{"id":32254,"date":"2018-08-03T06:30:22","date_gmt":"2018-08-03T10:30:22","guid":{"rendered":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=32254"},"modified":"2018-08-03T06:31:41","modified_gmt":"2018-08-03T10:31:41","slug":"colonialismo-genocidio-ambiental-y-luchas-comunitarias-en-el-sureste-de-puerto-rico-rafael-rodriguez-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=32254","title":{"rendered":"Colonialismo, genocidio ambiental y luchas comunitarias en el sureste de Puerto Rico \/ Rafael Rodr\u00edguez Cruz"},"content":{"rendered":"<div class=\"_3-8j\">\n<div class=\"_5r69 _sds _1hvl\">\n<div class=\"mts\">\n<div class=\"mtm _5pcm\">\n<div class=\"mtm _5pco\">\n<div id=\"id_5b642b447e5a26b79238639\" class=\"text_exposed_root text_exposed\">\n<p>Dicen que mi generaci\u00f3n fue de las pocas en disfrut<span class=\"text_exposed_show\">ar un poco de prosperidad en la comarca de Guayama y el sureste de Puerto Rico en el siglo XX. Algo de verdad quiz\u00e1s tiene la aseveraci\u00f3n. Entre 1955 y 1972, Guayama y los pueblos del sur disfrutaron de una aparente primavera econ\u00f3mica, resultante de la llegada del gran capital industrial moderno a Puerto Rico. Una de las industrias m\u00e1s importantes, para el desarrollo de mi generaci\u00f3n, fue la Univis Corporation, que fabricaba lentes b\u00e1sicos en Guayama y los exportaba al mercado estadounidense. La f\u00e1brica Univis estaba en la salida hacia el pueblo costero de Salinas y, al menos hasta fines de la d\u00e9cada de los sesenta, parec\u00eda inamovible. Al otro lado del pueblo, saliendo para Arroyo estaban las plantas textiles, incluyendo las f\u00e1bricas conocidas como la Americana y Angela Corporation. La verdadera gran inversi\u00f3n de capital industrial, sin embargo, ocurri\u00f3 en las afueras de Guayama, en el \u00e1rea de la laguna de Jobos y Pozuelo. Nos referimos a la llegada de la Phillips Corporation y el inicio de la fase de predominio de las industrias qu\u00edmicas y petroqu\u00edmicas transnacionales en el sureste. El cultivo de ca\u00f1a vendr\u00eda a ser un fen\u00f3meno del pasado, y pronto las centrales de la regi\u00f3n dejar\u00edan de funcionar.<\/span><\/p>\n<div class=\"text_exposed_show\">\n<p>A pesar de la r\u00e1pida transici\u00f3n de la agricultura a la gran industria, mi generaci\u00f3n sinti\u00f3 que muy poco cambiaba en este pueblo en que, al decir de Luis Pal\u00e9s Matos, la gente se mor\u00eda de hacer nada. La lentitud de la vida social era algo asfixiante. Guayama, con o sin la Phillips, segu\u00eda siendo Guayama. Al menos, as\u00ed se sent\u00eda. Todo alrededor nuestro tend\u00eda hacia la inercia y nuestras vidas se consum\u00edan en una especie de maleficio que nos condenaba a movernos circularmente. De hecho, as\u00ed era que la juventud efectuaba los recorridos de coqueteo en la plaza de recreo, durante las fiestas patronales; en un c\u00edrculo perfecto en contra del reloj.<\/p>\n<p>Algunos comentaristas leen apresuradamente a Pal\u00e9s, y le atribuyen la inercia cultural de Guayama solo a la hispanofilia de las clases dominantes. Nuestro poeta, sin embargo, era un mago de las im\u00e1genes l\u00edricas. \u00c9l sab\u00eda, por ejemplo, que la lentitud del tiempo en el sureste de Puerto Rico ya estaba all\u00ed mucho antes de la colonizaci\u00f3n. Por eso, no es recomendable leer el poema Pueblo, sin antes leer Topograf\u00eda. Entre uno y otro hay una conexi\u00f3n de causalidad.<\/p>\n<p>El sureste<\/p>\n<p>Aceptemos, de entrada, que el sureste de Puerto Rico, toda esa regi\u00f3n que va de Salinas a Patillas, es un \u00e1rea de contrastes extremos y magn\u00edficos. En la costa predomina la aridez y la marisma seca, al menos exteriormente. En las lomas, y de manera muy selectiva, hay zonas que parecen bosques tropicales. Este es el caso de la ladera sur de los montes de Carite, as\u00ed como de las elevaciones de Guaman\u00ed y del curso del r\u00edo Patillas, desde la poza de la curva hasta el lago.