comienzo, la gente ya hab\u00eda sido avisada que adentro hab\u00eda un animal nunca antes visto en Chulucanas. Y cada vez que esto era dicho todos se retiraban asustados y as\u00ed, hasta que se olvidaban y nuevamente se acercaban a la caja negra, sin darse cuenta.<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"12961\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=12961\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/medicinas.jpg?fit=130%2C86&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"130,86\" data-comments-opened=\"1\" data-image-title=\"medicinas\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/medicinas.jpg?fit=130%2C86&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-full wp-image-12961\" title=\"medicinas\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/medicinas.jpg?resize=130%2C86\" alt=\"\" width=\"130\" height=\"86\" \/>Doralisa Seminario ya se conoc\u00eda el ritual de memoria: el vendedor de sebo de culebras ven\u00eda con un triciclo y varias cajas. Un malet\u00edn se convert\u00eda en una peque\u00f1a mesa de patas plegables como acorde\u00f3n, la cubr\u00eda con una franela verde y colocaba encima los innumerables frasquitos de remedios que curaban de todo. Bajaba las cajas y las colocaba sobre la tierra. Todas ten\u00edan huecos y se pod\u00eda ver las culebras que dorm\u00edan de aburrimiento. Entonces empezaba a hablar solo y los primeros ni\u00f1os se acercaban. Luego los campesinos, con sus alforjas sobre el hombro y con la lista de compras en la mano, lo miraban intrigados. Alguno que otro estibador descansaba de su arduo trabajo. Las mujeres calmaban a los churres asust\u00e1ndolos con las culebras. Entonces, el vendedor sacaba algunas chucher\u00edas y empezaba a repartirlas, asegurando que las estaba regalando y que no se fuera nadie porque para todos hab\u00eda. Entonces era que despertaba a una de esas culebras gordas, la sacaba de la caja entre gritos ahogados de susto y admiraci\u00f3n y se la enroscaba en el cuello para seguir hablando mientras la culebra segu\u00eda durmiendo.<\/p>\n<p>La caja permanec\u00eda cubierta por el trapo negro y la gente se arremolinaba alrededor del vendedor de sebo de culebras. Doralisa Seminario recordaba los domingos anteriores, aquel domingo cuando se qued\u00f3 con la boca abierta al mirar esa planta carn\u00edvora derramando miel y comi\u00e9ndose todas las moscas que se acercaban, hasta que al final la planta muri\u00f3 de empacho ante el suspiro de tanta gente. Y aquel otro cuando mezcl\u00f3 dos aguas y se pusieron rojas como la sangre y, para finalizar el acto, la mezcl\u00f3 con el remedio milagroso y volvi\u00f3 a ponerse el agua cristalina, as\u00ed dec\u00eda que el medicamento purificaba la sangre. Y el domingo aquel en que lleg\u00f3 armado de retortas y alambiques de vidrio, pidiendo una jarra de chicha, prendiendo un primus, mientras la gente se quedaba con la boca abierta probando el mejor aguardiente de sus vidas.<\/p>\n<p>El vendedor de sebo de culebras siempre tra\u00eda un atractivo extra, pero lo que m\u00e1s le interesaba era vender el sebo de culebras y de macanches. Ped\u00eda siempre un voluntario, le untaba toda la espalda y recog\u00eda un balde entero de agua de los pulmones del pobre hombre, que se compraba veinte latitas del linimento milagroso.<\/p>\n<p>Ese domingo era diferente: tra\u00eda un animal nunca visto en Chulucanas, encerrado en una caja misteriosa. Todav\u00eda me quedan diez latitas del ung\u00fcento milagroso que te va a quitar el agua de los pulmones, te va a arreglar el malestar del reumatismo, te va a curar esa bronquitis cr\u00f3nica. Le untas un poquito a tu bebito, a tu madrecita querida o a los ancianitos y adi\u00f3s malestares e hinchazones. Aprovecha que esta oferta es para hoy, ma\u00f1ana nunca se sabe, porque dentro de unos minutos les mostrar\u00e9 un animal que nunca han visto en Chulucanas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAlguien