{"id":8535,"date":"2010-01-11T11:52:40","date_gmt":"2010-01-11T15:52:40","guid":{"rendered":"http:\/\/encuentroalsur.com\/?p=8535"},"modified":"2010-01-12T22:57:46","modified_gmt":"2010-01-13T02:57:46","slug":"los-pescadores-de-jueyes-dante-a-rodriguez-sosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/encuentroalsur.com\/?p=8535","title":{"rendered":"Los pescadores de jueyes \/ Dante A. Rodr\u00edguez Sosa"},"content":{"rendered":"<p>Siempre hablo con orgullo de mi primo segundo, Roberto Serrant Santiago, hijo de mi t\u00eda abuela Carmen Santiago Ortiz, t\u00eda Carm\u00edn.\u00a0 Siendo muy joven ingres\u00f3 en la <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Marina_mercante\" target=\"_blank\">marina mercante <\/a>de Estados Unidos y por m\u00e1s de treinta a\u00f1os estuvo viajando alrededor del mundo. Eso le permiti\u00f3 visitar todos los continentes infinidad de veces y conocer las ciudades m\u00e1s importantes del globo terr\u00e1queo. Da gusto sentarse a escucharle contar sus aventuras por los siete mares y era mucho mejor cuando el tiempo no se hab\u00eda adelantado tanto y pod\u00edamos permanecer d\u00edas y noches en \u00e1nimo \u201cescuchandi bebendi\u201d.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la an\u00e9cdota que voy a narrar, recuerdo que mencionaba lo mucho que le alegraba saber que una persona no pod\u00eda viajar o ni siquiera montarse en un barco por raz\u00f3n de que se mareaba o vomitaba. Dec\u00eda: &#8212;!Qu\u00e9 bueno que se marea, tenemos demasiado de hijoeputas a bordo!&#8212; La frase pretende reflejar la eterna aspiraci\u00f3n de los marinos, de pasarla bien en las traves\u00edas sin estorbos que puedan perturbar la calidad de vida de que se goza en esos nav\u00edos y la felicidad que la vida en el mar conlleva.<\/p>\n<p>Para mi <a href=\"http:\/\/encuentroalsur.com\/2008\/11\/26\/tilita\/\" target=\"_blank\">madre<\/a>, igual que para Roberto, el mar ten\u00eda un significado muy especial. Creo que fue por los viajes que hizo siendo muy ni\u00f1a de Puerto Rico a New York. Los nombres del Vapor Coamo, Carolina y otros de aquella \u00e9poca le eran muy familiares y como es natural a tono con su afinidad con el mar, le encantaban todos los mariscos.<\/p>\n<p>Recuerdo de ni\u00f1o cuando llegaban al Pueblo los pescadores de La Playa de Salinas vendiendo pescado fresquecito: arrayaos y boquicoloraos, salmonetes y meros. Ella los esperaba puntualmente. Para m\u00ed, el preg\u00f3n rutinario de los pescadores era como una canci\u00f3n de cuna a mis tiernos o\u00eddos de ni\u00f1o: &#8212;\u00a1Pescao, pescaaaoooo, fresco pescaaaaoooo!&#8212; Los tra\u00edan en una especie de carretilla de madera con una tapa enteriza que al levantarla dejaba expuestas las delicadas delicias marinas, acariciadas por los vidriosos pedazos del hielo de bloque picado a punzonazos, que tra\u00eda el truck del hielo todos los d\u00edas a Salinas desde Guayama. Gracias a que no hab\u00eda neveras ni freezers el pescado era el del d\u00eda, fresquecito, para su consumo inmediato, sin alternativas. Bueno, corrijo, pod\u00eda venderse poco despu\u00e9s, a precio de pescao abombao.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/vendedorpescao.jpg\" target=\"_blank\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"border:0 none;display:inline;margin-left:0;margin-right:0;\" title=\"Vendedor pescao\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/vendedorpescao_thumb.jpg?resize=163%2C244\" border=\"0\" alt=\"Vendedor pescao\" width=\"163\" height=\"244\" align=\"left\" \/><\/a> En esa \u00e9poca, el pescao se vend\u00eda sin escamar entre quince y veinticinco centavos la libra. Confeccionarlo era una tarea artesanal. A mami le gustaba com\u00e9rselo, pero no le gustaba escamarlo. Por eso, siempre le exig\u00eda al pescador una rebaja de precio, ya que seg\u00fan le dec\u00eda: &#8212;Me lo tienes que dar m\u00e1s barato porque ahora tengo que esperar que pase por la calle un buen pendejo y pagarle para que lo escame.