<\/p>\n<p>En 1898, apenas ocurrida la invasi\u00f3n militar, el ge\u00f3logo y explorador estadounidense Robert Hill visit\u00f3 la regi\u00f3n del sureste de Puerto Rico. Buscaba minerales para la explotaci\u00f3n por las compa\u00f1\u00edas de su pa\u00eds. A su alrededor, solo vio un paisaje de terrenos secos, \u00e1rboles de cactus, arenas y pedregales. Dotado de un poder de observaci\u00f3n sin par, no le tom\u00f3 m\u00e1s de un minuto en rendir juicio sobre lo que vio: \u00abAqu\u00ed no hay minerales, pero sobra el agua subterr\u00e1nea; bastar\u00eda con hundir un palo en la tierra para comprobarlo\u00bb. Originario de Texas, y famoso por haber descubierto los grandes acu\u00edferos del sur de Estados Unidos, Hill sinti\u00f3 una experiencia de deja-vu. Estaba, a su juicio, encima de un gran acu\u00edfero, con un potencial enorme para la agricultura. Efectivamente, en 1898 Hill detect\u00f3 uno de los dep\u00f3sitos m\u00e1s importantes de lo que hoy se conoce hidrol\u00f3gicamente como la Gran Provincia de Sur. Parte integral de los valles de acu\u00edferos de la costa de Puerto Rico, la Gran Provincia del Sur incluye los acu\u00edferos aluviales de Salinas, Guayama y Patillas; en conjunto, una de las acumulaciones de agua subterr\u00e1nea m\u00e1s importantes y fant\u00e1sticas del Caribe.<\/p>\n<p>El ge\u00f3logo imperialista Hill, sin embargo, estaba m\u00e1s interesado en la mineralog\u00eda que en la agricultura. Por eso, no hizo muchos comentarios sobre el potencial de cultivo de ca\u00f1a en la regi\u00f3n. Para \u00e9l, los terrenos del sureste, descritos por muchos como \u00e1ridos y est\u00e9riles, eran, ante todo, ricos en humedad subterr\u00e1nea. Cualquier uso agr\u00edcola, por lo tanto, era posible mediante la extracci\u00f3n de agua de los dep\u00f3sitos aluviales bajo tierra. La aridez superficial, aunque visible, no era un problema insalvable. \u00bfNo era acaso eso lo que \u00e9l hab\u00eda recomendado para las grandes fincas de cultivo y ganado en Texas, o sea, extraer agua del subsuelo? La cuesti\u00f3n se reduc\u00eda, pues, a qu\u00e9 era m\u00e1s costoso: sacar el agua mediante pozos modernos o crear un sistema de riego, que captara el agua de los caudalosos r\u00edos de las monta\u00f1as. Lo primero implicaba una inversi\u00f3n significativa de capital en maquinaria y equipo; lo segundo, se pod\u00eda obtener gratuitamente del gobierno colonial. El riego, entonces, no era un requisito absoluto para la agricultura en la zona sureste, ni siquiera para la ca\u00f1a.<\/p>\n<p>A pesar del contraste entre los llanos \u00e1ridos del sureste y las monta\u00f1as lluviosas del centro de la isla, la existencia de grandes acu\u00edferos en las llanuras fue el producto magn\u00edfico de una armon\u00eda hidrogeol\u00f3gica que tom\u00f3 millones de a\u00f1os en constituirse. De hecho, el mismo Hill, uno de los precursores de la geolog\u00eda moderna en el Golfo de M\u00e9xico y la Cuenca del Caribe, qued\u00f3 infatuado con el caso de Puerto Rico. Para algunos cient\u00edficos de la \u00e9poca, las Antillas Mayores, incluyendo nuestro pa\u00eds, representaban la Atlantis perdida de la mitolog\u00eda griega. Hill estudi\u00f3 la composici\u00f3n de las rocas en las distintas islas y dio base cient\u00edfica a sus teor\u00edas. Como un Da Vinci de la geolog\u00eda, sus descripciones del Caribe no est\u00e1n exentas de valor literario. Las Antillas Mayores, puntualiz\u00f3 en sus art\u00edculos para la revista National Geographic, semejaban una canoa invertida.