{"id":14698,"date":"2011-03-12T00:37:26","date_gmt":"2011-03-12T04:37:26","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=14698"},"modified":"2011-03-12T00:37:26","modified_gmt":"2011-03-12T04:37:26","slug":"la-carcel-por-david-arce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=14698","title":{"rendered":"La C\u00e1rcel \/ por David Arce"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color:#008000;\">No fue como los dem\u00e1s ni\u00f1os. Le\u00eda horas y horas gruesos libros tumbado en la hamaca de la<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14703\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=14703\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/carcel.jpg?fit=104%2C129&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"104,129\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"carcel\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/carcel.jpg?fit=104%2C129&amp;ssl=1\" class=\"alignright size-full wp-image-14703\" title=\"carcel\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/carcel.jpg?resize=104%2C129\" alt=\"\" width=\"104\" height=\"129\" \/> abuela Mercedes. Por momentos deten\u00eda la lectura, alzaba la mirada y so\u00f1aba sonriendo. Le gustaba mucho las novelas de Julio Verne. Tambi\u00e9n gozaba con la misma emoci\u00f3n los relatos de la abuela Mercedes quien le contaba historias de sus ancestros, seg\u00fan ella, de los tiempos antiguos de cuando las culebras todav\u00eda caminaban paradas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">S\u00f3lo se levantaba para jugar a solas algunos de los innumerables juegos que \u00e9l mismo inventaba. Infund\u00eda vida a las cosas inanimadas. Las piedras, seg\u00fan forma y tama\u00f1o, eran lagartijas, pacasos, churumbos, o alg\u00fan simple cololo. El juego m\u00e1s entretenido era el Juego de la Selva, en su peque\u00f1o huerto.\u00a0 All\u00ed tambi\u00e9n pod\u00eda pasarse horas y horas sin aburrirse, oliendo tal o cual flor. Mirando insectos llenos de polvo amarillo. Esperando que madurasen las guayabas. Siguiendo el discurrir del agua. Tapando o abriendo canales, cuidando que los r\u00edos no desbordaran ni inundaran las casitas de las hormigas. Conoc\u00eda a cada una de las plantas por su nombre, les hablaba y les hac\u00eda lluvia si las ve\u00eda suficientemente fuertes.\u00a0Confabul\u00e1base con el sol para trazar colores en el aire.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">Entre \u00e9l y el sol exist\u00edan lazos profundos. Los dos acud\u00edan\u00a0 a sus citas matinales. Se levantaba temprano y trepaba el cerro \u00d1a\u00f1a\u00f1ique, se sentaba junto a la cruz y esperaba\u00a0 El aire fr\u00edo de la noche hu\u00eda espantado ante la revoluci\u00f3n de colores que nac\u00eda all\u00e1 lejos en el cielo. Luego bajaba rodando las piedras, rumbo a la c\u00e1rcel de ni\u00f1os.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">La escuela es una c\u00e1rcel donde maniatan a los ni\u00f1os con cadenas invisibles. No le gustaba la escuela, ni las lecturas obligatorias, ni la inmensa profesora que castigaba sin cesar: \u00a1Ni\u00f1o, no debes re\u00edr! \u00a1Ni\u00f1o, no debes llorar! \u00a1No te muevas! \u00a1No juegues! \u00a1No te ensucies!&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">Fue dif\u00edcil la lucha con la profesora que triunf\u00f3 en apariencia: aprendi\u00f3 los buenos modales, a saludar a la vecina y a dejarse besuquear y jalar los cachetes por cualquier se\u00f1ora. Aprendi\u00f3 a no ensuciar su pantal\u00f3n blanco, a comer con tenedor y cuchillo, a saberse aguantar las ganas de abrazar al mendigo. Aprendi\u00f3 a comportarse como los dem\u00e1s, a vivir una vida llena de mentiras y enga\u00f1os. Pero al hombre no se la mata as\u00ed no m\u00e1s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">Cuando falleci\u00f3 su madre, do\u00f1a Lastenia Morales, se fue secando poco a poco, sin ganas de comer ni de dormir ni de jugar, como si el sol se hubiese oscurecido. La abuela Mercedes crey\u00f3 conveniente suplicarle a do\u00f1a Blanca Seminario, la hacendada de Talandracas, que lo cuidara por un tiempo, mientras se recuperara, le dieron un cuarto-para-el-solo y dispuso que el fiel Virgilio cumpliera con las \u00f3rdenes del curandero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">Una ma\u00f1ana soleada, cuando parec\u00eda que se sent\u00eda mejor, y sin que nadie lo viera, dej\u00f3 las s\u00e1banas de su cuarto-para-el-solo, cruz\u00f3 el bosque de algarrobos, lleg\u00f3 descalzo donde los jornaleros y se mezcl\u00f3 y bebi\u00f3 de sus amarguras, ve\u00eda el rostro p\u00e1lido de su madre muerta en el rostro de cada uno de ellos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">La fiebre alta no bajaba ni con las pencas de s\u00e1bila ni con el agua fr\u00eda de la noria. All\u00ed lo encontr\u00f3 do\u00f1a Blanca Seminario, la hacendada. Muy buena do\u00f1a Blanca, recogi\u00f3 al huerfanito, hijo de mala madre al decir de la gente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">Ya curado, do\u00f1a Blanca lo envi\u00f3 a la ciudad. All\u00e1 lo esperaba la soledad absoluta, que ni la Universidad, ni sus estudios de Medicina pudieron neutralizar. Se le torci\u00f3 el cerebro al pobrecito y termin\u00f3 donde terminan los que piensan como \u00e9l: en el manicomio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:#008000;\">\u00a9David Arce<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No fue como los dem\u00e1s ni\u00f1os. Le\u00eda horas y horas gruesos libros tumbado en la hamaca de la abuela Mercedes. Por momentos deten\u00eda la lectura, alzaba la mirada y so\u00f1aba sonriendo. Le gustaba mucho las novelas de Julio Verne. 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