{"id":14848,"date":"2011-03-20T22:02:02","date_gmt":"2011-03-21T02:02:02","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=14848"},"modified":"2011-03-20T22:02:02","modified_gmt":"2011-03-21T02:02:02","slug":"mi-primer-amor-por-david-arce","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=14848","title":{"rendered":"Mi primer amor \/ por David Arce"},"content":{"rendered":"<p>A mis c\u00e1ndidos quince a\u00f1os, reci\u00e9n llegado a Lima, una gran ciudad de enormes edificios, amplios jardines y con todas las<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14850\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=14850\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/miraflores.jpg?fit=550%2C412&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"550,412\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"miraflores\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/miraflores.jpg?fit=300%2C225&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/miraflores.jpg?fit=550%2C412&amp;ssl=1\" class=\"alignright size-full wp-image-14850\" title=\"miraflores\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/miraflores.jpg?resize=320%2C269\" alt=\"\" width=\"320\" height=\"269\" \/> calles asfaltadas, me pareci\u00f3 que yo era un algarrobo mal trasplantado: nada se pod\u00eda comparar a mi peque\u00f1o pueblo de Chulucanas. Mis padres decidieron que necesitaba instrucci\u00f3n superior para triunfar en la vida. Sin embargo yo ven\u00eda con mi maleta-alforja, llena de sue\u00f1os e ilusiones y el mayor de ellos era encontrar al amor de mi vida.<\/p>\n<p>Ya me hab\u00eda ilusionado con mi profesora de matem\u00e1ticas, la se\u00f1orita Juanita, y mis noches de insomnio solo hab\u00edan sucumbido a la imagen fetichista de sus pies descalzos, entre mis s\u00e1banas tristes y mis manos agitadas. Y tambi\u00e9n me desilusion\u00e9 de manera fulminante el d\u00eda en que vi que ella recib\u00eda la visita de un chacarero, el viejo Ambrosio, durante el recreo, en el cuartito del tormento, donde la maestra dec\u00eda que guardaba un esqueleto humano y que encerrar\u00edan all\u00ed a aquel alumno que se comportara mal. Nunca supe de alguien que sufriera tal castigo.<\/p>\n<p>Mis padres me enviaron donde unos parientes nunca conocidos que, aunque me trataron bien, nunca me sent\u00ed c\u00f3modo con ellos. Viv\u00eda en Miraflores, un distrito de clase alta para esa \u00e9poca, con la mayor\u00eda de casas de un solo piso y jardines con muchas flores. Yo sal\u00eda diariamente a las siete de la ma\u00f1ana para ir a la universidad. Y nunca supe c\u00f3mo sucedi\u00f3, pero un d\u00eda me demor\u00e9 quince minutos. Sal\u00ed apurado y tom\u00e9 el bus amarillo que me dejaba en Quilca, que era el \u00faltimo paradero. Desde all\u00ed caminaba hacia Colmena, donde quedaba el local de Ingenier\u00eda Industrial de la Villarreal, a cuadra y media de la Plaza Dos de Mayo.<\/p>\n<p>Y desde all\u00ed empez\u00f3 una serie de acontecimientos que parec\u00edan hechos a prop\u00f3sito. Me sent\u00e9 en el \u00fanico asiento vac\u00edo junto a una jovencita que apenas me mir\u00f3 y sigui\u00f3 leyendo Siddharta, mi libro favorito, tantas veces le\u00eddo que hasta pod\u00eda citar de memoria muchos p\u00e1rrafos enteros. Yo saqu\u00e9 mi librito de Veinte poemas de amor y una canci\u00f3n desesperada. Y me sent\u00ed contento por el placer de compartir lecturas distintas durante un viaje en bus con una muchacha desconocida y simp\u00e1tica.<\/p>\n<p>Como era natural en m\u00ed, no me atrev\u00ed a dirigirle la palabra. Ella se baj\u00f3 en la avenida Tacna, antes de que el bus doblara por Quilca. Inicialmente quise bajarme detr\u00e1s de ella pero mi excesiva timidez me lo impidi\u00f3. Lo sorprendente fue que antes de entrar al local de la universidad me dieron unas ganas irresistibles de entrar a la capilla de la Inmaculada. Solamente entr\u00e9 para rezar un momento y fue que la vi junto al confesionario, que en ese momento se me antoj\u00f3 vac\u00edo. Esper\u00e9 junto a la imagen del Se\u00f1or Cautivo de Ayabaca hasta que ella recogi\u00f3 sus libros y sali\u00f3 de la capilla. Observ\u00e9 que entr\u00f3 en la Facultad de Derecho y no tuve el coraje suficiente para ver en qu\u00e9 sal\u00f3n estaba.\u00a0 Cruc\u00e9 la Colmena y me dirig\u00ed a mis clases.