<\/p>\n<p>Puerto Rico, a\u00f1adi\u00f3 Hill, aunque hija de la misma madre que tuvo Cuba, o sea, de las revoluciones volc\u00e1nicas del Caribe, se destacaba entre las Antillas Mayores por su vegetaci\u00f3n exuberante y la variedad de paisajes. De hecho, en su opini\u00f3n, Cuba ten\u00eda un aspecto geol\u00f3gicamente continental maduro. Puerto Rico, no; aqu\u00ed todo parec\u00eda nuevo y acabado de brotar del mar. La isla, en sus palabras, era un microcosmos ut\u00f3pico, que deleitaba al visitante por la armon\u00eda de contrastes extremos, como si fuera una pintura alocada. De un lado, estaban las costas, excepcionalmente lineales y faltas de cayos; del otro, el paisaje general de la isla, marcado por cadenas de elevadas monta\u00f1as de semblantes dentados y categ\u00f3ricos. La discordancia mayor, por supuesto, la daba el clima: h\u00famedo en el norte, seco en el sur. El agua, sin embargo, no escaseaba en ning\u00fan rinc\u00f3n de esta diminuta isla de 35 millas de ancho por 100 de largo. Las serradas monta\u00f1as del centro de la isla, con sus suelos arcillosos, apenas lograban retener el agua de lluvia que recib\u00edan gracias a los vientos alisios. Sin embargo, las copiosas precipitaciones no tardaban en llegar, mediante un enjambre alucinador de r\u00edos, a las costas y sus m\u00faltiples dep\u00f3sitos de calizas porosas absorbentes de humedad. Ah\u00ed se almacenaron por miles y miles de a\u00f1os. En realidad, se trataba de dep\u00f3sitos subterr\u00e1neos geol\u00f3gicamente j\u00f3venes, formados tan solo uno o dos millones de a\u00f1os atr\u00e1s. Puerto Rico era, para Hill, expresi\u00f3n de la uni\u00f3n armoniosa de lo viejo y lo nuevo: monta\u00f1as volc\u00e1nicas y costas j\u00f3venes. El agua que \u00e9l not\u00f3 t\u00edmidamente asom\u00e1ndose bajo la marisma seca del sureste se originaba efectivamente en las monta\u00f1as. Los mismos terrenos esponjosos de la costa no eran sino el resultado de la acumulaci\u00f3n milenaria de grava, piedras y otros materiales que hab\u00edan llegado de las monta\u00f1as por efecto de la erosi\u00f3n. Y si arriba no reten\u00edan el agua, abajo la acumulaban. Hac\u00eda falta una verdadera visi\u00f3n de conjunto, para comprender la perfecta armon\u00eda escondida tras los extremos de climas, paisajes, topograf\u00eda y geolog\u00eda de la isla. Una armon\u00eda hidrogeol\u00f3gica de millones de a\u00f1os. Quiz\u00e1s sea ese, digo yo, el verdadero origen de la lentitud con que discurre el tiempo en el sureste de Puerto Rico.<\/p>\n<p>Hoy, gracias a la ciencia moderna, sabemos que lo que Hill llam\u00f3 \u201cagua siempre accesible a un metro bajo la superficie\u201d no era m\u00e1s que uno de los muchos valles de acu\u00edferos del sureste de la isla. Debido a la armon\u00eda con la lluvia en los montes, el agua sobraba en ellos. Por miles y miles de a\u00f1os, la fuente de recarga principal de los dep\u00f3sitos de agua subterr\u00e1nea en el sureste hab\u00eda sido el agua monta\u00f1osa que llegaba por la acci\u00f3n de los r\u00edos y la fuerza de gravedad. No en balde no hab\u00eda lagos superficiales. La isla los llevaba por dentro en sus costas.<\/p>\n<p>Naturalmente, el sureste no es el \u00fanico lugar que muestra este tipo de formaci\u00f3n hidrogeol\u00f3gica en Puerto Rico. Hay algunas en la costa del norte, y bien grandes. Sin embargo, aqu\u00ed, en la tierra inh\u00f3spita de Pal\u00e9s, el asunto reviste un aspecto de magia. Debido a la altura y localizaci\u00f3n algo desplazada al sur de la Cordillera Central, el sureste de Puerto Rico est\u00e1 aislado del efecto humidificador de los Vientos Alisios, con sus r\u00e1fagas que soplan del noreste. En la ladera de la isla a barlovento, o sea, de cara a los vientos h\u00famedos del noreste, ocurre lo que los ge\u00f3grafos llaman lluvia orogr\u00e1fica: la humedad sube, se enfr\u00eda y se condensa en los topes de las monta\u00f1as. Por ello, abundan los aguaceros a barlovento. Con una diligencia insuperable, los vastos y anchos r\u00edos del norte de Puerto Rico se encargan de distribuir el agua fresca de lluvia equitativamente por toda esa zona. Son un sistema de riego natural. Al sur, sin embargo, lo \u00fanico que llega son vientos secos y calientes. Algunos se originan en el mar Caribe, siempre cargado de energ\u00eda y calor; otros, resultan de las r\u00e1fagas del norte que remontan la Cordillera Central y, ya vac\u00edas de humedad, descienden por la ladera a sotavento, calent\u00e1ndose a\u00fan m\u00e1s. Calor si bogas, calor si no bogas. Todo por el asunto del sotavento.