{"id":22669,"date":"2012-11-15T20:13:38","date_gmt":"2012-11-16T00:13:38","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=22669"},"modified":"2012-11-15T20:13:39","modified_gmt":"2012-11-16T00:13:39","slug":"el-robo-de-maria-candela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=22669","title":{"rendered":"El robo de Mar\u00eda Candela"},"content":{"rendered":"<p><b>por David Arce<\/b><\/p>\n<p>Domingo Seminario muri\u00f3 ahogado en las aguas del r\u00edo Grande un s\u00e1bado 20 de marzo cuando reci\u00e9n cumpl\u00eda 18 a\u00f1os. Dos a\u00f1os antes, apenas a sus 16 a\u00f1os, escandaliz\u00f3 a todo Chulucanas cuando abandon\u00f3 la escuela y se rob\u00f3 a Mar\u00eda Candela, la \u00fanica profesora del pueblo, una mujer 18 a\u00f1os mayor que \u00e9l, y se la llev\u00f3 a vivir en una casa alquilada cerca de la panader\u00eda de Manongo Esteves, junto a la Plaza de Armas. De nada valieron los ruegos de la madre, do\u00f1a Doralisa Seminario, quien despu\u00e9s de muchos a\u00f1os de permanecer en Huancabamba, decidi\u00f3 cargar con sus siete hijos y regresar a Chulucanas a ver si por fin encontraba al hombre que le prometiera amor para siempre y la dejara embarazada cada vez que la visitaba. Do\u00f1a Doralisa Seminario se instal\u00f3 en una casa huerta junto a la casa de la abuela Mercedes y desde all\u00ed hizo hasta lo imposible para arrebatar a su hijo amado tan tiernito de las garras de esa vieja bruja solterona de Mar\u00eda Candela. De nada sirvieron los polvos de muerto que roci\u00f3 en la puerta de la casa de los concubinos, ni el mu\u00f1eco hecho con un calz\u00f3n de Mar\u00eda Candela, clavado de alfileres y enterrado en el camposanto una medianoche de luna llena. Tampoco sirvieron las amenazas. Los amantes eran una pareja muy s\u00f3lida a prueba de todo maleficio.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Doralisa Seminario solamente se qued\u00f3 tranquila cuando una tarde llena de sol, sin aire que refrescara, el propio Domingo Seminario, calzado con sus llanques gastados, alforja al hombro, se quit\u00f3 el sombrero de paja, sin reparar en los vecinos chismosos que asomaban sus cabezas por entre las puertas abiertas de sus casas. Alz\u00f3 la tranca de la casa de su madre y la encontr\u00f3 suspirando debajo del guabo desgranando frijol de palo para los pavos que correteaban a su alrededor.\u00a0 No hubo nadie que se enterara qu\u00e9 fue lo que hablaron esa tarde madre e hijo, pero los que lo vieron salir dijeron que ten\u00eda los ojos henchidos de emoci\u00f3n y de muchas l\u00e1grimas. Desde esa tarde no faltar\u00eda un d\u00eda en que do\u00f1a Doralisa Seminario anduviera y desanduviera las ocho cuadras que la separaban de la casa de su hijo llevando una canasta con v\u00edveres, y a\u00fan despu\u00e9s, cuando ellos se fueron a vivir pasando el puente del r\u00edo Grande, a la casa nueva, la que muchos a\u00f1os despu\u00e9s ser\u00eda llamada la Casa de los Cachorros.<\/p>\n<p>Si la ma\u00f1ana siguiente del robo fue un esc\u00e1ndalo y la noticia rodaba de boca en boca por la plaza, el mercado, los parques, las calles, y hasta por los chicher\u00edos de Chulucanas, las dos semanas que siguieron fueron tan escandalosas que hasta se form\u00f3 una comisi\u00f3n de vecinas honorables que recurrieron al juez, a la polic\u00eda y al cura.<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"22673\" data-permalink=\"https:\/\/encuentroalsur.com\/?attachment_id=22673\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/chuluscana.jpg?fit=259%2C194&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"259,194\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Chuluscana\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/chuluscana.jpg?fit=259%2C194&amp;ssl=1\" class=\"alignright size-full wp-image-22673\" title=\"Chuluscana\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/chuluscana.jpg?resize=259%2C194\" height=\"194\" width=\"259\" \/><\/p>\n<p>Algo demon\u00edaco deb\u00eda suceder en esa casa que trastoc\u00f3 el tiempo en la apacible Chulucanas, donde normalmente nada suced\u00eda. En los primeros d\u00edas era motivo de jolgorio y murmuraciones. Luego las bromas ya no eran bromas, los viejos con la cara seria se reun\u00edan en la plaza hablando todos al mismo tiempo, confundiendo lo que los otros dec\u00edan por la sordera cr\u00f3nica senil.