{"id":15492,"date":"2011-04-26T16:15:58","date_gmt":"2011-04-26T20:15:58","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=15492"},"modified":"2011-04-26T17:48:48","modified_gmt":"2011-04-26T21:48:48","slug":"cartas-a-juaniquillo-vii-las-mujeres-son-como-las-potrancas-por-josue-santiago-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=15492","title":{"rendered":"Cartas a Juaniquillo VII: Las mujeres son como las potrancas \/ por Josu\u00e9 Santiago de la Cruz"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>\u00a0<em>A don Moncho Torregrosa, que de seguro dom\u00f3 una que otra potranca en su tiempo<\/em><\/p>\n<p>Olimpia Cruz, a quien mis hermanos y yo llam\u00e1bamos t\u00eda Cruz y el resto Crucita, o do\u00f1a Cruz, fue una mujer venerada por todos en la familia.<\/p>\n<p>Fue ella la ni\u00f1a de doce a\u00f1os que a la muerte de su madre, cuid\u00f3 de la m\u00eda y sus cuatro hermanos.<\/p>\n<p>Delgada, bajita y de aspecto fr\u00e1gil, se peleaba con los machos de la vecindad, a pu\u00f1o pelao, sin dar ni pedir tregua.<\/p>\n<p>Cruz\u00f3 barreras feministas que resultaban intolerables para aquella \u00e9poca: operaba alambiques de pitorro en los montes aleda\u00f1os y vend\u00eda su producto a los obreros de la industria azucarera, burlando la mirada de los capataces y mayordomos que vigilaban por el cumplimiento de las faenas de la ca\u00f1a, y en las maniguas de topos, por todo el litoral costero.<\/p>\n<p>Tuvo que hacerse fuerte y crecer a toda carrera e inventarse, no s\u00e9 cu\u00e1ntas triqui\u00f1uelas, para <img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15500\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=15500\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/marido-golpeado.jpg?fit=130%2C74&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"130,74\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"marido golpeado\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/marido-golpeado.jpg?fit=130%2C74&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/marido-golpeado.jpg?fit=130%2C74&amp;ssl=1\" class=\"alignright size-full wp-image-15500\" title=\"marido golpeado\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/marido-golpeado.jpg?resize=130%2C74\" alt=\"\" width=\"130\" height=\"74\" \/>evadir el olfato sabueso de la justicia que persegu\u00eda, entonces, sin piedad, a los que viv\u00edan al margen de sus estatutos.<\/p>\n<p>De temperamento p\u00e9treo, t\u00eda Cruz ten\u00eda una lengua zahiriente que la hac\u00eda acompa\u00f1ar con una ligereza de manos y una imperturbable severidad para los que amenazaran quebrantar su din\u00e1mica de trabajo, que era la \u00fanica fuente de ingreso de la familia.<\/p>\n<p>Las historias que cuentan de t\u00eda Cruz son muchas y juran que no acaban\u2026<\/p>\n<p>Contrajo matrimonio en tres ocasiones, con tres hombres apuestos y mujeriegos. Hombres que de seguro dejaron imborrables huellas en ella. Pero que nunca lograron, y mira que lo intentaron con vehemencia inaudita, atrincherar su esp\u00edritu ind\u00f3mito.<\/p>\n<p>Ninguno de ellos la sobrevivi\u00f3, por lo que enviud\u00f3 tres veces.<\/p>\n<p>A todos les quit\u00f3 el vicio faldero para convertirlos en periquitos caseros, temerosos de su temperamento bilioso.<\/p>\n<p>S\u00f3lo uno, a quien nada m\u00e1s recuerdo por su nombre, Carmelo, intent\u00f3, con furia y arrojo suicida, contener su furibundo car\u00e1cter de mujer libre y soberana.<\/p>\n<p>La abofete\u00f3 por haberle hecho trizas unos pantalones y una camisa pintorreada de pintura labial y olorosa a fragancia de hembra.<\/p>\n<p>La hoguera de su exacerbado orgullo de mujer vejada se posesion\u00f3 de ella, como hab\u00eda ocurrido otras tantas veces, y con una naja de barbero le deshizo la vestimenta en el cuerpo.<\/p>\n<p>De milagro no le desgarr\u00f3 la carne.<\/p>\n<p>T\u00eda Cruz no era mujer para tomarse a relajo.<\/p>\n<p>Si hubiera querido matarlo, lo hubiese hecho sin ning\u00fan remordimiento de alma, por lo que el prop\u00f3sito fue darle una advertencia para que lo pensara dos veces antes de volver a hacer semejante imbecilidad.<\/p>\n<p>Carmelo logr\u00f3 doblegarla y cuando le hubo quitado la navaja, la abofete\u00f3 varias veces.<\/p>\n<p>La encerr\u00f3 en una de las habitaciones de la casa y se ech\u00f3 a la calle.<\/p>\n<p>Esa noche se fue de francachelas con sus amigos, donde hizo alardes de lo acontecido.