{"id":16010,"date":"2011-05-13T18:04:27","date_gmt":"2011-05-13T22:04:27","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/2011\/05\/13\/madre-luna-memorias-eneida-rodriguez-delgado\/"},"modified":"2011-05-13T22:46:08","modified_gmt":"2011-05-14T02:46:08","slug":"madre-luna-memorias-eneida-rodriguez-delgado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=16010","title":{"rendered":"Madre Luna (Memorias) \/ Eneida Rodr\u00edguez Delgado"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/051311_2204_madreluname1.jpg?w=616\" alt=\"\" align=\"right\" \/><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">I<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Present\u00eda un d\u00eda como tantos otros, muy pesado para una ni\u00f1a con noventa y dos soles. Dolores, muchos. Hab\u00eda acumulado mucha experiencia. Experiencia que adquiri\u00f3 pr\u00e1cticamente sola. A la edad de siete a\u00f1os se dedic\u00f3 a trabajar cuidando a sus hermanitos. Cinco en total, menores todos. Tuvo un hermano mayor y otro que hab\u00eda fallecido vaya usted a saber por qu\u00e9 raz\u00f3n.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Batall\u00f3 mucho. No se sabe c\u00f3mo lo hizo pero batall\u00f3 fuertemente. Era una ni\u00f1a un poco pragm\u00e1tica, fuerte de car\u00e1cter y un poco agresiva cuando le violan sus derechos.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">II<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Se tendi\u00f3 tan larga era sobre el pasto, muy cerca de su humilde casa. All\u00ed so\u00f1\u00f3 con seis lunas y un sol. Dos lunas estaban una al lado de la otra. Las dem\u00e1s en lugares diferentes. Una de las lunas era tan peque\u00f1a que casi no se percib\u00eda. Estaba esperando que la descubrieran. M\u00e1s adelante se integr\u00f3 como debi\u00f3 ser justo al lado de las dem\u00e1s.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">La ni\u00f1a de los noventa y dos soles no ten\u00eda prisa en despertar de su largo sue\u00f1o, as\u00ed que sigui\u00f3 so\u00f1ando con sus siete lunas y su sol. Un d\u00eda el sol se sinti\u00f3 fuera de lugar y decidi\u00f3 irse un poco m\u00e1s lejos. As\u00ed que hubo que enviarlo lejos de su madre y de sus hermanas, las lunas. No fue lejos, pero se fue y de vez en cuando se acercaba a las lunas. No fue f\u00e1cil irse del lado de las lunas que le daban un poco de compa\u00f1\u00eda en sus largos d\u00edas de soledad.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">III<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Su caf\u00e9 a las siete y treinta de la ma\u00f1ana, su desayuno completo a las diez de la ma\u00f1ana, su almuerzo a las doce del medio d\u00eda y su cena a las cuatro de la tarde. Cumpl\u00eda con la rutina diaria de todos los d\u00edas.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Ahora, era lenta en su andar y r\u00e1pida en su hablar. Siempre ten\u00eda algo que decir. De la cama al sof\u00e1, del sof\u00e1 al sill\u00f3n y del sill\u00f3n a la hamaca. Todo era igual. Desde la salida del sol a la puesta de la luna.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Llegu\u00e9 como siempre, como tantos domingos o tantos jueves a eso de las ocho de la ma\u00f1ana, un poco m\u00e1s, un poco menos. \u00bfTomaste caf\u00e9? \u2013su pregunta de siempre. -La crema no la quiero ahora, m\u00e1s despu\u00e9s, ponla en el horno y cuando la quiera te la pido \u2013dec\u00eda. Las palabras, las mismas, las miradas, las mismas. Ella era diferente. La noche no la hab\u00eda pasado bien. Tuvo adormecimiento desde las piernas hasta el cuello. Hab\u00eda querido irse a volar y a so\u00f1ar con sus siete lunas y su sol, pero no pudo, as\u00ed que se levant\u00f3 arrastr\u00e1ndose: vaci\u00f3 su mente, se acost\u00f3 nuevamente y despert\u00f3 como siempre. Se tom\u00f3 el caf\u00e9, se fue al sill\u00f3n y luego a la hamaca. Sonri\u00f3, se durmi\u00f3. A eso de las ocho llegu\u00e9.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">IV<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Su mirada tierna, l\u00e1nguida, profunda y deseosa de levantarse, caminar, correr. Como si fuera tan f\u00e1cil borrar los a\u00f1os, los que te hacen sabio o sabia. Su tristeza era real, mirarla era como llorar por dentro. No se por qu\u00e9 de algo se sent\u00eda culpable una de las lunas. Tal vez, de haberla hecho sufrir cuando naci\u00f3, de haberla hecho sufrir cuando iba creciendo, de haberla hecho sufrir cuando se fue para no hacerla sufrir m\u00e1s. Era lo que pensaba. La luna parti\u00f3 y al tiempo creo que la hizo sufrir cuando sinti\u00f3 un sol dentro de su vientre. Madre luna lo supo y sufri\u00f3, no lo dijo pero sufri\u00f3. El sol, hijo de su cuarta luna estuvo en sus brazos por un largo mes, pues la luna no pudo regresar hasta despu\u00e9s de veintiocho largos soles.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Al poco tiempo despu\u00e9s de aquel terrible incidente, madre luna se encontr\u00f3 con el hueco del camino hacia la b\u00fasqueda de la libertad. No pudo entrar, no quiso entrar, no la dej\u00f3 entrar. Simplemente no la dejamos entrar.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Gritos, llantos, l\u00e1grimas, mucha angustia, desesperaci\u00f3n. \u00a1que peque\u00f1ita le pareci\u00f3 entonces. La abraz\u00f3 y quis depositarse en su vientre, como cuando estuve en \u00e9l. Quer\u00eda entrar y trat\u00f3 en muchas ocasiones por alrededor de algunos minutos. Esos minutos le parecieron horas, largas horas. Mentalmente lo hizo, toc\u00f3 su coraz\u00f3n cansado y respondi\u00f3. Con ayuda del cielo pudo reaccionar. Como tantas veces est\u00e1 ah\u00ed alargando sus horas, sus d\u00edas\u2026sus a\u00f1os.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">Sigue, sentada en el sill\u00f3n&#8230;retrocediendo el tiempo, cansada de acumular juventud, siguiendo cada uno de sus rituales, pero ah\u00ed, erguida y orgullosa.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.facebook.com\/Eneidae\"><span style=\"color:blue;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;text-decoration:underline;\">Eneida Rodriguez Delgado<\/span><\/a><span style=\"color:black;font-family:CAC Camelot;font-size:12pt;\">, <em>2009 <\/em><br \/>\n<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I Present\u00eda un d\u00eda como tantos otros, muy pesado para una ni\u00f1a con noventa y dos soles. Dolores, muchos. Hab\u00eda acumulado mucha experiencia. Experiencia que adquiri\u00f3 pr\u00e1cticamente sola. 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