&#8212; Siempre pasaba alguien de ese talante, imag\u00ednense, la calle de Cayey, la arteria principal del comercio y punto de encuentro y de ebullici\u00f3n de la gente del pueblo y del campo en Salinas.<\/p>\n<p>Una vez lograba que lo escamaran, lo salaba y proced\u00eda a guindarlo al sol en el cordel de secar la ropa, que se extend\u00eda por el patio pasando sobre el soleadero. Ya para las doce, el pescado estaba completamente seco y listo para el ceremonial de tirarlo al sart\u00e9n, que astillaba a d\u00fao con la candela del fog\u00f3n. La forma del fog\u00f3n era como la de una especie de altar con cuatro hornillas, construido en ladrillos pegados con una amalgama de cemento. Ten\u00eda cuatro huecos para sacar las cenizas y la pared de la parte de atr\u00e1s era en lata, que estaba toda renegrida. Mi madre me dijo una sola vez: &#8212;\u00a1no te acerques a la candela que eso est\u00e1 caliente y quema! &#8212;Nunca me quem\u00e9 porque s\u00f3lo toqu\u00e9 el fog\u00f3n cuando estaba fr\u00edo.<\/p>\n<p>Realizados los movimientos oportunos a la confecci\u00f3n y llegado el momento del ritual de la mesa, no me olvido de esa primera vez: &#8212;Dante, esto es pescao frito, tiene espinas que hincan y te pueden ahogar, ten cuidado al comerlo.&#8212;<\/p>\n<p>Con esa instrucci\u00f3n sencilla, me lanz\u00f3 a mi primera comuni\u00f3n con arrayao a los seis o siete a\u00f1os y \u201c\u00a1qu\u00e9 mucho pescao se com\u00eda!\u201d Aprend\u00ed de memoria la anatom\u00eda de los peces, a saber d\u00f3nde est\u00e1 la carne y d\u00f3nde est\u00e1n las espinas. Para m\u00ed desde entonces disfrutar de un buen pescao frito equivale a oficiar una misa conmemorativa de aquel d\u00eda sagrado en que mi madre me dijo, parafrase\u00e1ndola:&#8212;Come, pero recuerda: tiene carne y tiene espinas.&#8212;<\/p>\n<p>Nos encontr\u00e1bamos en plena Segunda Guerra Mundial. Me acuerdo como si fuera ahora mismo. Los tanques, los troces llenos de soldados, los ca\u00f1ones, las sapas y los Jeeps era el espect\u00e1culo diario. Las sirenas en horas de la noche avisando un \u201cblackout.\u201d La escasez de arroz y de alimentos de primera necesidad era el tema diario de conversaci\u00f3n. Era lo que yo o\u00eda. &#8212;\u00a1Pronto llegar\u00e1 un barco con alimentos! \u00a1Pronto traer\u00e1n arroz!&#8212; Mientras tanto, el rey de la mesa era el pescao y el arroz de Parcelas V\u00e1zquez. Cuando llegaba harina de trigo, entonces hac\u00edan pan en la panader\u00eda de Pepe V\u00e9lez, el t\u00edo de Jos\u00e9 Tom\u00e1s V\u00e1zquez V\u00e9lez, apodado Bigball.\u00a0 Yo tendr\u00eda algunos cinco o seis a\u00f1os. Mi madre tranquilamente me dec\u00eda: &#8212;Toma esos diez centavos y vete a la panader\u00eda y c\u00f3mprame una libra de pan. Coge por esta calle hasta llegar al final y all\u00ed viras para este lado y sigues derecho, derecho hasta que veas mucha gente y ah\u00ed es. Haces la fila, das los chavos y esperas por la vuelta.&#8212;<\/p>\n<p>La primera vez hab\u00eda casi un mot\u00edn, la gente pele\u00e1ndose por ser primeros en la fila de despacho. Me las arregl\u00e9 para defender mi turno y llegu\u00e9 a casa con el pan. Luego fue m\u00e1s f\u00e1cil por la confianza ganada y la familiaridad con la ruta.