{"id":16264,"date":"2011-05-25T10:22:38","date_gmt":"2011-05-25T14:22:38","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=16264"},"modified":"2011-05-25T10:22:38","modified_gmt":"2011-05-25T14:22:38","slug":"responso-en-el-club-domino-por-jose-manuel-sola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=16264","title":{"rendered":"Responso en el Club Domin\u00f3 \/ por Jos\u00e9 Manuel Sol\u00e1"},"content":{"rendered":"<div class=\"mceTemp\">\n<dl class=\"wp-caption alignleft\">\n<dt class=\"wp-caption-dt\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16286\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=16286\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/de_kooning.jpg?fit=285%2C388&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"285,388\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"De_Kooning\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Pink Angle (1945) Willem de Kooning&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/de_kooning.jpg?fit=285%2C388&amp;ssl=1\" class=\"size-full wp-image-16286\" title=\"De_Kooning\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/de_kooning.jpg?resize=285%2C388\" alt=\"\" width=\"285\" height=\"388\" \/><\/dt>\n<dd class=\"wp-caption-dd\">Pink Angle (1945) Willem de Kooning<\/dd>\n<\/dl>\n<p>Parec\u00eda una aldea y sin embargo ya era casi un pueblo con sus casas de madera y mamposter\u00eda y una poblaci\u00f3n que se acercaba a los quince mil habitantes. All\u00ed casi todos se conoc\u00edan y conoc\u00edan las circunstancias de cada cual. En particular el p\u00e1rroco, que absolv\u00eda de los pecados a aquellos que a\u00fan se arrodillaban en el confesionario cuando ya el secreto hab\u00eda sido comentado por toda la poblaci\u00f3n y el pecador hab\u00eda sido juzgado, absuelto o censurado, tras las puertas cerradas de cada hogar<\/p>\n<\/div>\n<p>Despu\u00e9s de haber pasado veintiocho a\u00f1os a cargo de esta parroquia olvidada, el padre Oscar Y\u00e1\u00f1ez conoc\u00eda las interioridades de cada familia y no hab\u00eda situaci\u00f3n de pecado que un padrenuestro, tres avemar\u00edas y una ofrenda generosa no resolvieran. Y cada mi\u00e9rcoles en la tarde, al ponerse el sol, Padre Y\u00e1\u00f1ez se despojaba de la sotana y se reun\u00eda con un grupo de hombres del pueblo en el Club Domin\u00f3, frente a la plaza, a conversar, escuchar la radio, beber vino, jugar domin\u00f3 o sencillamente a analizar las noticias de la semana. Ya todos conoc\u00edan sus posiciones, sus puntos de vista y los giros de su discurso; una mirada suya pod\u00eda significar un no o una aprobaci\u00f3n t\u00e1cita a cualquier asunto.<\/p>\n<p>Usualmente, cuando la tertulia se prolongaba hasta altas horas, Ram\u00f3n, el propietario del caf\u00e9, entregaba la llave a alguno de los circunstantes para que cerrara y \u00e9l se retiraba a su hogar.<\/p>\n<p>Kian lleg\u00f3 a principios de marzo con su mochila y su sonrisa triste al pueblo. Puede haber tenido veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad, pero, qui\u00e9n sabe. Nadie supo jam\u00e1s de d\u00f3nde proced\u00eda o d\u00f3nde se alojaba pues al atardecer desaparec\u00eda sin dejar rastro. Adem\u00e1s era parco en la conversaci\u00f3n, tanto que a veces las preguntas lograban una mirada serena como \u00fanica respuesta. Ofreci\u00f3 sus servicios de jardinero y hortelano por lo que pudieran pagarle, ya fuese un almuerzo o algunas monedas. En pocos d\u00edas se encontr\u00f3 trabajando en la casa de Herminio, el boticario.