<\/p>\n<p>Don Manongo Esteves carajeaba a los peones que lo ayudaban porque estos, en vez de continuar con las labores habituales de fabricar los diferentes y exquisitos panes de Chulucanas, se quedaban extasiados, a la hora de la madrugada, la mejor hora para hacer el pan, ante el extraordinario concierto de jadeos y quejidos, expresiones m\u00e1ximas de goce y placer que proven\u00edan de la casa vecina. Estas muestras de satisfacci\u00f3n postergaban la elaboraci\u00f3n del pan, que no sal\u00eda ni del horno ni de sus manos a la hora fijada. Largas colas se formaban delante de la panader\u00eda y, por la cara de embobados de los parroquianos, se ve\u00eda que no les importaba malgastar el tiempo esperando.<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente se form\u00f3 un Comit\u00e9 de Vecinas Honorables que elabor\u00f3 un largo petitorio, en el que pormenorizaban los estragos que causaba el concubinato al margen de la ley de Dios y de todas las reglas de la decencia. Dec\u00edan que sus maridos estaban diferentes despu\u00e9s de comer el pan de cada d\u00eda, que pose\u00eddos por alg\u00fan esp\u00edritu maligno las obligaban a hacer cochinadas en cualquier lugar de la casa, en los horarios m\u00e1s ins\u00f3litos y en posiciones m\u00e1s incre\u00edbles que aquellas vistas en los circos a la mujer goma. Llegaron a la conclusi\u00f3n que de no tomar medidas urgentes todos se ver\u00edan arrastrados en el remolino de la perdici\u00f3n y a la amenaza de una segunda expulsi\u00f3n del para\u00edso.<\/p>\n<p>El tiempo trastocado afectaba a todos, ni\u00f1os y adultos. Las noches ya no eran para dormir. Algunas de las vecinas honorables se revolv\u00edan en sus camas y maldec\u00edan la interrupci\u00f3n del sue\u00f1o, otras jalaban la bacinica que guardaban debajo de la cama y permanec\u00edan sentadas tragando saliva, aguijoneadas por la envidia. Exhortaban a los dem\u00e1s a que cambiaran de panader\u00eda, sin resultados tangibles. Los ni\u00f1os tampoco dorm\u00edan; se escapaban de sus casas y se reun\u00edan a jugar a las canicas con los checos y coquitos, a la luz de candiles; otros agarraban cualquier callana para jugar con las chapas de bebidas gaseosas.<\/p>\n<p>El Comit\u00e9 de Vecinas Honorables oblig\u00f3 a los ni\u00f1os a colocarse tapones de cera de pichilingues en las orejas. Esta especie de abejas enanas lleg\u00f3 casi a la extinci\u00f3n porque en el af\u00e1n de conseguir m\u00e1s cera, no reparaban en destruir las colmenas que estos insectos constru\u00edan bajo tierra. Pero el remedio fue peor que la enfermedad, porque los juegos de los ni\u00f1os ya no eran los mismos, no obedec\u00edan cuando se les llamaba y algunos fueron atropellados por las carretas haladas por burros. Los p\u00faberes aprovecharon para usar la cera para hacer m\u00e1s resistentes los hilos con que fabricaron las cometas que volaban en las noches con una vela encendida, ofreciendo un espect\u00e1culo luminoso impresionante nunca antes visto en la negrura de los cielos nocturnos de Chulucanas. Solamente reportaron un solo accidente, un incendio en el molino de arroz, donde hab\u00eda ca\u00eddo una cometa sobre un cerro enorme de tamo de arroz reci\u00e9n pilado y que por razones de las comunicaciones de la \u00e9poca, los bomberos demoraron cuatro d\u00edas en sofocarlo, y no porque demoraran realmente cuatro d\u00edas. En realidad lo sofocaron en media hora. Mientras las autoridades se comunicaron por telegrama con Piura y hac\u00edan los pedidos y confirmaciones, los bomberos demoraron cuatro d\u00edas en llegar. Eso s\u00ed, permanecieron veinte d\u00edas m\u00e1s entre reconocimientos, imposici\u00f3n de medallas, desfiles improvisados, bailes sociales, bingos y dem\u00e1s jolgorios, y entre tanta borrachera, se marcharon dejando olvidadas sus unidades y mangueras. Transcurrido un tiempo prudencial, don Juvenal Arellano aprovech\u00f3 para crear el primer Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Chulucanas, Yapatera, Morrop\u00f3n, La Encantada, La Matanza, y dem\u00e1s anexos.