{"id":30003,"date":"2015-12-24T08:46:19","date_gmt":"2015-12-24T12:46:19","guid":{"rendered":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=30003"},"modified":"2015-12-24T08:46:19","modified_gmt":"2015-12-24T12:46:19","slug":"santa-clo-va-a-la-cuchilla-por-abelardo-diaz-alfaro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=30003","title":{"rendered":"Santa Clo va a la Cuchilla \/ por Abelardo D\u00edaz Alfaro"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Un cl\u00e1sico de la literatura puertorrique\u00f1a<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El rojo de una bandera tremolando sobre una bamb\u00faa se\u00f1alaba la escuelita de Peyo Merc\u00e9. La escuelita ten\u00eda dos salones separados por un largo tabique. En uno de esos salones ense\u00f1aba ahora un nuevo maestro: Mister Johnny Rosas.<\/p>\n<p>Desde el lamentable incidente en que Peyo Merc\u00e9 lo hizo quedar mal ante Mr. Juan Gymns, el supervisor crey\u00f3 prudente nombrar otro maestro para el barrio La Cuchilla que ense\u00f1ara a Peyo los nuevos m\u00e9todos pedag\u00f3gicos y llevara la luz del progreso al barrio en sombras.<\/p>\n<p>Llam\u00f3 a su oficina al joven y aprovechado maestro Johnny Rosas, reci\u00e9n graduado y que hab\u00eda pasado su temporadita en los Estados Unidos, y solemnemente le dijo: &#8220;Oye, Johnny, te voy a mandar al barrio La Cuchilla para que lleves lo \u00faltimo que aprendiste en pedagog\u00eda. Ese Peyo no sabe ni jota de eso; est\u00e1 como cuarenta a\u00f1os atrasado en esa materia. Trata de cambiar las costumbres y, sobre todo, debes ense\u00f1ar mucho ingl\u00e9s, mucho ingl\u00e9s.&#8221;<\/p>\n<p>Y un d\u00eda Peyo Merc\u00e9 vio repechar en viejo y cansino caballejo la cuesta de la escuela al nuevo maestrito. No hubo en \u00e9l resentimiento. Sinti\u00f3 hasta un poco de conmiseraci\u00f3n y se dijo: &#8220;Ya la vida le ir\u00e1 trazando surcos como el arado a la tierra.&#8221;<\/p>\n<p>Y orden\u00f3 a unos jibaritos<strong><em>\u00a0<\/em><\/strong>que le quitaran los arneses al caballo y se lo echaran a pastar.<\/p>\n<p>Peyo sab\u00eda que la vida aquella iba a ser muy dura para el jovencito. En el campo se pasa mal. La comida es pobre: arroz y habichuelas, mojo, avapenes, arencas de agua, bacalao, sopa larga y mucha agua para rellenar. Los caminos casi intransitables, siempre llenos de &#8220;tanques&#8221;. Hay que ba\u00f1arse en la quebrada y beber agua de lluvia. Peyo Merc\u00e9 ten\u00eda que hacer sus planes a la luz oscilante de un quinqu\u00e9 o de un jacho de tabonuco.<\/p>\n<p>Johnny Rosas se aburr\u00eda cuando llegaba la noche. Los cerros se iban poniendo negros y fantasmales. Una que otra lucecita prend\u00eda su gui\u00f1o tenue y amarillento en la monoton\u00eda sombrosa del paisaje. Los coqu\u00edes punzaban el coraz\u00f3n de la noche. Un gallo suspend\u00eda su cantar lento y tremolante. A lo lejos un perro estiraba un aullido doliente al florecer de las estrellas.<\/p>\n<p>Y Peyo Merc\u00e9 se iba a jugar baraja y domin\u00f3 a la tiendita de Tano.<\/p>\n<p>Johnny Rosas le dijo un d\u00eda a Peyo: &#8220;Este barrio est\u00e1 muy atrasado. Tenemos que renovarlo. Urge traer cosas nuevas. Sustituir lo tradicional, lo caduco. Recuerda las palabras de Mr. Escalera: Abajo la tradici\u00f3n. Tenemos que ense\u00f1ar mucho ingl\u00e9s y copiar las costumbres del pueblo americano&#8221;.