<\/p>\n<p>Sin descanso, arreglaba verjas, desyerbaba y sembraba de la inagotable provisi\u00f3n de semillas y bulbos que conten\u00eda su mochila: orqu\u00eddeas, margaritas, hortensias, girasoles, begonias, gloria de la ma\u00f1ana y geranios, cientos de geranios.<\/p>\n<p>Dos cosas asombraban a cuantos le observaban. Aparte de la azada que usaba para el desyerbo, Kian no utilizaba alg\u00fan otro implemento agr\u00edcola o de jardiner\u00eda; abr\u00eda la tierra con sus propias manos, las que hund\u00eda casi con ternura con cada semilla que sembraba o con cada trasplante y volv\u00eda a reunir la tierra en torno a la bellota o al bulbo con la mansedumbre de una caricia.<\/p>\n<p>Lo otro, \u00a1ah!, lo otro era la rapidez y la lozan\u00eda con que crec\u00eda cada planta, los p\u00e9talos en todo su esplendor, los tallos recios y maduros, las hojas verdes y frescas.<\/p>\n<p>El pueblo se fue llenando de peque\u00f1os jardines y de saludables huertos. Las verjas ca\u00eddas estaban siendo enderezadas y reparadas por el joven a quien, despu\u00e9s de un tiempo, la gente dej\u00f3 de prestar mayor atenci\u00f3n. Trabaj\u00f3 en la casa de Miguel Soto, el alcalde; en el jard\u00edn de la escuela y en la residencia de Orlando Morales, uno de los dos abogados del pueblo. El otro abogado, Manuel D\u00e1vila, era un hombre muy viejo y viv\u00eda en un semi retiro, por lo que dedicaba gran parte de sus horas a trabajar en los alrededores de su casa, la que sin ser pretenciosa era sobriamente elegante y acogedora. Fue el Licenciado D\u00e1vila una de las pocas personas con las que se le vio conversar y sentarse a tomar caf\u00e9. En una ocasi\u00f3n hasta los escucharon re\u00edr. Kian disfrutaba, adem\u00e1s, de la compa\u00f1\u00eda de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>El hijo del fontanero se llamaba Junio y el ni\u00f1o, de apenas seis a\u00f1os de edad, aparec\u00eda en el momento menos esperado, en el lugar en que se encontrase Kian trabajando la tierra. Hac\u00eda preguntas, se pon\u00eda en cuclillas a su lado, intercambiaban frases y sonrisas y en ocasiones el jardinero pon\u00eda semillas, bulbos o gusanos en su mano mientras describ\u00eda sus caracter\u00edsticas.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana de fines de marzo, Kian observ\u00f3 que Junio se mov\u00eda agitado junto a un \u00e1rbol al otro lado de la calle. En un momento dado sus miradas se cruzaron y Junio aprovech\u00f3 para, con un movimiento de la mano, pedirle que cruzara la calle. Junto a \u00e9l y con el cuello ensangrentado, yac\u00eda Topo, su constante compa\u00f1\u00eda, su perro.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 le sucedi\u00f3?<\/p>\n<p>-\u00a1No s\u00e9!&#8230; Anoche no regres\u00f3 a casa y lo buscamos y lo buscamos\u2026 Ahora acabo de encontrarlo aqu\u00ed; est\u00e1 herido y no s\u00e9 c\u00f3mo llevarlo a casa pues no me deja tocarlo\u2026 creo que me morder\u00e1 si lo hago\u2026<\/p>\n<p>-Veamos \u2013 se arrodill\u00f3 junto al perro que, extra\u00f1amente, no se movi\u00f3 cuando Kian baj\u00f3 las manos hasta el cuello. \u2013Son perdigones\u2026 alguien le dispar\u00f3 durante la noche.