{"id":13431,"date":"2010-12-12T20:44:04","date_gmt":"2010-12-13T00:44:04","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/2010\/12\/12\/corazones-y-frutas-roberto-lopez\/"},"modified":"2010-12-13T05:17:46","modified_gmt":"2010-12-13T09:17:46","slug":"corazones-y-frutas-roberto-lopez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=13431","title":{"rendered":"Corazones y frutas \/ Roberto L\u00f3pez"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">Cap\u00edtulo 1<\/p>\n<p>Era un domingo de diciembre, y a Tinito se le escapa el d\u00eda en el aburrimiento. Su abuela Julia estaba cocinando hallacas para vender.<\/p>\n<p>En la entrada del viejo cementerio estaba Chago muy erguido, como si fuera el guardi\u00e1n de las moradas de los muertos. Con malas palabras rega\u00f1aba a un perro sato que, muy desentendido, se lamb\u00eda por todas sus partes. A las seis de la ma\u00f1ana vino a tomar caf\u00e9 y Julia lo aconsej\u00f3 como a un hijo y le pidi\u00f3 por lo m\u00e1s sagrado que dejara la bebida, pero fue en vano, porque a las dos de la tarde \u00e9l estaba bien <em>sasonao<\/em> y rasc\u00e1ndose como el canino.<\/p>\n<p>Cuando Tinito lo vio, cogi\u00f3 la tranca de la puerta, porque era ni\u00f1o y no entend\u00eda de las penas y las alegr\u00edas que sal\u00edan de la boca de un borracho, pero si ven\u00eda a joder le iba a meter un trancazo. Y tuvieron suerte que lleg\u00f3 Padillita, el poeta pachanguero diciendo versos domingueros. Por un t\u00fanel secreto, que era el medio m\u00e1s f\u00e1cil y seguro, los dos se fueron buscando la fuente de aguardiente.<\/p>\n<p>Todo era soleda<img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" style=\"border:black 0 solid;margin:0;\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/121310_0043_corazonesyf1.jpg?w=616\" alt=\"\" align=\"left\" \/>d, y e\u00f1angotao en la puerta, Tinito se puso a comer ciruelas hasta que se le hinch\u00f3 la pipa y cogi\u00f3 un empache. Por un momento pens\u00f3 que estaba alucinando cuando vio a Nieves, la centenaria con joroba, que pas\u00f3 por su lado montada en una escoba. En un santiam\u00e9n, ella lleg\u00f3 a donde viv\u00eda el T\u00edo Dolores, y pasando de inc\u00f3gnita, se meti\u00f3 por un estrecho camino hacia la parte trasera de la casa.<\/p>\n<p>El T\u00edo Dolores hac\u00eda poco lleg\u00f3 de Nueva York, y como a los pol\u00edticos, le gustaba cabildear y no se perd\u00eda un convite. Y Tinito se preguntaba: &#8220;\u00bfQu\u00e9 poderes tendr\u00e1, que hasta Nieves abandona su fog\u00f3n y la plancha de carb\u00f3n para visitarlo? \u00bfSer\u00e1 brujo, espiritista o santero? &#8221;<\/p>\n<p>Y estas cosas \u00e9l pensaba cuando vio a Georgina, la m\u00e1s bella del solar, que ven\u00eda acompa\u00f1ada de su nuevo amor, que era un cegato. Caminaban sigilosamente hacia el patio del t\u00edo. Y el sabio flamboy\u00e1n no le tir\u00f3 una flor al ver que ella se aguantaba la pipa. Tinito, inocentemente, aguant\u00f3 la suya y le pregunt\u00f3 a Julia si Georgina ten\u00eda un \u00e1rbol de ciruelas&#8230;<\/p>\n<p>Y llegaron desfilando la muda y el patizambo de tres patas. Petrab\u00e9 lleg\u00f3 en muletas con Sixto, el carpintero \u00f1oco. Tambi\u00e9n llegaron cabezones y cabezonas, y detr\u00e1s de Matilde la culona, un tr\u00edo de son\u00e1mbulos cantando la chambelona. Y para Tinito no hab\u00eda otra manera de ver las cosas, el T\u00edo Lolo era curandero.