<\/p>\n<p>El Comit\u00e9 de Vecinas Honorables se reuni\u00f3 una vez por semana, y culparon de todas las calamidades a los amantes desnaturalizados. El cura se dedic\u00f3 primero a decir sermones durante las misas pero, como esto no le bastaba a la junta, le solicitaron, pidieron, exigieron, obligaron, a que fuera a hablar con el par de degenerados.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana en que el cura toc\u00f3 la puerta donde viv\u00edan \u2014o donde amaban\u2014 Domingo Seminario y Mar\u00eda Candela, escuch\u00f3 unos jadeos ahogarse entre risas y una voz de hombre bien vivido decir que la puerta estaba abierta. Dud\u00f3 por unos momentos y luego entr\u00f3. Demor\u00f3 en acostumbrarse a la oscuridad y vio que no hab\u00eda nadie; luego se abri\u00f3 la puerta del corral y una sombra femenina se escurri\u00f3 detr\u00e1s de unos canceles. En el corral, tendido, completamente desnudo, en una hamaca amarrada a dos tamarindos, estaba Domingo Seminario que, sin inmutarse ante la sotana, le se\u00f1al\u00f3 un tronco de cocotero que serv\u00eda de poyo para sentarse.<\/p>\n<p>\u2014Tome asiento, padre. \u00bfA qu\u00e9 se debe el honor de su visita? \u2014dijo con su voz gruesa y sonora. El cura se qued\u00f3 parado, mir\u00f3 el poyo y, sin decir nada, se retir\u00f3. Sab\u00eda que no lograr\u00eda nada hablando con el pecador. Tuvo una idea mejor, porque al d\u00eda siguiente el due\u00f1o de la casa les devolvi\u00f3 \u00edntegro el dinero de la mensualidad y les dijo a Domingo y a Mar\u00eda Candela que la casa ya no se alquilaba. Pero para no quedar mal con su conciencia les prometi\u00f3 una choza a tres kil\u00f3metros de Chulucanas, cruzando el r\u00edo Grande.<\/p>\n<p>Algunas beatas todav\u00eda cuentan, no sin antes santiguarse, que en las noches claras y di\u00e1fanas, aguzando el o\u00eddo, pod\u00edan escuchar el regocijo de los amantes en lontananza.<\/p>\n<p>Al mes de vivir en la choza, y al parecer saciado de los escarceos matutinos, Domingo Seminario emprendi\u00f3 la tarea de construir \u00e9l mismo la casa, pr\u00e1cticamente sin la ayuda de nadie, mientras Mar\u00eda Candela, con su risa escandalosa, se dedicaba a desbaratar lo avanzado. Aprovechaban las primeras horas frescas de la ma\u00f1ana para hacer adobes y acarrear madera de algarrobo que pon\u00edan a secar. Algunos caminantes disminu\u00edan el paso para escuchar la risa contagiante de felicidad de Mar\u00eda Candela.<\/p>\n<p>En el fondo de sus corazones, ambos amantes ten\u00edan la secreta esperanza de que alg\u00fan d\u00eda sus padres los perdonar\u00edan e ir\u00edan vivir junto a ellos con sus innumerables hermanos. Por eso Mar\u00eda Candela no se sorprendi\u00f3 de los m\u00faltiples cuartos que iban emergiendo alrededor de la pieza central. Domingo Seminario nunca se imaginar\u00eda que con el tiempo esa hermosa casa construida con sus propias manos y con su propio sudor ser\u00eda llamada La Casa de los Cachorros.<\/p>\n<p>No qued\u00f3 ninguna parte del cuerpo de ambos que no hubiera sido examinada escrupulosamente por el otro. Aparecieron manchitas y lunares nunca sospechados y, cuando Domingo Seminario lograba conciliar el sue\u00f1o entre cada batalla, Mar\u00eda Candela acariciaba el vientre de Domingo haciendo rulitos con los vellos pubianos.<\/p>\n<p>Nunca nadie supo el motivo por el que, despu\u00e9s de tanto escarceo, Mar\u00eda Candela no saliera embarazada en los dos a\u00f1os que siguieron.<\/p>\n<p>Dos semanas antes de que Domingo Seminario muriera ahogado en el r\u00edo, Mar\u00eda Candela sinti\u00f3 el ulular agorero de una lechuza taladrar su coraz\u00f3n insomne y esa noche tampoco pudo conciliar el sue\u00f1o. Pareciera que la inminencia de un desenlace fatal desat\u00f3 una febril apetencia por los juegos amorosos, los cuales eran correspondidos por Domingo, que en el culmen del placer se abandonaba a los requerimientos ins\u00f3litos de Mar\u00eda Candela.