por all\u00ed dijo yo? Muy bien, el se\u00f1or del sombrero quiere una m\u00e1s. \u00bfAlguien m\u00e1s? Muy bien, el se\u00f1or del fondo; esp\u00e9reme que ya le alcanzo\u2026<\/p>\n<p>Ese domingo Doralisa Seminario vio en c\u00e1mara lenta c\u00f3mo el vendedor de sebo de culebras caminaba despacio hasta donde estaba la caja, jal\u00f3 despacio la tela negra, y dej\u00f3 al descubierto un simple pacazo, una iguana com\u00fan y corriente. Aunque mir\u00e1ndolo bien no era un pacazo com\u00fan y corriente: este ten\u00eda la cabeza m\u00e1s grande, como una caparaz\u00f3n, los ojos terminados en conos se mov\u00edan independientemente uno del otro, parec\u00eda virolo con anteojos, los bracitos delgados con dedos como de humanos, y una cola larga parecida a la de un mono. El vendedor de sebo de culebras dijo: \u00abtraigan esas hojas de pl\u00e1tanos\u00bb. Puso el animal encima de las hojas y todo el mundo fue testigo de su desaparici\u00f3n en segundos. Se hizo invisible delante de los ojos de todos, dejando para la imaginaci\u00f3n unos peque\u00f1os ojos que miraban para diferentes lados.<\/p>\n<p>\u2014Lo que ustedes est\u00e1n viendo, se\u00f1ores y se\u00f1oras, es un camale\u00f3n, el \u00fanico animal capaz de camuflarse con lo que lo rodea. Traigan esa franela amarilla y miren, cuenten hasta tres y \u00a1abracadabra!: ya no est\u00e1. A ver, la se\u00f1ora, que se saque la chompa azul, no se preocupe que no la va a ensuciar, gracias, ya vieron: desapareci\u00f3 el animal\u2014. Sigui\u00f3 probando con todos los colores y r\u00e1pidamente el animal desaparec\u00eda. Pero cuando alguien le alcanz\u00f3 una franela roja, el animal puj\u00f3, resopl\u00f3, cambi\u00f3 todos los colores, pero no pudo camuflarse; solamente cambi\u00f3 a un insignificante rojo tipo sanguaza. Y se le ve\u00edan claritos los ojos rosados, los bracitos, la cabeza y la cola prensil, todo de un color rojo ladrillo, pero nunca el color rojo sangre de la franela.<\/p>\n<p>Toda la gente qued\u00f3 con la boca abierta y la abrieron m\u00e1s cuando, no se supo de d\u00f3nde, el animal sac\u00f3 una lengua azul, delgada como una espada larga y atrap\u00f3 una mariposa amarilla que sobrevolaba a dos metros de distancia. Eso, en menos de un segundo, que si alguien hubiera parpadeado, no se habr\u00eda percatado. Pero como en el mercado abundaban las moscas, el camale\u00f3n empez\u00f3 a demostrar su destreza para cazarlas y todos quedaron maravillados ante ese extra\u00f1o animal. Lanzaron una carcajada cuando el camale\u00f3n, lleno de tanta mosca, lanz\u00f3 un eructo y se ech\u00f3 a dormir, olvid\u00e1ndose de los colores, quedando de un gris simple y anodino como la tierra, donde se qued\u00f3 panza arriba. En ese momento, Doralisa Seminario sinti\u00f3 correr un l\u00edquido caliente entre sus piernas.<\/p>\n<p>Ese domingo, el vendedor de sebo de culebras vendi\u00f3 todos los frasquitos con el linimento que curaba de todo, a los cuales les hab\u00eda pegado una etiqueta con el nombre \u00abPanacea\u00bb. Adem\u00e1s vendi\u00f3 184 seguros, esos frasquitos alargados, con dos tapas de goma en los extremos y llenos de agua bendita con huairuros y dem\u00e1s chaquiras para contrarrestar la mala suerte y conservar la salud atrayendo el dinero y el amor.<\/p>\n<p>El corro se iba desbaratando de a pocos y no qued\u00f3 nadie m\u00e1s que el vendedor de sebo de culebras con Doralisa Seminario embobada, so\u00f1ando despierta, olvid\u00e1ndose de las advertencias de su abuela muerta que le dec\u00eda en varios tonos: \u00abD\u00e9jate de enso\u00f1aciones, que pasas todos los d\u00edas como si estuvieras viviendo las vidas de otros, y vive la vida real, que es m\u00e1s bonita\u00bb. \u2014Ay\u00fadame a recoger las cosas \u2014la despert\u00f3 el vendedor de sebo de culebras\u2014. Y ella, como movida por un resorte, pleg\u00f3 las patas de la mesa y la convirti\u00f3 en malet\u00edn y la coloc\u00f3 sobre el triciclo donde ya estaban las dem\u00e1s cosas. El vendedor de sebo de culebras se hab\u00eda dado cuenta de que le hab\u00eda venido la regla y la subi\u00f3 en el triciclo para que fuera sentada.