<\/p>\n<p>Sus manos permanecieron sobre la herida por unos instantes. La respiraci\u00f3n del animal comenz\u00f3 a normalizarse y de pronto se incorpor\u00f3, la cola movi\u00e9ndose alegremente, el hocico oliscando las manos de Kian. En el cuello no quedaba mancha alguna de sangre ni se\u00f1al de la herida. El jardinero arroj\u00f3 los perdigones lejos de s\u00ed y regres\u00f3 a sus tareas al otro lado de la calle.<\/p>\n<p>Junio se qued\u00f3 en la acera, junto al perro, inm\u00f3vil, sin decir palabra. Contemplaba al hombre que ya hund\u00eda sus manos en la tierra. Entonces camin\u00f3 hasta \u00e9l y se puso de cuclillas a su lado.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo lo hiciste?<\/p>\n<p>-Sh\u2026 no digas nada. A nadie, \u00bfsabes?<\/p>\n<p>Los ojos de Kian reflejaban cierta severidad. Entonces Junio toc\u00f3 a su perro en el lomo y ech\u00f3 a correr calle abajo.<\/p>\n<p>El primer lunes de mayo Kian se dirig\u00eda, mochila al hombro, a trabajar en el patio de la casa de arquitectura colonial de Pl\u00e1cido Lebr\u00f3n, el due\u00f1o de la vieja ebanister\u00eda. La noche anterior hab\u00eda llovido y ya el sol y la fresca brisa de la ma\u00f1ana hab\u00edan despejado la humedad, dejando en su lugar un suave olor a naturaleza viva. Llen\u00f3 sus pulmones de aire y levant\u00f3 el rostro en direcci\u00f3n al sol de tal modo que su corta barba dorada se aclar\u00f3 como si fuera de trigo. Entonces escuch\u00f3 cierta algarab\u00eda y no pudo evitar caminar hacia el lugar de donde proven\u00eda el llanto y las voces de los curiosos.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 ha pasado? \u2013pregunt\u00f3 a Rafi V\u00e9lez, uno de los vecinos.<\/p>\n<p>-Es la ni\u00f1a de Paco Gonz\u00e1lez, el guardi\u00e1n de la f\u00e1brica; se cay\u00f3 por la escalera y se ha hecho una herida en la frente, debe tener el cr\u00e1neo fracturado\u2026 se ve muy mal\u2026 ya fueron a buscarlo, a Paco, usted sabe, pues nadie se atreve moverla.<\/p>\n<p>De entre los cabellos de la ni\u00f1a se iba deshaciendo un hilv\u00e1n incontenible de sangre. Kian mir\u00f3 a su alrededor con inquietud. Entonces su mirada se encontr\u00f3 con la de Junio que parec\u00eda leerle los pensamientos. As\u00ed permanecieron unos segundos. Finalmente y sin quitar sus ojos de los de Kian, el ni\u00f1o camin\u00f3 hasta \u00e9ste y tom\u00e1ndolo de la mano lo atrajo hasta donde la ni\u00f1a permanec\u00eda tirada, gimiendo.<\/p>\n<p>-S\u00e1nala\u2026 Por favor\u2026<\/p>\n<p>El silencio se hizo en la concurrencia; Kian no se mov\u00eda y la gente se miraba entre s\u00ed como buscando explicaci\u00f3n al gesto del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>-S\u00e1nala\u2026 \u00bfs\u00ed? \u2013repiti\u00f3.<\/p>\n<p>Por un momento la mirada de Kian se perdi\u00f3 calle abajo y comprendi\u00f3 que Francisco tardar\u00eda en llegar. Por otro lado, el Doctor Goyt\u00eda, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de atender a cada enfermo del pueblo, hab\u00eda aceptado una plaza en el hospital del pueblo vecino y se hab\u00eda mudado con sus libros, sus plantas, su gato y su parafernalia cient\u00edfica, sabr\u00e1 Dios a d\u00f3nde. Entonces, sin decir palabra, se arrodill\u00f3 junto a la ni\u00f1a cuyo cuerpo comenzaba a dar muestras de convulsi\u00f3n. Con suavidad baj\u00f3 las manos hasta el cabello de la ni\u00f1a y as\u00ed permaneci\u00f3 por un largo y silencioso minuto.