<\/p>\n<p>El d\u00eda en que Domingo Seminario muri\u00f3 ahogado en el r\u00edo, al salir temprano por la ma\u00f1ana, antes de que el sol empapara de colores el valle, vio la sombra de un gato negro cruzar la puerta. Y se dijo: \u00abCuando regrese, le dir\u00e9 a Mar\u00eda que le ponga un taz\u00f3n de leche fresca para ver si se acostumbra a nuestra casa\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde tropez\u00f3 con la escalera que estaba apoyada en una de las paredes y casi lo desnuc\u00f3 una teja que cay\u00f3 del techo. Le puso los arreos al burro y carg\u00f3 de hierba la carreta. Por el camino vio una putilla, un ave de pecho rojo, que le daba las espaldas. Solo atin\u00f3 a santiguarse en forma autom\u00e1tica, porque en Chulucanas es considerado un signo de mal ag\u00fcero toparse con una putilla que est\u00e1 de espaldas. Hubiera preferido encontrarla de pechito y creer que algo bueno le esperar\u00eda en el resto del d\u00eda. Mir\u00f3 el sol que ca\u00eda como plomo hirviendo, se ajust\u00f3 el sombrero de paja y se puso a silbar una canci\u00f3n antigua, de su ni\u00f1ez, que cre\u00eda ya olvidada.<\/p>\n<p>No hab\u00eda terminado de pasar el puente cuando vio a cuatro ni\u00f1os ba\u00f1\u00e1ndose en el r\u00edo y uno de ellos parec\u00eda que se ahogaba y la corriente lo estaba llevando. Uno a uno, los dem\u00e1s se lanzaron desde la pe\u00f1a para salvarlo, al parecer sin suerte porque dos veces vio hundirse la cabeza del ni\u00f1o. Sin dudarlo, sin quitarse las ropas, Domingo Seminario se lanz\u00f3 desde el puente hacia el lugar donde lo hab\u00eda visto desaparecer, toc\u00f3 un pie y se le escurri\u00f3, abri\u00f3 los ojos y no ve\u00eda nada por la turbidez del agua. Iba a tomar aire cuando volvi\u00f3 a tocar un pie y esta vez lo agarr\u00f3 con fuerza y lo llev\u00f3 a la orilla. Quiso descansar un poco y no vio a los otros. Volvi\u00f3 a zambullirse y esta vez fue m\u00e1s f\u00e1cil. Volvi\u00f3 por el tercero y tambi\u00e9n lo llev\u00f3 a salvo a la orilla. Cuando regres\u00f3 por el cuarto se desesper\u00f3 por no encontrarlo y se dirigi\u00f3 adonde vio un peque\u00f1o remolino y unas burbujas emerger por la superficie del agua. Toc\u00f3 unos cabellos que hal\u00f3 con fuerza y lo lanz\u00f3 a la orilla. Cuando quiso salir sinti\u00f3 un doloros\u00edsimo calambre en la barriga que se le extend\u00eda hasta la pierna derecha. Pens\u00f3 en Mar\u00eda Candela y, con una mueca de desesperaci\u00f3n y angustia, se hundi\u00f3 para siempre entre las aguas. Nunca sabr\u00eda que hab\u00eda salvado a los Cachorros.<\/p>\n<p>La gente volvi\u00f3 a hablar de Domingo Seminario durante varios d\u00edas. Unas nubes negras amenazaban en el cielo mientras un silencio viscoso se desparramaba por todas partes. Algunos iban a darle el p\u00e9same a la madre; otros, los m\u00e1s, iban donde Mar\u00eda Candela, que parec\u00eda una flor marchita mirando las aguas del r\u00edo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una semana de b\u00fasqueda infructuosa a alguien se le ocurri\u00f3 recurrir a la vieja costumbre de usar calabazas partidas por la mitad, con una prenda del desaparecido dentro de ellas y una vela al centro, y las lanzaron a las aguas del r\u00edo.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como encontraron el cuerpo de Domingo Seminario, cuando una de esas calabazas se empecinaba en girar sobre el mismo sitio a pesar de que la corriente continuaba con fuerza. Alguien dio la voz de que el cuerpo se hab\u00eda atascado en un ramaje por debajo de las aguas y lograron sacarlo. Estaba irreconocible, completamente hinchado, con la lengua afuera, las manos picoteadas por los peces, la barriga inflada a reventar con unas vetas verdes, apenas sostenida por una vieja correa, y con un hongo de espuma sobre la nariz.<\/p>\n<p>Le avisaron a Mar\u00eda Candela y ella se neg\u00f3 a verlo. En vez de luto, se puso el vestido rojo que m\u00e1s le gustaba a su marido y se encerr\u00f3 en su casa.<\/p>\n<p>Don Her\u00e1clito Seminario fue el encargado de realizar la necropsia.<\/p>\n<p>\u00a9David Arce<\/p>\n<p>Primer premio del concurso nacional del CMP del Per\u00fa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por David Arce Domingo Seminario muri\u00f3 ahogado en las aguas del r\u00edo Grande un s\u00e1bado 20 de marzo cuando reci\u00e9n cumpl\u00eda 18 a\u00f1os. 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