<\/p>\n<p>Para que no falte dramatismo, los r\u00edos del sur son cortos y pronunciados, debido a las pendientes extremas. En una din\u00e1mica hidrol\u00f3gica que la gente bautiz\u00f3 siglos atr\u00e1s de \u00abalocada\u00bb, los cauces del sur se desbordan por la ma\u00f1ana y por la tarde se secan. As\u00ed, porque s\u00ed, sin m\u00e1s raz\u00f3n que aquella de que, como dec\u00eda La Lupe, \u00ablo que pas\u00f3, pas\u00f3\u00bb. El agua baja de las monta\u00f1as sin anunciarse y, en medio de todo el calor, se llevan en un santiam\u00e9n lo mismo personas, animales o pueblos enteros. Por eso, hay en nuestra literatura del sur, im\u00e1genes de cauces sin r\u00edos y de golpes de agua que ocurren en medio de un d\u00eda seco y ardiente. Sea como sea, los acu\u00edferos del sureste, con su material geol\u00f3gico poroso, absorben enseguida el agua que viene de los montes. Glup-Glup-Glup. Quiso la naturaleza, adem\u00e1s, que, para preservar el agua, todo el manto de piedras, arenas y grava porosa, o sea, el cuerpo permeable del acu\u00edfero del sur, descansara sobre una cama de material geol\u00f3gico no poroso. Esponjosidad arriba, absorbiendo el agua; impermeabilidad por abajo, tapando el fondo. Los acu\u00edferos del sureste de la isla no son sino esponjas de retenci\u00f3n de agua dulce: Dadme una esponja \/ y tendr\u00e9 el agua dulce.<\/p>\n<p>En la regi\u00f3n sureste de Puerto Rico, contrario a los principios entr\u00f3picos de la f\u00edsica moderna, la naturaleza busca la armon\u00eda, huirle al desorden. Y ello, siempre en el contexto de extremos geogr\u00e1ficos yuxtapuestos. Por eso, dicen los hidr\u00f3logos, que hay un fen\u00f3meno, no tanto visible como conceptualizable, que se llama el nivel fre\u00e1tico de las aguas subterr\u00e1neas del sureste. Es una medici\u00f3n del punto o nivel de saturaci\u00f3n del material poroso, lo que no es sino el cuerpo mismo del acu\u00edfero. Si el nivel fre\u00e1tico es elevado, hay agua suficiente; si es bajo, necesita recarga. Tomado en su forma m\u00e1s abstracta, el nivel fre\u00e1tico es un \u00edndice de la relaci\u00f3n del acu\u00edfero con la totalidad del medio ambiente geogr\u00e1fico que lo rodea, desde las monta\u00f1as hasta el mar. Si el nivel fre\u00e1tico sube, y el agua dulce rebasa la capacidad de retenci\u00f3n del material poroso, el exceso del l\u00edquido fluye, por la ley de la gravedad, hacia las lagunas y pantanos cercanos al mar. Si por razones naturales o de actividad humana, el nivel fre\u00e1tico baja, el agua dulce no puede prevenir la entrada del agua de mar, y se saliniza el acu\u00edfero. Es decir, toda ruptura de la armon\u00eda hidrol\u00f3gica trae consecuencias. En el primer caso, positivas; en el segundo, negativas. \u00a1Exc\u00e9ntricos que son nuestros acu\u00edferos!<\/p>\n<p>Resulta, entonces, que a diferencia del gran acu\u00edfero Oglalala en las llanuras de Estados Unidos, los del sureste de Puerto Rico no tienen un t\u00e9rmino final de vida. Son recargables, Su capacidad potencial de almacenaje no var\u00eda con los a\u00f1os. Eso, porque tanto la porosidad del material de aluvi\u00f3n, como su espesor, son factores constantes. Lo que puede variar es la recarga, como resultado de la entrada de agua dulce; o la descarga, por la actividad imprudente de extracci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Ay, la ingratitud humana! Habr\u00eda que rescribir toda la historia de Puerto Rico, para darle a los acu\u00edferos del sureste el cr\u00e9dito que se merecen en la g\u00e9nesis de la din\u00e1mica social, cultural y econ\u00f3mica de la regi\u00f3n. Sin ellos, o sea, sin el agua dulce que estaba \u201ca menos de un metro de profundidad\u201d, no se habr\u00eda dado ni la antigua producci\u00f3n de ca\u00f1a ni la gran cultura negra de la regi\u00f3n. Pero en eso no se piensa. Excepci\u00f3n hecha de los acu\u00edferos aluviales, no hab\u00eda en toda la regi\u00f3n costera ni agua dulce ni potable, al menos de forma continuada. \u00bfSer\u00e1, por eso, que algunas de las comunidades negras de Guayama y Salinas todav\u00eda tienen nombres asociados a la extracci\u00f3n de agua subterr\u00e1nea? \u00bfQu\u00e9 otro origen puede haber tenido los nombres de barrios de esclavos, como Pozuelo y Pozo Hondo? La negritud de Guayama no es hija exclusiva del tambor.