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente me demor\u00e9 los quince minutos a prop\u00f3sito, tom\u00e9 el bus amarillo y, para sorpresa de ambos, el \u00fanico sitio libre estaba junto a ella, con la diferencia de que esta vez yo llevaba el Demian y ella Poemas humanos. Yo hice como que le\u00eda y notaba que me miraba de reojo y despu\u00e9s de esperar que yo dijera algo, ella, sonriente, me pregunt\u00f3: \u00bfTe gusta Hermann Hesse? Y yo le dije: por supuesto, \u00a1me encanta!, y desde all\u00ed hablamos como descosidos, nadie nos paraba, solamente el tiempo que cada d\u00eda se hac\u00eda m\u00e1s corto.<\/p>\n<p>En la casa de mis parientes me preguntaban que por qu\u00e9 com\u00eda menos, que por qu\u00e9 paraba como enso\u00f1ando, que me hab\u00edan escuchado hablar dormido durante las noches. Lo que yo no sab\u00eda en ese entonces era que ya estaba completamente enamorado de una chica de quien no conoc\u00eda ni su nombre ni su casa. Y aprend\u00ed a retrasarme quince minutos para vernos en el bus.<\/p>\n<p>La siguiente vez ella me mostr\u00f3 sus poemas, mucho m\u00e1s hermosos de los que hasta entonces hab\u00eda le\u00eddo, ni qu\u00e9 Neruda, ni qu\u00e9 Vallejo, ni ninguno de mis conocidos: ella era un \u00e1ngel escribiendo. Los firmaba como Lilith Paradisso. Es as\u00ed como supe su nombre. Tambi\u00e9n me dio su direcci\u00f3n y me ense\u00f1\u00f3 la puerta de madera color verde de su casa, con paredes de amarillo colonial. Cada d\u00eda me sent\u00eda inmensamente feliz: definitivamente era la mujer ideal, la mujer de mi vida. Y lo sorprendente era que adem\u00e1s recib\u00eda clases de piano y cantaba como un ruise\u00f1or. Durante las tardes que baj\u00e1bamos a la playa por el malec\u00f3n Balta le ped\u00eda que me repitiera una canci\u00f3n que compuso para los dos, una canci\u00f3n de amor eterno.<\/p>\n<p>Un d\u00eda no la encontr\u00e9 en el bus, ni al siguiente. Despu\u00e9s de una semana de desesperaci\u00f3n, sin dormir ni comer bien, pensando en ella a cada instante, con la zozobra de alguna nefasta noticia, decid\u00ed ir a su casa. Rond\u00e9 durante dos horas antes de decidirme a tocar medrosamente la puerta. Toqu\u00e9 despacio, esper\u00e9 largo rato y nadie sal\u00eda. Toqu\u00e9 un poco m\u00e1s fuerte y logr\u00e9 escuchar su caminar inconfundible.<\/p>\n<p>Al verla quise lanzarme a abrazarla, pero algo me detuvo, quiz\u00e1s su mirada de desconcierto. Me mir\u00f3 de pies a cabeza y, con su voz \u00fanica pero esta vez con tono \u00e1spero, me pregunt\u00f3 qu\u00e9 deseaba. Le dije que buscaba a Lilith Paradisso. Abri\u00f3 los ojos desmesurados, mir\u00f3 a ambos lados de la calle y me dijo que entrara. Con voz suave, como la de Lilith, me susurr\u00f3: espero que comprendas que no es f\u00e1cil para m\u00ed decirte que no eres el primero a quien mi hermana enga\u00f1a. Yo soy la verdadera Lilith. Mi pobre hermana se llama Eva y actualmente est\u00e1 en el manicomio; de vez en cuando le dan sus ataques de locura y con mucha pena tenemos que internarla, pero no por mucho tiempo.<\/p>\n<p>No dije nada y sal\u00ed desconsolado, caminando sin rumbo.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente volv\u00ed a ver a Lilith, mejor dicho a Eva, sentada en el autob\u00fas amarillo, a la misma hora y esta vez con Las desventuras del joven Werther, sonri\u00e9ndome como cualquier d\u00eda luminoso, sin ning\u00fan indicio de enfermedad mental. Estuve en silencio largo rato y antes de bajarme le dije que el d\u00eda anterior hab\u00eda estado en su casa y que su hermana me hab\u00eda contado todo.<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9 qu\u00e9 te habr\u00e1 contado mi hermanita, pobrecita. Estuvo mucho tiempo internada en un sanatorio y tuve que quedarme a cuidarla durante la semana que falt\u00e9 a la universidad. Somos mellizas.<\/p>\n<p>\u00a9David Arce<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A mis c\u00e1ndidos quince a\u00f1os, reci\u00e9n llegado a Lima, una gran ciudad de enormes edificios, amplios jardines y con todas las calles asfaltadas, me pareci\u00f3 que yo era un algarrobo mal trasplantado: nada se pod\u00eda comparar a mi peque\u00f1o pueblo de Chulucanas. Mis padres decidieron que necesitaba instrucci\u00f3n superior para triunfar en la vida. 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