{"id":17699,"date":"2011-08-04T20:38:29","date_gmt":"2011-08-05T00:38:29","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/2011\/08\/04\/mas-informacion-menos-conocimiento-opinion-de-mario-vargas-llosa-sobre-el-libro-de-nicholas-carr-superficia-les-%c2%bfque-esta-haciendo-internet-con-nuestras-mentes\/"},"modified":"2011-08-04T22:04:58","modified_gmt":"2011-08-05T02:04:58","slug":"mas-informacion-menos-conocimiento-opinion-de-mario-vargas-llosa-sobre-el-libro-de-nicholas-carr-superficia-les-%c2%bfque-esta-haciendo-internet-con-nuestras-mentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=17699","title":{"rendered":"M\u00e1s informaci\u00f3n, menos conocimiento: opini\u00f3n de Mario Vargas Llosa sobre el libro de Nicholas Carr &#8220;Superficiales: \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 haciendo Internet con nuestras mentes?&#8221;"},"content":{"rendered":"<h4><strong>La imparable robotizaci\u00f3n humana por Internet cambiar\u00e1 la vida cultural y hasta c\u00f3mo opera nuestro cerebro. Cuanto m\u00e1s inteligente sea nuestro ordenador, m\u00e1s tontos seremos nosotros<\/strong><\/h4>\n<p><strong>Mario Vargas Llosa<\/strong><\/p>\n<p>Nicholas Carr estudi\u00f3 Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurri\u00f3 a toda su generaci\u00f3n, descubri\u00f3 el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revoluci\u00f3n inform\u00e1tica de nuestro tiempo, y no s\u00f3lo dedic\u00f3 buena parte de su vida a valerse de todos los servicios <em>online<\/em> y a navegar ma\u00f1ana y tarde por la Red; adem\u00e1s, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnolog\u00edas de la comunicaci\u00f3n sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda descubri\u00f3 que hab\u00eda dejado de ser un <em>buen<\/em> lector, y, casi casi, un lector. Su concentraci\u00f3n se disipaba luego de una o dos p\u00e1ginas de un libro, y, sobre todo si aquello que le\u00eda era complejo y demandaba mucha atenci\u00f3n y reflexi\u00f3n, surg\u00eda en su mente algo as\u00ed como un rec\u00f3ndito rechazo a continuar con aquel empe\u00f1o intelectual. As\u00ed lo cuenta: &#8220;Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qu\u00e9 otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que sol\u00eda venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo&#8221;.<\/p>\n<p>Preocupado, tom\u00f3 una decisi\u00f3n radical. A finales de 2007, \u00e9l y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una caba\u00f1a de las monta\u00f1as de Colorado, donde no hab\u00eda telefon\u00eda m\u00f3vil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. All\u00ed, a lo largo de dos a\u00f1os, escribi\u00f3 el pol\u00e9mico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en ingl\u00e9s <em>The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains<\/em> y, en espa\u00f1ol, <em>Superficiales: \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 haciendo Internet con nuestras mentes?<\/em> (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tir\u00f3n, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.<\/p>\n<p>Carr no es un renegado de la inform\u00e1tica, no se ha vuelto un ludita contempor\u00e1neo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportaci\u00f3n que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la informaci\u00f3n y a la comunicaci\u00f3n, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y al desarrollo econ\u00f3mico de las naciones.<\/p>\n<p>Pero todo esto tiene un precio y, en \u00faltima instancia, significar\u00e1 una transformaci\u00f3n tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generaliz\u00f3 la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minor\u00eda insignificante de cl\u00e9rigos, intelectuales y arist\u00f3cratas. El libro de Carr es una reivindicaci\u00f3n de las teor\u00edas del ahora olvidado Marshall MacLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace m\u00e1s de medio siglo, asegur\u00f3 que los medios no son nunca meros veh\u00edculos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre \u00e9ste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. MacLuhan se refer\u00eda sobre todo a la televisi\u00f3n, pero la argumentaci\u00f3n del libro de Carr, y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo, indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.