<\/p>\n<p>Cruzaron el barrio del Alto de la Paloma, siguieron por el barrio de la cancha del Monteverde, tocaron una puerta, donde dejaron que les guardaran de favor las cajas m\u00e1s grandes, las de las culebras. La del camale\u00f3n no, porque ese animal era prestado. Siguieron caminando y, para quitarle el miedo, que no ten\u00eda, \u00e9l iba cont\u00e1ndole las caracter\u00edsticas del camale\u00f3n, su alimentaci\u00f3n, su reproducci\u00f3n y cualquier cosa que en ese momento inventaba. Prosiguieron su camino por la chacra de los Raffo y al atardecer llegaron a una casa de quincha por el barrio de Lagunas. Doralisa sinti\u00f3 un fr\u00edo extra\u00f1o que le recorr\u00eda el espinazo cuando el vendedor de sebo de culebras meti\u00f3 la mano por arriba de la puerta, jal\u00f3 el picaporte, y le dijo con su voz hipnotizadora: \u00abentra y deja el animal en el otro cuarto\u00bb. En la oscuridad tropez\u00f3 con una lata cuyo sonido qued\u00f3 tintineando en su pecho a paso acelerado. No se percat\u00f3 de que hab\u00eda dejado la caja abierta sobre el suelo y que ya el camale\u00f3n hab\u00eda empezado a mover los ojos en forma no sincronizada.<\/p>\n<p>Y all\u00ed se qued\u00f3 una semana, despu\u00e9s de que el vendedor de sebo de culebras desech\u00f3 un leve remordimiento que cruz\u00f3 rojo por su mente y las recomendaciones de alguien muy lejano de no tocar a mujer con sangre, la hizo su mujer durante siete noches y siete d\u00edas seguidos, que solamente eran interrumpidos para traer algo de comer tarde en la noche. Al s\u00e9ptimo d\u00eda, el vendedor de sebo de culebras, asustado, se acord\u00f3 del camale\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Chucha! \u2014dijo. Cuando encontr\u00f3 la caja, estaba vac\u00eda, mir\u00f3 para todos lados y no encontr\u00f3 al animal.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n al d\u00eda siguiente encontraron al camale\u00f3n bebiendo de las humedades de la s\u00e1bana colorada, luchando por ponerse rojo, sin conseguirlo.<\/p>\n<p>Doralisa Seminario, volvi\u00f3 a ser mujer por una noche m\u00e1s y, temprano por la ma\u00f1ana, entre las nubes de su sue\u00f1o, lo escuch\u00f3 decir por primera vez:<\/p>\n<p>\u00a0\u2014Me voy pa\u2019 Huancabamba a traer mercader\u00eda.<\/p>\n<p>Y el vendedor de sebo de culebras no regres\u00f3 hasta cuando Domingo Seminario tuvo ocho meses y se arrastraba jugando por el suelo.<\/p>\n<p>\u00a9David Arce<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"4898\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=4898\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/manuel-david_arce.jpg?fit=392%2C336&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"392,336\" data-comments-opened=\"1\" data-image-title=\"Manuel David_Arce\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/manuel-david_arce.jpg?fit=392%2C336&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-full wp-image-4898\" title=\"Manuel David_Arce\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/manuel-david_arce.jpg?resize=128%2C115\" alt=\"\" width=\"128\" height=\"115\" \/>El autor es un escritor peruano ganador de varios premios en cert\u00e1menes de cuentos en su pa\u00eds.\u00a0\u00a0 Adem\u00e1s de desempe\u00f1arse como m\u00e9dico psiquiatra practica la fotograf\u00eda art\u00edstica.\u00a0 Este cuento fue galardonado con el segundo\u00a0premio del Concurso Nacional de Cuentos\u00a0del Colegio de M\u00e9dicos Peruanos, 2010.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Doralisa Seminario se par\u00f3 junto al corro de curiosos que rodeaba al vendedor de sebo de culebras, en la puerta del reci\u00e9n inaugurado Mercado Modelo de Chulucanas. 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