<\/p>\n<p>Poco a poco la respiraci\u00f3n y los movimientos de Valentina fueron estabiliz\u00e1ndose; aspir\u00f3 profunda, c\u00e1lidamente\u2026 Entonces abri\u00f3 los ojos y los dej\u00f3 suspendidos en la mirada como de \u00e1mbar claro de Kian. Luego le sonri\u00f3. Su frente estaba limpia, la piel sin siquiera un rasgu\u00f1o. Cuando Francisco lleg\u00f3, ya Kian era una silueta que se perd\u00eda calle abajo contra la luz de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>La noticia corri\u00f3 de puerta en puerta; las especulaciones pasaron de o\u00eddo en o\u00eddo. <em>\u201cEs un santo. Es un hechicero. No, no, te digo que es un santo. Una persona com\u00fan con el don de hacer milagros. Algo de brujo tiene, \u00bfno ven c\u00f3mo todo florece? \u00a1Qu\u00e9 va!, es un fraude, un prestidigitador, un vagabundo\u2026\u201d<\/em><\/p>\n<p>Pese a todo, con el transcurso de las semanas, la gente comenz\u00f3 a acudir a \u00e9l. Para el dolor de muelas. Para el catarro com\u00fan. <em>\u201cPor mi buena suerte, perderemos la casita si no la pagamos\u201d, <\/em>le imploraban discretamente algunos. <em>\u201cAy, que la nena consiga un buen marido, se me est\u00e1 quedando\u2026\u201d<\/em>Pero la respuesta invariablemente era un silencio profundo y una mirada llena de dulzura. Entonces la gente se retiraba, unos desencantados, otros con cierto grado de resentimiento oculto.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, sin embargo, entr\u00f3 a la humilde vivienda de Carmen Rosa, la costurera. Ya se retiraba y el atardecer, anaranjado y p\u00farpura, se mov\u00eda detr\u00e1s de las<br \/>\nnubes de suaves sombras crepusculares. Pero al subir la acera sus ojos se encontraron con los de Pablo, que caminaba lentamente por el balc\u00f3n de madera con toda la pesadumbre del mundo sobre los hombros. Se acerc\u00f3 a la breve escalera y permaneci\u00f3 en silencio, de pie, la mirada baja, los pensamientos aquietados, frente al hombre a cuyas piernas se aferraban dos ni\u00f1os y una ni\u00f1a. Adentro se mov\u00eda una persona junto a la joven mujer a la que apenas hac\u00eda seis meses se le hab\u00eda diagnosticado c\u00e1ncer.<\/p>\n<p>Por un rato, los ojos de ambos hombres se volvieron hacia el mismo punto en el horizonte. Ya el atardecer se alargaba t\u00edmidamente sobre los \u00e1rboles. Kian volvi\u00f3 a acomodarse la mochila y cuando parec\u00eda que se marchar\u00eda Pablo habl\u00f3.<\/p>\n<p>-Yo solo no puedo\u2026<\/p>\n<p>Entonces Kian se descolg\u00f3 la mochila y sin hablar subi\u00f3 los tres escalones. Seguido por el hombre y los tres ni\u00f1os pas\u00f3 al dormitorio donde la mujer respiraba con dificultad. Los ojos abiertos, desmesuradamente abiertos, se mov\u00edan de un lado a otro como si fueran en busca de la vida, de la paz, del ox\u00edgeno, como con el miedo que clama desde lo m\u00e1s profundo. La piel, de una palidez amarillenta, parec\u00eda una prolongaci\u00f3n del harapo de luz que se extend\u00eda desde la linterna de gas keros\u00e9n. La mujer que la acompa\u00f1aba se retir\u00f3 a una