<\/p>\n<p>Coloniaje y genocidio ambiental<\/p>\n<p>La construcci\u00f3n del sistema de riego y represas del sureste, que comenzara en 1908, vino a alterar el equilibrio milenario entre los acu\u00edferos de la regi\u00f3n y las fuentes naturales de recarga. Ya para 1915 cinco grandes represas (Patillas, Carite, Coamo, Toa Vaca y Guayabal) supl\u00edan las necesidades de la industria del az\u00facar, mediante un sistema de 150 kil\u00f3metros de t\u00faneles y canales, que iban desde Juana D\u00edaz hasta Patillas. El agua represada ser\u00eda utilizada, adem\u00e1s, para producir electricidad en varias plantas hidroel\u00e9ctricas localizadas en las pendientes monta\u00f1osas del sureste (Carite I, Carite II, Carite II, Toro Negro I y Toro Negro II). Solo despu\u00e9s llegaba a las costas. El efecto inmediato del sistema de riego fue, pues, reducir las fuentes naturales y milenarias de recarga de los acu\u00edferos de la zona sur. A lo sumo, estos se nutr\u00edan ahora de los remanentes del sistema de riego y, con suerte, de las infrecuentes crecidas de los r\u00edos provocadas por una que otra tormenta severa. Pero ello, \u00fanicamente despu\u00e9s de llenarse los lagos.<\/p>\n<p>En la cuarta d\u00e9cada del siglo XX comenz\u00f3 el hincado de pozos profundos para la extracci\u00f3n de agua con prop\u00f3sitos agr\u00edcolas por todo el sureste de Puerto Rico. El efecto negativo de la actividad humana sobre el nivel fre\u00e1tico de los acu\u00edferos era ahora doble. Por un lado, se apresaban y canalizaban las aguas de los r\u00edos; por el otro, se pon\u00eda en marcha un proceso de extracci\u00f3n desordenada de los arsenales subterr\u00e1neos. La salinidad creciente del agua comenz\u00f3 entonces a mostrar su fea cara.<\/p>\n<p>Fue, no obstante, en las d\u00e9cadas de 1950-1970, o sea, durante los tiempos en que mi generaci\u00f3n crec\u00eda ajena a todo (salvo a la exasperante inercia del pueblo) que comenzaron a llegar, a la regi\u00f3n del sureste, fuerzas promotoras de un desajuste hidrol\u00f3gico quiz\u00e1s irreparable. No puedo decir que esto ocurri\u00f3 calladamente. Todo lo contrario. Mi pueblo celebr\u00f3 en grande la llegada de cada planta industrial, de cada inversi\u00f3n de capital extranjero y de cada maquinaria moderna y ruidosa, por contaminante que fuera. De todas las criaturas malsanas, la que m\u00e1s alegr\u00eda infundada provoc\u00f3 fue la Phillips Petroleum y su hermana la Fibers, que llegaron a mediados de la d\u00e9cada de los sesenta. Despu\u00e9s vinieron otras, como las farmac\u00e9uticas estadounidenses Pfizer, Elli-Lilly y Bayer. Tambi\u00e9n Monsanto y Dow Chemicals. El sureste, finalmente hab\u00eda arribado a la modernidad. \u00a1Y de qu\u00e9 modo! Atrayendo canallas, ladrones y tah\u00fares peores que los imaginados en el poema Pueblo de Pal\u00e9s.<\/p>\n<p>Como era de esperarse, dada la condici\u00f3n colonial de Puerto Rico, las factor\u00edas qu\u00edmicas y farmac\u00e9uticas estadounidenses se establecieron precisamente en las zonas m\u00e1s sensitivas de la hidrolog\u00eda del sur; o sea, en los topes de los acu\u00edferos y en las cercan\u00edas de los antiguos manglares y humedales. A primera vista, esto parece un contrasentido. El consumo de agua por estas operaciones industriales palidece en comparaci\u00f3n con la demanda de las operaciones de la ca\u00f1a, ya desaparecidas. Sin embargo, con estas compa\u00f1\u00edas no se trata tanto de lo que extraen, como de lo que inyectan: sustancias contaminantes y carcin\u00f3genas. En efecto, ya para 1986 porciones importantes de los acu\u00edferos de Guayama quedaron enteramente arruinadas, debido a las concentraciones elevadas de sustancias qu\u00edmicas peligrosas. Y hoy, la regi\u00f3n sureste de la isla es un foco de enfermedades terribles, en particular el c\u00e1ncer, derivadas de las operaciones de estas industrias y de otras actividades industriales altamente contaminantes.