<\/p>\n<p>Y Peyo, sin afanarse mucho, gote\u00f3 estas palabras: &#8220;Es verdad, el ingl\u00e9s es bueno y hace falta. Pero, \u00a1bendito! si es que ni el espa\u00f1ol sabemos pronunciar bien. Y con hambre el ni\u00f1o se embrutece. La zorra le dijo una vez a los caracoles: &#8216;Primero tienen ustedes que aprender a andar para despu\u00e9s correr.'&#8221;<\/p>\n<p>Y Johnny no entendi\u00f3 lo que Peyo quiso decirle.<\/p>\n<p>El tabacal se anim\u00f3 un poco. Se aproximaban las fiestas de Navidad. Ya Peyo hab\u00eda visto con simpat\u00eda a uno de sus disc\u00edpulos haciendo tiples y cuatros de cedro y yagrumo. Estas fiestas tra\u00edan recuerdos gratos de tiempos idos. Tiempos de la reyada, tiempos de comparsa. Entonces el tabaco se vend\u00eda bien. Y la &#8220;arrelde&#8221; de carne de cerdo se enviaba a los vecinos en misiva de compadrazgo. Y todav\u00eda le parec\u00eda escuchar aquel aguinaldo:<\/p>\n<p>Esta casa tiene<strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><br \/>\nLa puerta de acero,<strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><br \/>\nY el que vive en ella<strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><br \/>\nEs un caballero.<\/p>\n<p>Caballero que ahora languidec\u00eda como un morir de luna sobre los bucayos.<\/p>\n<p>Y Johnny Rosas sac\u00f3 a Peyo de su enso\u00f1aci\u00f3n con estas palabras: &#8220;Este a\u00f1o har\u00e1 su debut en La Cuchilla Santa Claus. Eso de los Reyes est\u00e1 pasando de moda. Eso ya no se ve mucho por San Juan. Eso pertenece al pasado. Invitar\u00e9 a Mr. Rogelio Escalera para la fiesta; eso le halagar\u00e1 mucho.&#8221;<\/p>\n<p>Peyo se rasc\u00f3 la cabeza, y sin apasionamiento respondi\u00f3: &#8220;All\u00e1 t\u00fa como Juana con sus pollos. Yo como soy j\u00edbaro y de aqu\u00ed no he salido, eso de los Reyes lo llevo en el alma. Es que nosotros los j\u00edbaros sabemos oler las cosas como olemos el bacalao.&#8221;<\/p>\n<p>Y se dio Johnny a preparar mediante unos proyectos el camino para la &#8220;Gala Premiere&#8221; de Santa Claus en La Cuchilla. Johnny mostr\u00f3 a sus disc\u00edpulos una l\u00e1mina en que aparec\u00eda Santa Claus desliz\u00e1ndose en un trineo tirado por unos renos. Y Peyo, que a la saz\u00f3n se hab\u00eda detenido en el umbral de la puerta que divid\u00eda los salones, a su vez se imagin\u00f3 otro cuadro: un j\u00edbaro jincho y viejo montado en una yagua arrastrada por unos cabros.<\/p>\n<p>Y mister Rosas pregunt\u00f3 a los jibaritos: &#8220;\u00bfQui\u00e9n es este personaje?&#8221; Y Benito, &#8220;avispao&#8221; y &#8220;maleto&#8221; como \u00e9l solo, le respondi\u00f3: &#8220;M\u00edstel, ese es a\u00f1o viejo colorao.&#8221;<\/p>\n<p>Y Johnny Rosas se admir\u00f3 de la ignorancia de aquellos muchachitos y a la vez se indign\u00f3 por el descuido de Peyo Merc\u00e9.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 la noche de la Navidad. Se invit\u00f3 a los padres del barrio.<\/p>\n<p>Peyo en su sal\u00f3n hizo una fiestecita t\u00edpica, que qued\u00f3 la mar de lucida. Unos jibaritos cantaban coplas y aguinaldos con acompa\u00f1amiento de tiples y cuatros. Y para finalizar aparec\u00edan los Reyes Magos, mientras el viejo trovador Sim\u00f3n versaba sobre &#8220;Ellos van y vienen, y nosotros no.&#8221; Reparti\u00f3 arroz con dulce y bombones, y los muchachitos se intercambiaron &#8220;enga\u00f1itos&#8221;.<\/p>\n<p>Y Peyo indic\u00f3 a sus muchachos que pasar\u00edan al sal\u00f3n de Mr. Johnny Rosas, que les ten\u00eda una sorpresa, y hasta hab\u00eda invitado al supervisor Mr. Rogelio Escalera.