esquina de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entonces Kian tom\u00f3 en las suyas una de las manos de Carmen Rosa. Si alguno hubiera pasado junto a la humilde vivienda habr\u00eda podido ver el resplandor dorado en la ventana de la alcoba, esa energ\u00eda que se filtraba como una intensa herida de luz por entre las hendiduras de madera\u2026<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente y por primera vez en dos meses, Carmen Rosa sali\u00f3 al balc\u00f3n acompa\u00f1ada de Pablo. Las murmuraciones y los comentarios en voz baja se reanudaron y en esta ocasi\u00f3n hasta el mismo p\u00e1rroco se hizo receptor de toda clase de confidencias.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles, el grupo acostumbrado fue llegando al Club Domin\u00f3. Cuando el P\u00e1rroco entr\u00f3 la discusi\u00f3n era acalorada.<\/p>\n<p>-\u00bfVen c\u00f3mo mira a las mujeres del pueblo? Si realmente es un santo, \u00bfpor qu\u00e9 sana a unos mientras a otros no?<\/p>\n<p>-Algo busca, algo busca este hombre. \u00a1Y yo aseguro que es un farsante!<\/p>\n<p>-\u00a1Bah!, es un pelagatos, eso es lo que es. A mi me tiene sin cuidado. Padre, \u00bfqu\u00e9 cree usted de todo esto?<\/p>\n<p>Ahora le hablaban, no a Y\u00e1\u00f1ez, el amigo, el contertulio, sino al sacerdote, al te\u00f3logo, al var\u00f3n de Dios. S\u00f3lo le llamaban Padre cuando buscaban el ejercicio de su autoridad en alguna disputa que no pod\u00edan resolver. Aunque despu\u00e9s cada cu\u00e1l har\u00eda lo que le viniera en gana. El p\u00e1rroco llen\u00f3 la pipa con picadura y la encendi\u00f3 con deliberada calma, le dio varias chupadas suaves y se volvi\u00f3 al mesero.<\/p>\n<p>-Pon una botella de vino, Ram\u00f3n; trae cuatro vasos.<\/p>\n<p>Exhal\u00f3 y mir\u00f3 a cada uno a los ojos.<\/p>\n<p>-\u00bfY bien? \u2013pregunt\u00f3 Panchi sin quitarse el palillo de dientes de entre los labios. A su lado, Emilio y Rafael esperaban sus palabras con igual ansiedad.<\/p>\n<p>-Yo he reflexionado largamente sobre este asunto. Y he orado. He orado mucho, \u00bfsaben? Pienso que este hombre, quien quiera que sea, es un peligro para la iglesia, para la fe de los ignorantes, de los humildes. Ellos son los que m\u00e1s me preocupan. Algunos hasta han dejado de ir a misa. T\u00fa, Rafael, por cierto, \u00bfcu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que fuiste a misa?<\/p>\n<p>-Yo\u2026 bueno, yo\u2026<\/p>\n<p>-Ahora no importa, luego hablaremos de eso. Escuchen, en los varios meses que anda suelto por el pueblo s\u00f3lo ha visitado la iglesia una vez. Si fuera santo, como ya algunos lo proclaman por ah\u00ed, \u00bfno es en la iglesia el lugar donde deber\u00eda encontrarse? Sin embargo, en la \u00fanica ocasi\u00f3n en que visit\u00f3 el templo se puso de pie y se march\u00f3 cuando a\u00fan no terminaba la homil\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 falta de respeto! Yo lo observ\u00e9, lo observ\u00e9, lo vi salir. Hasta sonre\u00eda. \u00bfQu\u00e9 le hizo gracia? \u00bfDe qu\u00e9 se burlaba<\/p>\n<p>A m\u00ed que me registren. Este vino est\u00e1 agrio\u2026 \u00a1Ram\u00f3n! \u00a1Ram\u00f3n! \u00bfQue qu\u00e9 busca? \u00bfQue qui\u00e9n es? No tengo idea. A lo mejor\u2026 Bueno, hace poco lo he visto confraternizando con el Licenciado D\u00e1vila y \u2013por si ustedes no lo saben- D\u00e1vila es un mas\u00f3n de clavo pasado.