<\/p>\n<p>Los defensores recalcitrantes del <em>software<\/em> alegan que se trata de una herramienta y que est\u00e1 al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efect\u00faen en el campo de acci\u00f3n en el que los beneficios de aquella tecnolog\u00eda son indiscutibles: \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un peque\u00f1o clic con el rat\u00f3n, un internauta recabe una informaci\u00f3n que hace pocos a\u00f1os le exig\u00eda semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero tambi\u00e9n hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los m\u00fasculos que dejan de usarse.<\/p>\n<p>No es verdad que el Internet sea s\u00f3lo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongaci\u00f3n de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, tambi\u00e9n, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por \u00e9l y, a veces, mejor que \u00e9l. No es una met\u00e1fora po\u00e9tica decir que la &#8220;inteligencia artificial&#8221; que est\u00e1 a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros \u00f3rganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. \u00bfPara qu\u00e9 mantener fresca y activa la memoria si toda ella est\u00e1 almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado &#8220;la mejor y m\u00e1s grande biblioteca del mundo&#8221;? \u00bfY para qu\u00e9 aguzar la atenci\u00f3n si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a m\u00ed, resucitados por esas diligentes m\u00e1quinas?<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, por eso, que algunos fan\u00e1ticos de la Web, como el profesor Joe O&#8217;Shea, fil\u00f3sofo de la Universidad de Florida, afirme: &#8220;Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la informaci\u00f3n que quiera con mayor rapidez a trav\u00e9s de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos&#8221;. Lo atroz de esta frase no es la afirmaci\u00f3n final, sino que el fil\u00f3sofo de marras crea que uno lee libros s\u00f3lo para &#8220;informarse&#8221;. Es uno de los estragos que puede causar la adicci\u00f3n fren\u00e9tica a la pantallita. De ah\u00ed, la pat\u00e9tica confesi\u00f3n de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: &#8220;Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros&#8221;.<\/p>\n<p>Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer <em>Guerra y Paz<\/em> o <em>El Quijote.<\/em> Acostumbrados a picotear informaci\u00f3n en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentraci\u00f3n, han ido perdiendo el h\u00e1bito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia a\u00f1adidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atenci\u00f3n, reflexi\u00f3n, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la \u00fanica manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea s\u00f3lo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creaci\u00f3n gratuita, no subordinada a la utilizaci\u00f3n pragm\u00e1tica, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que \u00e9sta almacenar\u00e1 con facilidad a Proust, Homero, Popper y Plat\u00f3n, pero dif\u00edcilmente sus obras tendr\u00e1n muchos lectores. \u00bfPara qu\u00e9 tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar s\u00edntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que le\u00edan los lectores prehist\u00f3ricos?<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n de la informaci\u00f3n est\u00e1 lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada d\u00eda surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. \u00bfDebemos alegrarnos? Si el g\u00e9nero de cultura que est\u00e1 reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda s\u00ed. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la soluci\u00f3n de todos los problemas cognitivos reduce &#8220;la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos&#8221;. En otras palabras: cuanto m\u00e1s inteligente sea nuestro ordenador, m\u00e1s tontos seremos.<\/p>\n<p>Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurol\u00f3gicos y de inform\u00e1tica para juzgar hasta qu\u00e9 punto son confiables las pruebas y experimentos cient\u00edficos que describe en su libro. Pero \u00e9ste me da la impresi\u00f3n de ser riguroso y sensato, un llamado de atenci\u00f3n que -para qu\u00e9 enga\u00f1arnos- no ser\u00e1 escuchado. Lo que significa, si \u00e9l tiene raz\u00f3n, que la robotizaci\u00f3n de una humanidad organizada en funci\u00f3n de la &#8220;inteligencia artificial&#8221; es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acci\u00f3n terrorista, nos regrese a las cavernas. Habr\u00eda que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.<\/p>\n<p>Fuente: El Pa\u00eds.com \/ 31\/07\/2011<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La imparable robotizaci\u00f3n humana por Internet cambiar\u00e1 la vida cultural y hasta c\u00f3mo opera nuestro cerebro. 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