{"id":28550,"date":"2015-01-04T01:06:04","date_gmt":"2015-01-04T05:06:04","guid":{"rendered":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=28550"},"modified":"2015-01-05T18:45:49","modified_gmt":"2015-01-05T22:45:49","slug":"el-rio-seco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=28550","title":{"rendered":"El R\u00edo Seco"},"content":{"rendered":"<p><strong>por Roberto L\u00f3pez<\/strong><\/p>\n<p>El olor a p\u00f3lvora todav\u00eda circulaba el aire cuando Guillo Mono regres\u00f3 de Cerrillo con una hermosa piedra, de color amarillo lat\u00f3n que estaba rajada por la mitad.<\/p>\n<p>A mi amigo G\u00fcis\u00edn no le qued\u00f3 una chispa de duda que aquello era oro.<\/p>\n<p>Atr\u00e1s quedaron las fracasadas y ciegas\u00a0 excursiones sabatinas en busca de La cueva del indio. Ese s\u00e1bado nos arrojamos a la desesperada b\u00fasqueda del preciado metal y fuimos para el Cerrillo donde dinamitaban los montes para construir la autopista. All\u00ed con cada explosi\u00f3n, el oro parec\u00eda caer del cielo y llenamos dos sacos de piedras hermosas.<\/p>\n<p>Quer\u00edamos regresar antes que cayera la noche y nos cruzara el paso el l\u00e1tigo negro, el jacho centeno o un chulo con corva en mano. Por eso enterramos el tesoro y marcamos el escondite con osamenta y mierda de vaca y regresamos de prisa para El Malec\u00f3n.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente recogimos nuestra fortuna y bajo el candente sol arrastramos aquellos sacos de piedra por 5 horas desde Las Mar\u00edas hasta Borinquen. El r\u00edo seco era como un desierto y remolinos de arena castigaban nuestras caras hiriendo los ojos y la boca.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si era la fiebre de oro o la sed, pero G\u00fcisin deliraba cuando dijo que iba a comprar un unicornio de color negro azabache, con silla de plata y riendas de oro para ir a Las Ochenta a conquistar unas\u00a0 muchachas guerreras, que seg\u00fan Guillo Mono, ten\u00edan la piel canela, los labios carnosos, el pelo sedoso y unas curvas de diosa.\u00a0\u00a0 Yo ten\u00eda los pies firmes sobre la tierra, y solo entreten\u00eda la idea de ir para las machinas y comprar cien taquillas para m\u00ed y para Nancy, una rubia del caser\u00edo que me ten\u00eda loco y la que siempre quise que se montara en el gusano conmigo en pos de un primer beso.<\/p>\n<p>Dejamos de hablar aquellos disparates de buc\u00e9falos y amazonas cuando divisamos, con la ansiedad del que \u00a0descubre un oasis, una humilde casa a la entrada de Borinquen, donde una se\u00f1ora de porte agradable vend\u00eda guarapo de ca\u00f1a envasado en canecas. Llegamos hasta all\u00ed y pedimos tres canecas para cada uno y ofrecimos pagar con una piedra que seguro era suficiente para que ella se comprara una lavadora de ropa, una estufa de gas, un traje nuevo y con todo y eso le sobrar\u00eda un mont\u00f3n.<\/p>\n<p>Ella en cambio, nos regal\u00f3 una sonrisa y una caneca del delicioso n\u00e9ctar y llam\u00f3 a Pa\u00edto para que fuera el ministro de las malas noticias. Pa\u00edto era un melonero que hab\u00eda viajado mucho.\u00a0 En esos viajes por los campos del norte adquiri\u00f3 mucha sabidur\u00eda y era gran conocedor de metales preciosos, cosa que atestiguaba su dentadura de oro que cuando \u00e9l se re\u00eda, opacaba al sol.<\/p>\n<p>Y se nos nubl\u00f3 el cielo por su risotada despu\u00e9s que nos dijo que las piedras eran oro del bobo.<\/p>\n<p>No todo fue perdido, pues la viejita nos compr\u00f3 los dos sacos de piedra por cincuenta centavos. Y le ayudamos a espetar en la tierra una vara de junco que us\u00f3 para ondear orgullosamente una bandera verde y blanca que le trajo Cachola el independentista. Las piedras y sus destellos de esperanza sirvieron de base y apoyo para que el junco jam\u00e1s se doblegara ante los vientos del norte.<\/p>\n<p>De regreso al Malec\u00f3n vi a Nancy montada en el \u201cmanubrio\u201d de la bicicleta de Josecito.\u00a0 Y con el coraz\u00f3n roto fui y le pregunt\u00e9 a Guillo Mono si era verdad lo de las amazonas en Las Ochenta.<\/p>\n<p>\u00a9Roberto L\u00f3pez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Roberto L\u00f3pez El olor a p\u00f3lvora todav\u00eda circulaba el aire cuando Guillo Mono regres\u00f3 de Cerrillo con una hermosa piedra, de color amarillo lat\u00f3n que estaba rajada por la mitad. A mi amigo G\u00fcis\u00edn no le qued\u00f3 una chispa de duda que aquello era oro. 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