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, pues, que haya que remontarse a mi generaci\u00f3n para hablar de un tiempo de aparente prosperidad en el sureste de Puerto Rico. La regi\u00f3n entera sufre, en estos momentos, las consecuencias negativas de un desarrollo industrial que destruy\u00f3 nuestros recursos naturales m\u00e1s valiosos, en particular de 1966 en adelante. Ello, en realidad, no fue sino un segundo golpe duro para la regi\u00f3n, despu\u00e9s de medio siglo de dominio de la producci\u00f3n ca\u00f1era, que agot\u00f3 la fertilidad natural de los suelos y trastoc\u00f3 la hidrolog\u00eda superficial. Con la ca\u00f1a, se trataba del uso imperialista de las aguas de los r\u00edos para alimentar las ganancias de las grandes compa\u00f1\u00edas azucareras estadounidenses en el sureste. M\u00e1s recientemente, se ha tratado del uso de los acu\u00edferos aluviales como vertederos para los desechos y contaminantes de las industrias qu\u00edmicas y farmac\u00e9uticas extranjeras. Entre ellas, y con un car\u00e1cter h\u00edbrido aterrador, hay que mencionar a la Dow Growers, que ha convertido miles de acres de los antiguos ca\u00f1averales del sureste en campos de siembra de sus semillas qu\u00edmica y gen\u00e9ticamente modificadas. No lejos de estos campos, una monta\u00f1a gigantesca de residuos y cenizas de la quema de carb\u00f3n por otra compa\u00f1\u00eda estadounidense, la AES, contamina el aire, adem\u00e1s de inyectar materiales t\u00f3xicos y radioactivos sobre el valle de los acu\u00edferos del sureste. El resultado ha sido la transformaci\u00f3n del sureste en lo que puede tildarse de un virtual corredor del c\u00e1ncer.<\/p>\n<p>Lucha comunitaria<\/p>\n<p>No es posible tener un cuadro completo de la realidad del sureste de Puerto Rico, sin mencionar la tradici\u00f3n combativa de sus barrios de gente negra. Bastar\u00eda con mencionar las revueltas de esclavos negros en el siglo XIX; o las gigantescas movilizaciones de huelguistas de la industria de la ca\u00f1a en la d\u00e9cada de los treinta del siglo XX. Traicionados por el sindicato reformista, las masas explotadas del sureste no tardaron en recabar la ayuda del Partido Nacionalista de Puerto Rico y, en particular, de su l\u00edder Pedro Albizu Campos. La respuesta del imperio fue implacable, reprimiendo tanto a los miles de huelguistas en la zona como al nacionalismo revolucionario. Pero, la combatividad de las comunidades del sureste de la isla nunca ha cesado. De hecho, es hoy m\u00e1s fuerte y prometedora que nunca.<\/p>\n<p>Las comunidades negras y pobres del sureste de la isla enfrentaron una prueba mayor, como resultado del hurac\u00e1n Mar\u00eda en septiembre de 2017. Por meses, los poblados costeros de Guayama y Salinas quedaron totalmente desprovistos de electricidad y agua potable. Ante eso, los diferentes grupos comunitarios y ambientalistas se unieron para garantizar, d\u00eda a d\u00eda, la distribuci\u00f3n igualitaria de l\u00e1mparas inal\u00e1mbricas, agua embotellada y, en particular, comida. De ah\u00ed, surgi\u00f3 un impulso renovado para liberar a las comunidades de la dependencia en energ\u00eda no renovable. Se trata, al menos inicialmente, de un proyecto comunitario, llamado Coqu\u00ed Solar, que garantizar\u00eda energ\u00eda limpia y gratis para una comunidad de 900 familias. Que esto ocurra, apenas a pocos kil\u00f3metros de las plantas contaminantes que producen electricidad con