{"id":32083,"date":"2018-05-03T21:51:22","date_gmt":"2018-05-04T01:51:22","guid":{"rendered":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=32083"},"modified":"2021-04-10T08:37:29","modified_gmt":"2021-04-10T12:37:29","slug":"la-protuberancia-un-cuento-de-la-calle-por-jose-santiago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=32083","title":{"rendered":"La protuberancia : un cuento de la calle \/ por Jos\u00e9 Pepo Santiago"},"content":{"rendered":"<p>Cumplidos sus siete a\u00f1os, Mercedes, fue removida del hogar de sus padres por una agencia de gobierno expertos en relaciones de familia. Vivi\u00f3 once a\u00f1os en diferentes hogares sustitutos sin conocer del paradero de sus dos hermanos, ni de sus padres.&nbsp; Fueron tiempos dif\u00edciles fuera del calor familiar y sin nadie en quien confiar.<\/p>\n<p>A su mayor\u00eda de edad se matricul\u00f3 en un curso de enfermer\u00eda, gracias a las gestiones de una instituci\u00f3n sin fines de lucro. Completada la parte te\u00f3rica, es asignada a una entidad hospitalaria a completar la pr\u00e1ctica que le permitir\u00eda completar una certificaci\u00f3n en enfermer\u00eda.<\/p>\n<p>Cada domingo, luego del culto religioso, Juan Antonio acompa\u00f1aba a su abuelo a la panader\u00eda que ubicaba a varias cuadras. Aun cuando disfrutaba a plenitud aquellos suculentos emparedados, siempre ten\u00eda la misma molestia al salir. El mendigo hambriento, parado justamente a la salida del concurrido comercio con su mano extendida pidiendo dinero; su ropa ra\u00edda, calzando tenis rotas y tan sucias como su cuerpo. Desali\u00f1ado, mugriento y de aspecto asqueante era una molestia para muchos parroquianos. Juan Antonio siempre evit\u00f3 mirarlo al salir y conten\u00eda la respiraci\u00f3n para evitar el pestilente olor, ignorando a su vez aquel pedido de ayuda para saciar el hambre.<\/p>\n<p>El abuelo pas\u00f3 a ser de un buen cristiano a un extremista; cambi\u00f3 su profunda fe cristiana por fanatismo religioso. El poco tiempo que dedic\u00f3 a su nieto, no fue suficiente ante su necesidad de cari\u00f1o. La falta de atenci\u00f3n, la poca comunicaci\u00f3n y sin direcci\u00f3n para mantenerse en el camino correcto lo fueron desviando.<\/p>\n<p>Luego del divorcio de sus padres, su pap\u00e1 emigr\u00f3 a los Estados Unidos y su madre se uni\u00f3 a un malandro quien nunca acept\u00f3 a su hijo. Juan Antonio queda bajo la custodia de su abuelo, quien viejo y cansado trat\u00f3 de imponerle la religi\u00f3n para mantenerlo en el camino del bien. Cuando se trata de imponer en vez de convencer, los resultados son nefastos. La religi\u00f3n lo asque\u00f3 y con los amigos de la calle su futuro descarril\u00f3.<\/p>\n<p>Libre como el viento, la calle le ofreci\u00f3 lo que a muchos j\u00f3venes; una vida de lujos y comodidades sin mucho esfuerzo, a cambio de una corta existencia. Autos de lujo, dinero en abundancia, mujeres despampanantes y la envidia de otros j\u00f3venes quienes con el tiempo los emularan.