<\/p>\n<p>En medio del sal\u00f3n se ve\u00eda un arbolito artificial de Navidad. De estante a estante colgaban unos cordones rojos. De las paredes pend\u00edan coronitas de hojas verdes y en el centro un fruto encarnado. En letras cubiertas de nieve se pod\u00eda leer: &#8220;Merry Christmas&#8221;. Todo estaba cubierto de escarcha.<\/p>\n<p>Los compadres miraban at\u00f3nitos todo aquello que no hab\u00edan visto antes. Mister Rogelio Escalera se ve\u00eda muy complacido.<\/p>\n<p>Unos ni\u00f1os subieron a la improvisada plataforma y formaron un acr\u00f3stico con el nombre de Santa Claus. Uno relat\u00f3 la vida de Noel y un coro de ni\u00f1os enton\u00f3 &#8220;Jingle Bells&#8221;, haciendo sonar unas campanitas. Y los padres se miraban unos a otros asombrados. Mister Rosas se ausent\u00f3 un momento. Y el supervisor Rogelio Escalera habl\u00f3 a los padres y ni\u00f1os felicitando al barrio por tan bella fiestecita y por tener un maestro tan activo y progresista como lo era Mister Rosas.<\/p>\n<p>Y Mister Escalera requiri\u00f3 de los concursantes el m\u00e1s profundo silencio, porque pronto les iba a presentar a un extra\u00f1o y misterioso personaje. Un corito inmediatamente rompi\u00f3 a cantar:<\/p>\n<p>Santa Claus viene ya&#8230;<strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 lento caminar!<strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><br \/>\nTic, tac, tic, tac.<\/p>\n<p>Y de pronto surgi\u00f3 en el umbral de la puerta la rojiblanca figura de Santa Claus con un enorme saco a cuestas, diciendo en voz cavernoso: &#8220;Here is Santa, Merry Christmas to you all!&#8221;<\/p>\n<p>Un grito de terror hizo estremecer el sal\u00f3n. Unos campesinos se tiraron por las ventanas, los ni\u00f1os m\u00e1s peque\u00f1os empezaron a llorar y se pegaban a las faldas de las comadres, que corr\u00edan en desbandada. Todos buscaban un medio de escape. Y Mister Rosas corri\u00f3 tras ellos, para explicarles que \u00e9l era quien se hab\u00eda vestido de tan extra\u00f1a forma; pero entonces aumentaba el griter\u00edo y se hac\u00eda m\u00e1s agudo el p\u00e1nico. Una vieja se persign\u00f3 y dijo: &#8220;\u00a1Conjurao sea! Si es el mesmo demonio jablando en americano!&#8221;<\/p>\n<p>El supervisor hac\u00eda in\u00fatiles esfuerzos por detener a la gente y clamaba desaforadamente: &#8220;No corran; no sean puertorrique\u00f1os batatitas. Santa Claus es un hombre humano y bueno.&#8221;<\/p>\n<p>A lo lejos se escuchaba el griter\u00edo de la gente en desbandada. Y m\u00edster Escalera, viendo que Peyo Merc\u00e9 hab\u00eda permanecido indiferente y hier\u00e1tico, vaci\u00f3 todo su rencor en \u00e9l y le increp\u00f3 a voz en cuello: &#8220;Usted, Peyo Merc\u00e9, tiene la culpa de que en pleno siglo veinte se den en este barrio esas salvajadas.&#8221;<\/p>\n<p>Y Peyo, sin inmutarse, le contest\u00f3: &#8220;M\u00edster Escalera, yo no tengo la culpa de que ese santito no est\u00e9 en el santoral puertorrique\u00f1o.&#8221;<\/p>\n<p>Abelardo D\u00edaz Alfaro<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cl\u00e1sico de la literatura puertorrique\u00f1a El rojo de una bandera tremolando sobre una bamb\u00faa se\u00f1alaba la escuelita de Peyo Merc\u00e9. La escuelita ten\u00eda dos salones separados por un largo tabique. En uno de esos salones ense\u00f1aba ahora un nuevo maestro: Mister Johnny Rosas. 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