carb\u00f3n y petr\u00f3leo, es indicativo de la voluntad del pueblo de lograr la autosuficiencia energ\u00e9tica, as\u00ed como de proteger el ambiente. Y ello se viene logrando por la v\u00eda de la autogesti\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>El pasado 6 de abril de 2018 se celebr\u00f3, en Salinas, el primer conversatorio titulado \u201cPor un Posicionamiento Pol\u00edtico, Social y Cultural Desde el Centro-Sureste\u201d, dirigido a promover una visi\u00f3n militante de conjunto entre las organizaciones culturales, ambientales y de lucha del centro y sureste de Puerto Rico. Al evento, asistimos un nutrido grupo de compa\u00f1eros y compa\u00f1eras independentistas, as\u00ed como miembros de las principales organizaciones de lucha y comunitarias. Entre estas \u00faltimas cabe mencionar: el Centro Cultural Cunyabe, el Comit\u00e9 Di\u00e1logo Ambiental, el Frente Afirmaci\u00f3n el Sureste (FASE), El Comit\u00e9 Plaza Monumento Dr. Pedro Albizu Campos de Salinas, y el grupo Iniciativa de Ecodesarrollo de Bah\u00eda de Jobos (IDEBAJO). Al d\u00eda siguiente, en la mejor tradici\u00f3n de la rebeld\u00eda afroantillana, se celebr\u00f3 la tradicional actividad conocida como Libre Soberao, en que, desde los tiempos de la esclavitud, los negros y negras de la zona se re\u00fanen para tocar los tambores y bailar el ritmo de la bomba. Este pasado 7 de abril, significativamente, el Libre Soberao se efectu\u00f3 en los terrenos de la antigua Central Aguirre. Lo m\u00e1s importante es que, desde abril para ac\u00e1, las distintas organizaciones se han mantenido unidas por la agenda com\u00fan de luchar por la autogesti\u00f3n, el mejoramiento de la calidad de vida y la protecci\u00f3n del ambiente.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 hablar del sureste, como una regi\u00f3n diferenciada de la isla? Simplemente porque, a pesar de su tama\u00f1o reducido, Puerto Rico entero est\u00e1 conformado por zonas geogr\u00e1ficas que muestran rasgos culturales, sociales y econ\u00f3micos muy particulares. Este fen\u00f3meno llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n de Estados Unidos en 1898, y ha sido utilizado a menudo en contra de nuestras luchas emancipadoras, para desunirnos a\u00fan m\u00e1s. La regi\u00f3n del sureste, con su peculiar hidrogeolog\u00eda, comprende uno de los llanos m\u00e1s extensos de la isla, en el cual prevalecen condiciones muy uniformes. Culturalmente, es la regi\u00f3n de mayor influencia y difusi\u00f3n del elemento afroantillano. Econ\u00f3micamente, es una zona que desde 1898 ha sido explotada con arreglo a un plan regional por el gran capital monopolista estadounidense. Adem\u00e1s de sus recursos naturales valios\u00edsimos, el sureste exhibe una proletarizaci\u00f3n generalizada. Socialmente, es una regi\u00f3n de elevada combatividad de la clase trabajadora que la habita mayoritariamente. De lo que se trata ahora, para las organizaciones militantes, es de promover una respuesta organizativa regional a los problemas que hist\u00f3ricamente han prevalecido.<\/p>\n<p>El joven activista Roberto Thomas, portavoz del grupo IDEBAJO (Iniciativa de Ecodesarrollo de Bah\u00eda de Jobos) enumera, en un informe reciente, algunas de las \u00e1reas en que el sureste confronta los mayores retos: (1) aumento del costo de vida; (2) despoblamiento acelerado, debido a la rampante pobreza; (3) contaminaci\u00f3n por la quema de carb\u00f3n e infiltraci\u00f3n de sustancias t\u00f3xicas en los acu\u00edferos que suplen agua potable; (4) acaparamiento de miles de acres de terrenos por las semilleras Dow y Monsanto; (5) cierre discriminatorio de escuelas p\u00fablicas; (6) corte de pensiones de los jubilados; (7) eliminaci\u00f3n de derechos laborales y (8) desempleo y su secuela de bajos ingresos. Dada la naturaleza regionalmente aguda de estos problemas, la respuesta tambi\u00e9n tiene que ser abarcadora. Al respecto, nos dice Roberto en su