<\/p>\n<p>Agonizando en una camilla de aquella instituci\u00f3n hospitalaria, \u00faltima oportunidad para personas en condiciones de salud cr\u00edtica, Juan Antonio, comienza a divagar. Llegan a su memoria recuerdos de lo ocurrido, cuando fue emboscado por dos gatilleros que dos d\u00edas antes hab\u00edan tratado de liquidarlo. Su reacci\u00f3n inmediata fue correr tan r\u00e1pido como sus piernas se lo permitieran. Sinti\u00f3 un leve ardor y un olor a carne quemada cuando aquella primera bala penetr\u00f3 su costado. Un segundo proyectil traspas\u00f3 su muslo derecho dej\u00e1ndolo tendido en el pavimento, justo frente a la puerta de la panader\u00eda donde cada domingo com\u00eda suculentos emparedados. Se arrastr\u00f3 hasta la puerta tratando de encontrar acceso a su interior, mas esta hab\u00eda sido cerrada con llave. Las marcas de sus manos ensangrentadas sobre la puerta de cristal; la soledad que lo invadi\u00f3, la sensaci\u00f3n de abandono en la que se encontraba y luego sentirse arrastrado fueron sus \u00faltimos recuerdos.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde estaba; c\u00f3mo lleg\u00f3 a ese lugar? \u00bfQui\u00e9n era la joven vestida de blanco parada frente a \u00e9l? No sent\u00eda su cuerpo, como si solo su cabeza estuviera en la camilla. Un miedo terrible lo invadi\u00f3, l\u00e1grimas rodaron por sus mejillas. Desconoc\u00eda si estaba vivo o luchando por su vida, por primera vez sinti\u00f3 la necesidad de Dios en su existencia, creer en \u00c9l y en sus promesas de sanaci\u00f3n y salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Dios m\u00edo, si estoy vivo sana mis heridas, te lo suplico. Si estoy muerto, no permitas que arda en el infierno, cond\u00faceme a la tierra prometida, perd\u00f3name mi Dios. Luego de estas \u00faltimas palabras, sinti\u00f3 que se ahogaba, el aire no le llegaba, no pod\u00eda respirar. En ese momento comprendi\u00f3 que estaba vivo y la expresi\u00f3n de terror reflejada en su rostro asust\u00f3 de tal manera a la joven que lo acompa\u00f1aba, quien en su desesper\u00f3 cerr\u00f3 ambos pu\u00f1os y lo golpe\u00f3 en el pecho. Los co\u00e1gulos de sangre vomitados permitieron la entrada de aire a sus pulmones y el regreso a la vida. Entendi\u00f3 que Dios le hab\u00eda concedido una nueva oportunidad.<\/p>\n<p>Su recuperaci\u00f3n tard\u00f3 meses. Tiempo de reflexi\u00f3n, de lecci\u00f3n de vida y de un nuevo comienzo. Mercedes, la joven enfermera, que salv\u00f3 su vida cuando golpe\u00f3 su pecho y quien lo acompa\u00f1\u00f3 en su larga estad\u00eda en el hospital es hoy su esposa. El mendigo de todos los domingos frente a la panader\u00eda, que tanto le asqueaba y a quien nunca le brind\u00f3 ayuda para mitigar su hambre; fue quien lo arrastr\u00f3 a la calle. All\u00ed oblig\u00f3 a una joven conductora a detenerse, lo subi\u00f3 ensangrentado al asiento trasero y lo condujeron a sala de emergencias. Aquella protuberancia que observ\u00f3 su esposa en el cuello, es el plomo de la tercera bala, de la cual no sab\u00eda ni hab\u00eda sentido cuando entr\u00f3 por su boca, destrozando parte de su dentadura y aloj\u00e1ndose en la cervical tan cerca de la columna vertebral que imposibilit\u00f3 su extracci\u00f3n. Qued\u00f3 en su cuello como diario recordatorio de lo ocurrido el d\u00eda que Dios cambi\u00f3 sus vidas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a9 Jos\u00e9 Santiago, Sebastiopolo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cumplidos sus siete a\u00f1os, Mercedes, fue removida del hogar de sus padres por una agencia de gobierno expertos en relaciones de familia. Vivi\u00f3 once a\u00f1os en diferentes hogares sustitutos sin conocer del paradero de sus dos hermanos, ni de sus padres.&nbsp; Fueron tiempos dif\u00edciles fuera del calor familiar y sin nadie en quien confiar. 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