<\/p>\n<p>-Hablan de plantas, de semillas\u2026 -intervino Ram\u00f3n que ya se acercaba a la mesa.<\/p>\n<p>-\u00a1De mierda es que hablan! \u2013dio un manotazo en la mesa y luego le extendi\u00f3 la botella. \u2013C\u00e1mbiame este vino, que no sirve, anda.<\/p>\n<p>-A ese hombre hay que sacarlo del pueblo \u2013intervino Rafael.<\/p>\n<p>-Kian.<\/p>\n<p>-A Kian, como se llame.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>II<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Un viernes en la ma\u00f1ana Kian se encontr\u00f3 con Antonio Fagundo, el due\u00f1o de la \u00fanica f\u00e1brica del pueblo. Casi todo el que ten\u00eda un empleo se lo deb\u00eda a \u00e9l. Por sus facciones parec\u00eda europeo, n\u00f3rdico, m\u00e1s bien. Por otro lado, sus ademanes, su actitud, su visi\u00f3n de la vida, eran autoritarios, rudos, rayanos en la insolencia de aquellos que est\u00e1n acostumbrados a dar \u00f3rdenes. Se le cruz\u00f3 en el camino.<\/p>\n<p>-Lo necesito.<\/p>\n<p>Kian lo mir\u00f3 impasiblemente a los ojos. Luego se hizo a un lado para proseguir su camino pero Fagundo lo sujet\u00f3 por un brazo.<\/p>\n<p>-Le dije que lo necesito. Es mi hijo mayor que est\u00e1\u2026<\/p>\n<p>-No puedo hacer nada\u2026<\/p>\n<p>-Mire, vamos a hablar, hablando se entiende la gente \u2013sac\u00f3 un fajo de billetes de su bolsillo- \u00bfCu\u00e1l es su precio?<\/p>\n<p>-Le he dicho que no puedo hacer nada.<\/p>\n<p>-\u00a1Maldita sea, toma! \u2013y vir\u00e1ndole la mano trat\u00f3 in\u00fatilmente de obligarlo a tomar el dinero. Los billetes se dispersaron por la calle.<\/p>\n<p>-Lo siento mucho, por favor, cr\u00e9ame, no hay nada que pueda hacer\u2026<\/p>\n<p>Con la ira salt\u00e1ndosele por los ojos el hombre sujet\u00f3 a Kian por las solapas de la camisa. Sin inmutarse, \u00e9ste mantuvo su serena mirada en la del otro hombre. Entonces, con un brusco resac\u00f3n, el empresario tir\u00f3 al joven al suelo. La mochila se abri\u00f3 y algunas de las semillas se regaron por la calle. Sin decir\u00a0palabra, Kian se incorpor\u00f3, recogi\u00f3 sus pertenencias y sigui\u00f3 su rumbo.<\/p>\n<p>-Dej\u00f3 morir a mi hijo \u2013dec\u00eda Fagundo el lunes en la noche a Rafael, Panchi y Emilio. Jam\u00e1s hab\u00edan visto llorar a este hombre y esa noche no ser\u00eda la excepci\u00f3n, pero la mezcla de dolor, rabia y ron hab\u00edan logrado que todos los pecados del hombre se presentaran en su rostro en toda su desnudez.<\/p>\n<p>Se quedaron hasta muy tarde, hablando y bebiendo, en una mesa, en una esquina. A las once de la noche Ram\u00f3n le dio las llaves del local a Emilio y se march\u00f3. Salieron de madrugada y se fueron conversando hasta ver llegar a Kian. Ven\u00eda tarareando una canci\u00f3n feliz.<\/p>\n<p>All\u00ed mismo lo mataron. All\u00ed mismo las botas de Emilio le destrozaron el h\u00edgado y le reventaron un pulm\u00f3n y lo dejaron con los ojos abiertos por la sorpresa y el dolor; all\u00ed cay\u00f3 sin poder siquiera gritar cuando uno de los golpes de Rafael le hundi\u00f3 la tr\u00e1quea; all\u00ed mismo se derrumb\u00f3 sobre el roc\u00edo de sangre que se le\u00a0salt\u00f3 de la garganta muda y apretada. Ya estaba muerto cuando Fagundo le dispar\u00f3. Y todo era quietud y silencio cuando Panchi dej\u00f3 escapar su risita como de conejo, encendi\u00f3 un cigarrillo y sin decir palabra orin\u00f3 sobre la cara de Kian haciendo que la sangre se licuara a\u00fan m\u00e1s y se tornara amarillenta. Los dem\u00e1s lo imitaron y la risita como de conejo nervioso se repiti\u00f3 varias veces m\u00e1s.