informe:<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s del hurac\u00e1n, y ante los problemas que todos y todas conocemos, hemos trabajado en el adelanto de la organizaci\u00f3n comunitaria de los barrios negros de toda la zona que va de Salinas a Guayama. Entre ellos, los poblados de El Coqu\u00ed, Mosquito, Jobos, Las Mareas y San Felipe. Las comunidades mismas optaron por crear algo novedoso, que se ha venido a conocer como Oasis Comunitarios. Gracias a la naturaleza democr\u00e1tica y descentralizada de estos organismos, r\u00e1pidamente pudimos fundar cocinas comunitarias, puntos de distribuci\u00f3n de suministros, eventos de enriquecimiento cultural para los ni\u00f1os, as\u00ed como d\u00edas de limpieza de escombros. Todas eran necesidades urgentes despu\u00e9s de la tormenta, y las comunidades se movilizaron para darles soluci\u00f3n. Una idea en la que trabajamos ahora mismo es la creaci\u00f3n de mesas de trabajo tem\u00e1ticas, que permitan capacitar, atender y responder a los problemas desde las propias comunidades. Se trata de mesas que ofrezcan nuevas ideas para adelantar en la soluci\u00f3n de asuntos tales como la comida, vivienda, salud (f\u00edsica y mental), cultura y recreaci\u00f3n. Queremos vigorizar el mecanismo de las asambleas comunitarias que hagan posible la participaci\u00f3n m\u00e1s amplia de la gente de nuestras comunidades, particularmente los j\u00f3venes, en el proceso de organizarse para atender y mejorar la calidad de vida\u00bb. (Citado con permiso del autor)<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de la identidad<\/p>\n<p>En el centro mismo de la posibilidad de un proceso emancipador en Puerto Rico est\u00e1 la cuesti\u00f3n de la identidad. La tormenta Mar\u00eda golpe\u00f3 brutalmente al sureste de la isla, afectando sobre todo a las comunidades pobres y negras. Estas siempre fueron un punto de apoyo para las luchas libertarias, al caracterizarse por la preservaci\u00f3n del legado de sus or\u00edgenes afroantillanos. La combatividad de los poblados del sureste no tiene parang\u00f3n en la historia de las luchas proletarias de Puerto Rico. Y esto, afirmando en todo momento las ra\u00edces caribe\u00f1as de sus habitantes. En el contexto de las comunidades del sureste de Puerto Rico, con su inherente influencia afroantillana, la idea de la no-identidad boricua es un lujo, un adorno.<\/p>\n<p>El sureste, por su historia y misticismo, es parte integral del universo afroantillano. No somos, pues, extranjeros en este pedazo del Caribe que habitamos. El ancla, la ra\u00edz de esa pertenencia es la negritud, entendida no ya abstractamente, sino en funci\u00f3n de las luchas concretas de las comunidades pobres por mejorar sus condiciones de vida y afirmar la personalidad boricua. O, como dir\u00eda mi compueblano Luis Pal\u00e9s Matos: \u00abNo conozco un solo rasgo colectivo de nuestro pueblo que no ostente la huella de esa deliciosa mezcla de la cual arranca su tono verdadero el car\u00e1cter antillano. Negarlo me parece gazmo\u00f1er\u00eda. Esta es nuestra realidad y sobre ella debemos edificar una cultura aut\u00f3ctona y representativa con nobleza, con orgullo y con plena satisfacci\u00f3n de nosotros mismos\u00bb.<\/p>\n<p>Rafael Rodr\u00edguez Cruz<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"u_jsonp_2_q\" class=\"mbs _5v9_ _5jmm _5v3q _5pat _5va1 _3ccb\">\n<div><\/div>\n<div class=\"_5pcr userContentWrapper\">\n<div class=\"_1dwg _1w_m _q7o\">\n<div id=\"u_jsonp_2_18\" class=\"_4r_y\">\n<div id=\"u_jsonp_2_19\" class=\"_6a uiPopover _5pbi _cmw _b1e _1wbl\"><\/div>\n<\/div>\n<div>\n<div class=\"b_z3n6wr-i3 v_z3n6wmdzo clearfix\">\n<div class=\"clearfix o_z3n6ws0c6\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dicen que mi generaci\u00f3n fue de las pocas en disfrutar un poco de prosperidad en la comarca de Guayama y el sureste de Puerto Rico en el siglo XX. Algo de verdad quiz\u00e1s tiene la aseveraci\u00f3n. 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