<\/p>\n<p>Julia le dio el plato de hallacas, con el encargo de llevarlas al t\u00edo Dolores. Y el ni\u00f1o vago no se quej\u00f3 porque la curiosidad pudo m\u00e1s que la vagancia. Por fin iba a resolver el misterio del t\u00edo Lolo.<\/p>\n<p>La casa del t\u00edo Lolo colindaba con el camposanto y para llegar a la parte trasera, hab\u00eda que pasar por un estrecho camino entre la pared de la casa y la verja del cementerio. Un \u00e1rbol de corazones que dec\u00edan que era machorro, tend\u00eda su espesa sombra sobre el lugar. Por los huecos y grietas de la verja se asomaban la hiedra, y los lirios negros que nac\u00edan de las grises l\u00e1pidas al pie de las tumbas. En aquella sofocante humedad, Tinito sinti\u00f3 un &#8220;fr\u00edo pel\u00fa&#8221;.<\/p>\n<p>Entonces oy\u00f3 el espantoso grito de una mujer y del susto, se le cayeron las hallacas y r\u00e1pido las recogi\u00f3 del piso, invocando: lo que no mata engorda. Cuando lleg\u00f3 al patio, la mujer segu\u00eda gritando, brincando y bailando en la punta del pie. Era Nina la gamb\u00e1 que se hab\u00eda ganado el Bingo.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">Cap\u00edtulo 2<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Vendi\u00f3 todas las hallacas y con los bolsillos llenos de plata se fue para la casa. Del \u00e1rbol de corazones cay\u00f3 la codiciada fruta. Tinito qued\u00f3 exaltado cuando la vio caer y corri\u00f3 a recogerla,<img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/12\/121310_0043_corazonesyf2.jpg?w=616\" alt=\"\" align=\"left\" \/> mientras descompletaba la vajilla de Julia. Como no lo vio, tropez\u00f3 con Don Bache y cay\u00f3 inconsciente.<\/p>\n<p>Don Bache era un se\u00f1or que no ten\u00eda piernas y se deslizaba por las calles del pueblo con una tabla en cuatro ruedas de pat\u00edn.<\/p>\n<p>Cuando Tinito despert\u00f3, all\u00ed estaba \u00e9l, la paz reflejada en su rostro, y algo ten\u00eda en la mirada que le dio confianza y seguridad al ni\u00f1o tenebroso. Puso el coraz\u00f3n en su pecho y extendi\u00f3 sus cansadas manos para ayudarlo a levantar.<\/p>\n<p>Tinito devolvi\u00f3 el favor y ayud\u00f3 a Bache a navegar entre los cachivaches del camino hasta llegar al patio del t\u00edo Lolo. Lo dej\u00f3 sentado entre las gemelas Esperanza y Fe, y pidi\u00f3 la intervenci\u00f3n de la gracia divina para que los Reyes le trajeran un sill\u00f3n de ruedas. Luego se fue a la casa con el blando coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a la casa, Julia le pregunt\u00f3 por los chavos y el plato. Le entreg\u00f3 el dinero y por romper el plato cogi\u00f3 un cocotazo. Era Navidad y como \u00e9l la quer\u00eda much\u00edsimo, le dio la mitad del coraz\u00f3n y la otra mitad la guard\u00f3 para su madre.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 la noche y el cansancio lo tumbaba, lleg\u00f3 su mam\u00e1 a buscarlo y emprendieron el largo trecho del Campito a la Ciudad Perdida. Esa noche, Tinito le dijo con mucha tristeza que en la Navidad quer\u00eda darle la mitad del coraz\u00f3n, pero lo hab\u00eda dejado en El Campito. \u00c9l era ni\u00f1o y no entendi\u00f3 su tierno abrazo.<\/p>\n<p>So\u00f1ando con juguetes qued\u00f3 dormido en su regazo.<\/p>\n<p>\u00a9Roberto L\u00f3pez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Cap\u00edtulo 1 Era un domingo de diciembre, y a Tinito se le escapa el d\u00eda en el aburrimiento. Su abuela Julia estaba cocinando hallacas para vender. 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