<\/p>\n<p>Lo enterraron cerca, a pocos metros de la carretera. Lo enterraron con la mochila y las semillas y los bulbos que ya nadie ver\u00eda florecer.<\/p>\n<p>Al principio en el pueblo extra\u00f1aron su ausencia; luego pensaron que era una persona exc\u00e9ntrica que seg\u00fan hab\u00eda llegado se hab\u00eda marchado.<\/p>\n<p>En cuesti\u00f3n de meses los jardines comenzaron a marchitarse por el descuido. La hojarasca era arrastrada por el viento y una profunda sensaci\u00f3n de abandono y decadencia vagabundeaba por las calles solitarias.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>III<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Un jueves al atardecer, a principios de noviembre, lleg\u00f3 un hombre al pueblo y ocup\u00f3 una habitaci\u00f3n en la casa de hu\u00e9spedes, al final de la calle. En las escasas ocasiones en que se le vio, durante los primeros dos d\u00edas, conversaba y escuchaba las historias de los ni\u00f1os del pueblo.<\/p>\n<p>Sus ademanes eran amables y seguros, pausados, con una autoridad honda. El domingo por la tarde entr\u00f3 al Club Domin\u00f3. Ram\u00f3n se le acerc\u00f3 y el hombre le pidi\u00f3 agua. Solamente agua. Ten\u00eda sed, dijo. Y pag\u00f3 por el agua.<\/p>\n<p>No conversaba. Se entreten\u00eda mirando a trav\u00e9s del cristal de la ventana. Solamente volv\u00eda la mirada cuando entraba alg\u00fan parroquiano, entonces lo observaba con discreci\u00f3n y luego volv\u00eda a su jarro de agua, a leer el peri\u00f3dico o a mirar por la ventana.<\/p>\n<p>El domingo y el lunes entraron Rafael y Emilio. El martes entr\u00f3 solamente Panchi.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles entraron todos.<\/p>\n<p>Antonio Fagundo se hab\u00eda hecho miembro asiduo del peque\u00f1o c\u00edrculo. Usualmente era \u00e9l quien pagaba la cuenta de los mi\u00e9rcoles por lo cual el dispendio en el consumo de bebidas rebasaba los l\u00edmites. El \u00faltimo en llegar fue Y\u00e1\u00f1ez. Este era m\u00e1s mesurado en el consumo de vino e igual a Fagundo manten\u00eda el equilibrio cuando sal\u00edan del lugar.<\/p>\n<p>A las ocho de la noche el resto de los parroquianos hab\u00eda abandonado el Club Domin\u00f3. S\u00f3lo quedaba el grupo de cinco hombres. Y el otro, el desconocido.<\/p>\n<p>Estuvieron conversando en voz alta hasta cerca de las diez. Como todos los mi\u00e9rcoles, Ram\u00f3n le entreg\u00f3 las llaves a Emilio y colg\u00f3 el delantal en una silla detr\u00e1s del mostrador. Al pasar junto al desconocido se detuvo un momento.<\/p>\n<p>-Si desea algo m\u00e1s puede pedirlo a cualquiera de ellos.<\/p>\n<p>-Gracias.<\/p>\n<p>Al cerrarse la puerta el hombre hizo girar su silla con lentitud. Ahora los observaba; miraba al grupo con tranquila intensidad. As\u00ed se mantuvo por un rato. Una sensaci\u00f3n de inquietud fue descendiendo sobre la mesa del grupo que ahora callaba. Finalmente, Fagundo habl\u00f3.<\/p>\n<p>-Escuche, amigo\u2026 \u00bfpodemos ayudarlo?