<\/p>\n<p>El gusto por los mariscos no era manifiesto s\u00f3lo por el pescao. Para los a\u00f1os de 1950 y 1951 el t\u00edo An\u00edbal, que viv\u00eda en el Barrio Arenal, el de los Guapos, religiosamente en \u00e9poca de reboso de mar llegaba con un saco de caracoles que se conocen como bulgao: manjar desconocido para las nuevas generaciones, acondicionados a los \u201cfast foods\u201d quienes, tristemente enga\u00f1ados, creen que est\u00e1n saboreando una delicia. Esos caracoles se echaban a hervir en agua y luego se despegaban y preparaban con mucho aceitito, en ensalada. Para entonces desconoc\u00eda eso de \u201cgourmet\u201d pero ciertamente le ca\u00eda muy bien al plato la clasificaci\u00f3n. Para ese tiempo ya nos hab\u00edamos mudado para el Caser\u00edo Francisco Modesto Cintr\u00f3n, apartamento n\u00famero 91.<\/p>\n<p>Como era muy natural y por costumbre, cuando uno llegaba a los once o doce a\u00f1os, los padres conced\u00edan permisos limitados para realizar ciertas andanzas, pero terminantemente prohib\u00edan acciones como ba\u00f1arse en lagos, canales o r\u00edos, entrar a piezas de ca\u00f1a o alejarse demasiado del \u00e1rea del Pueblo. As\u00ed comenzaron los recorridos de exploraci\u00f3n por el R\u00edo Nigua a pescar camarones y sagas, comer higos de una tuna que crec\u00eda silvestre en el cauce, cazar t\u00f3rtolas, recoger pepinillos, cundeamores, tomatitos silvestres y otros productos para reforzar la despensa de la casa y de paso se balanceaba la dieta.<\/p>\n<p>Siempre me fue imposible resistir la tentaci\u00f3n de un chapuz\u00f3n en la Poza del H\u00facar, la Poza de la Moca, la Poza de los Tubos, el Charco del Puente de la salida para Santa Isabel y la Poza del Campamento, entre otras muy famosas entre los muchachos de aquellos tiempos. Todav\u00eda mejor era ba\u00f1arse en lugares como el Lago de Calolo, Lago de Magero, Lago de La Playa, Lago de Caribe, el Lago de Val\u00e9 o en el Canal de Riego de Las Mar\u00edas, la Bomba de La Margarita o del Peligro y en La Nevera. \u00c9sta \u00faltima era una charca que estaba en el mismo cauce de la Boquita del Rio Nigua. Hab\u00eda crecido all\u00ed una Ceiba milenaria y por debajo del propio tronco sal\u00eda un agua cristalina de manantial completamente fr\u00eda que se pod\u00eda beber. No era una poza muy honda, pero era rico ba\u00f1arse en ella y de paso coger unos buenos camarones. Invariablemente mi madre al yo llegar a tiempo, con s\u00f3lo mirarme sab\u00eda de la transgresi\u00f3n y la reprimenda y castigo eran inevitables y contundentes.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 tiene \u00e9sto que ver con los pescadores de <a href=\"http:\/\/ctp.uprm.edu\/jobos\/especies\/juey_comun.html\" target=\"_blank\">jueyes<\/a>?<\/p>\n<p>Inexplicablemente, no fue sino hasta que pasamos a vivir a la calle <a href=\"http:\/\/www.proyectosalonhogar.com\/BiografiasPr\/federico_degetau.htmhttp:\/\/\" target=\"_blank\">Federico Degetau <\/a>n\u00famero 89, de la Ciudad Perdida, en la mism\u00edsima orilla del <a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/img_0148_thumb.jpg\" target=\"_blank\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"border:0 none;display:inline;margin-left:0;margin-right:0;\" title=\"IMG_0148\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/encuentroalsur.com\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/img_0148_thumb.jpg?resize=288%2C193\" border=\"0\" alt=\"IMG_0148\" width=\"288\" height=\"193\" align=\"right\" \/><\/a>Malec\u00f3n, que por primera vez tuve la oportunidad de entrar en contacto con mis siempre reverenciados crust\u00e1ceos, los divinos jueyes. Ocurri\u00f3 un d\u00eda, a eso de las dos de la tarde. Los trajo Arcadio Rivera (Cayo), un chofer de guagua p\u00fablica de la Lapa que ten\u00eda una relaci\u00f3n amorosa con Iraida Garc\u00eda del Real (To\u00f1a), una amiga de mi mam\u00e1 que viv\u00eda con nosotros. De inmediato, ante la presencia de mi mam\u00e1, To\u00f1a, Edelmiro, mi hermano y yo inform\u00f3: &#8212;Los tengo ah\u00ed, tienen m\u00e1s de dos semanas en corral y est\u00e1n bien gordos.