<\/p>\n<p>De seguro sus acompa\u00f1antes lo miraban, incr\u00e9dulos cuando les mostraba la ropa hecha trapos.<\/p>\n<p>Aquello debi\u00f3 de ser todo un acontecimiento.<\/p>\n<p>Imagino a Carmelo, con \u00ednfulas de macho domador de hembras, hecho una fogata que le quemaba la sangre con intensa satisfacci\u00f3n org\u00e1smica, mostrando el t\u00f3rax intacto, en demostraci\u00f3n de que la fiera indomable y biliosa no era otra cosa que una mujer enamorada, con el orgullo herido, incapaz de causarle da\u00f1o al hombre que satisfac\u00eda sus m\u00e1s \u00edntimos reclamos de hembra en celo.<\/p>\n<p>Me parece ver a sus interlocutores mir\u00e1ndole, embobados, todav\u00eda suspicaces, a pesar de la evidencia que con tanta insistencia les hab\u00eda mostrado, emitiendo, \u00e9l, alaridos de victoria macha que se confund\u00edan con el humo de los cigarros y el imperturbable tufo a ron ca\u00f1a que les emanaba por la boca a cada risotada.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1T\u00fa si que eres un macho de a de veras, Carmelo\u2026!<\/p>\n<p>El, arrematando, con ese sarcasmo inconfundible que es patrimonio de los que a la fuerza imponen sus criterios, lo m\u00e1s probable contestaba:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Na! Las mujeres son como las potrancas cimarronas: con un fuetazo por las costillas, un jaquim\u00f3n\u00ad apretao y un buen cuerpo en el lomo, se amansan porque se amansan\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed, de seguro, se la pas\u00f3 toda la noche, hasta que el cansancio y la borrachera lo obligaron a regresar.<\/p>\n<p>Ya casi amanec\u00eda cuando se le sinti\u00f3 avanzar, dando tumbos, por el callej\u00f3n de Talas Viejas.<\/p>\n<p>Ven\u00eda\u00a0 tambale\u00e1ndose, como hoja al viento.<\/p>\n<p>Cerr\u00f3 el port\u00f3n sin saber c\u00f3mo y a duras penas gan\u00f3 el umbral de la casa.<\/p>\n<p>Tra\u00eda los p\u00e1rpados derrumbados y resoplaba la borrachera en arrebatos de alucinado.<\/p>\n<p>Ella lo esperaba en la sala con una mirada de bestia en asecho que \u00e9l ni alcanz\u00f3 a ver y tom\u00e1ndolo por los brazos, lo condujo al ba\u00f1o.<\/p>\n<p>Con palabras dulces y amorosas lo desvisti\u00f3 y lo duch\u00f3. Lo perfum\u00f3 y le puso un pantal\u00f3n blanco y una guayabera del mismo color.<\/p>\n<p>Ya sentado a la mesa del comedor, con mejor semblante y m\u00e1s comunicativo, ella le sirvi\u00f3 un caldo de gallina humeante, como para revivir muertos.<\/p>\n<p>Parec\u00eda un \u00c1ngel bajado del cielo.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Quema tus arrebatos para que luego no digan que te mando al infierno con la panza vac\u00eda!<\/p>\n<p>Y dicho eso, le encest\u00f3 el primer centellazo con un palo de escoba que al impacto con el cuerpo, se parti\u00f3 en dos.<\/p>\n<p>De no haber sido por la misericordia de mi padre, que al o\u00edr los gritos del hombre, se apiad\u00f3 de \u00e9l y fue a su rescate, de seguro aquella misma ma\u00f1ana el pobre Carmelo, se hubiera ido a destiempo a morar con sus antepasados.<\/p>\n<p>Dem\u00e1s est\u00e1 decir que, desde entonces, Carmelo renunci\u00f3, por completo, a los amores prohibidos y jam\u00e1s volvi\u00f3, ni en broma, a levantarle la mano a t\u00eda Cruz.<\/p>\n<p>Ni siquiera a mirarla a los ojos cuando ella lo increpaba por cualquier insignificancia.<\/p>\n<p>El incidente se reg\u00f3 como p\u00f3lvora.<\/p>\n<p>En todos los rincones del pueblo, a\u00fan en sus periferias, se supo en detalle de lo que le aconteci\u00f3 a Carmelo. Pero nadie, ni sus m\u00e1s allegados amigos y compa\u00f1eros de faenas agr\u00edcolas, ni en las maniguas de topos, ni en las jugadas de naipes, ni tan siquiera sus hermanos y hermanas cuando, a solas, conversaban de cosas triviales, se atrevi\u00f3 a insinuarle su desventura por temor a la mujer que con tanto ensa\u00f1amiento le desperch\u00f3 sus \u00ednfulas de domador de hembras.<\/p>\n<p>Hay quienes juran y perjuran, amigo Juaniquillo, que t\u00eda Cruz mat\u00f3 a sus tres maridos. Pero eso te lo cuento en otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a9 Josu\u00e9 Santiago de la Cruz\u00a0<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0A don Moncho Torregrosa, que de seguro dom\u00f3 una que otra potranca en su tiempo Olimpia Cruz, a quien mis hermanos y yo llam\u00e1bamos t\u00eda Cruz y el resto Crucita, o do\u00f1a Cruz, fue una mujer venerada por todos en la familia. 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