<\/p>\n<p>Sin decir palabra el hombre se puso de pie y camin\u00f3 hacia ellos. Se detuvo frente al grupo. Ahora todos lo observaban con atenci\u00f3n. Era m\u00e1s alto de lo que en principio parec\u00eda. Su cabello negro era ciertamente largo para esos tiempos. Descansaba las manos sobre la hebilla de su cintur\u00f3n. Su voz profunda y grave, su propia presencia, su mirada, parecieron comenzar a ejercer su autoridad y su dominio en la sala. Las palabras descendieron con poder hasta la mesa.<\/p>\n<p>-Busco a mi hermano.<\/p>\n<p>Reconocieron aquella mirada por la que parec\u00edan asomarse todo el horror y toda la angustia de la humanidad, todo el dolor de milenios de cr\u00edmenes impunes, toda la tristeza y el llanto de los inocentes. Pero no pudieron moverse. Una sensaci\u00f3n de fr\u00edo y terror los manten\u00eda inm\u00f3viles, mudos, en cada silla. Afuera el r\u00f3tulo de ne\u00f3n comenz\u00f3 a parpadear y finalmente estall\u00f3 con un chisporroteo de luces y descargas el\u00e9ctricas.<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16290\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=16290\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/alas.jpg?fit=160%2C147&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"160,147\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Alas\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/alas.jpg?fit=160%2C147&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-full wp-image-16290\" title=\"Alas\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/alas.jpg?resize=160%2C147\" alt=\"\" width=\"160\" height=\"147\" \/>Entonces el hombre abri\u00f3 los brazos y tras abrir los brazos despleg\u00f3 sus alas, unas alas asombrosas, unas alas inmensas y llenas de luz.<\/p>\n<p>Nadie supo jam\u00e1s lo que sucedi\u00f3 all\u00ed. Durante una hora el establecimiento se vio inundado con un resplandor azul que aleteaba y se extend\u00eda hasta los viejos adoquines de la calle. Luego fue decreciendo hasta desaparecer por completo. S\u00f3lo podemos suponer que algo tan hermoso y tan terrible como el amor y como la muerte ocurri\u00f3 aquella noche en el Club Domin\u00f3.<\/p>\n<p>De Emilio, Rafael, Panchi y Fagundo no se volvi\u00f3 a saber. Tal vez abandonaron el pueblo esa misma noche\u2026 \u00a1qui\u00e9n sabe! Sobre la mesa y por el piso encontraron cientos de d\u00f3lares desparramados.<\/p>\n<p>Al amanecer, los gritos del p\u00e1rroco despertaron a los vecinos del centro del pueblo. Tras andar varios pasos ca\u00eda, una y otra vez, de rodillas. Esa misma tarde se lo llevaron y hasta el \u00faltimo d\u00eda de su vida estuvo encerrado llorando, mortific\u00e1ndose, hilando y deshilando incoherencias en la angustiosa espera del exterminador, \u00e1ngel u hombre, que un d\u00eda vendr\u00e1 por \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a9 Jos\u00e9 Manuel Sol\u00e1<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pink Angle (1945) Willem de Kooning Parec\u00eda una aldea y sin embargo ya era casi un pueblo con sus casas de madera y mamposter\u00eda y una poblaci\u00f3n que se acercaba a los quince mil habitantes. All\u00ed casi todos se conoc\u00edan y conoc\u00edan las circunstancias de cada cual. 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