&#8212; Me qued\u00e9 en babia pues no sab\u00eda a qu\u00e9 se refer\u00eda el dichoso comentario. S\u00ed me di cuenta que se trataba de algo bueno por las caras de alegr\u00eda y excitaci\u00f3n que presentaron To\u00f1a y Mami, quienes casi al un\u00edsono gritaron: &#8212;\u00a1\u00c9chalos pa ca! \u00a1\u00c9chalos pa ca!&#8212;<\/p>\n<p>Seguidamente, To\u00f1a sali\u00f3 para la parte de atr\u00e1s de la casa y se aprest\u00f3 a preparar las tres piedras donde se cocinaba con le\u00f1a en las ocasiones cuando no hab\u00eda dinero para comprar gas kerosene. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n porque ese d\u00eda hab\u00eda gas. Mami sali\u00f3 disparada para la alacena y de all\u00e1 me grit\u00f3: &#8212;\u201cDante, dile a Pepe (Melero) que me mande un pote de sal.\u201d&#8212; Poco despu\u00e9s entr\u00f3 Cayo, con un saco muy pesado seg\u00fan se ve\u00eda porque casi no pod\u00eda con el mismo. Lo dej\u00f3 en el patio y volvi\u00f3 a su auto para regresar con un lat\u00f3n de aquellos en que se envasaba la manteca de puerco, que fue la que comimos hasta que se inventaron el cuento del aceite de ma\u00edz Mazzola.<\/p>\n<p>El proceso fue muy sencillo. Prender la le\u00f1a fue cuesti\u00f3n de encharcarla con un poco de gas y esperar que se avivara el fuego para seguir atizando. Se coloc\u00f3 el lat\u00f3n con agua en posici\u00f3n firme. Cuando el agua ya estaba hirviendo a borbotones empez\u00f3 el sacrificio de los delicados animalitos. Un verdadero espect\u00e1culo eso de ir cogi\u00e9ndolos uno a uno para sumergirlos en el agua hirviendo. Luego se le ech\u00f3 la sal, or\u00e9gano, cebolla, recao y otros condimentos de lugar. Para la ocasi\u00f3n el periodo de espera pareci\u00f3 no tener fin, pues se acord\u00f3 darle una hora como garant\u00eda de limpieza total. Olvidaba mencionar que en una olla aparte se pusieron a sancochar unos gajos de guine\u00edtos verdes conjuntamente con unas yauti\u00edtas. Mientras se le daba candela a los animalitos not\u00e9 que sus cascos asumieron unos un color rosadito tirando a amarillo, otros eran color grisaceo y otros eran azulitos. Ese espect\u00e1culo de tanto colorido se me qued\u00f3 grabado de manera imborrable y es verdaderamente emocionante dar \u201crewind\u201d para revivir la ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Habiendo transcurrido el tiempo requerido, estuvieron de acuerdo en que ya deber\u00edan estar y se acord\u00f3 hacer la prueba maestra que comprueba que el juey est\u00e1 listo para comer. Fue algo muy sencillo. Mi mam\u00e1 fue al lat\u00f3n y extrajo varias patas de jueyes y las trajo hasta la mesa, lugar donde nos hab\u00edamos mantenido todos en vigilia anticipatoria de algo grande que estaba por ocurrir.<\/p>\n<p>Por derecho de principiante, la primera patita me la dieron a m\u00ed con las debidas instrucciones. P\u00e1rtela en tres. A la parte m\u00e1s grande, p\u00edcale con los dientes un pedacito de cada punta y luego chupa. As\u00ed fue que lo hice; al pie de la letra. Cuando chup\u00e9, extraje toda la carne de un s\u00f3lo cantazo y el casco qued\u00f3 vac\u00edo. As\u00ed lo anunci\u00e9 a todos los presentes. Fue un momento de real euforia tal y como la llegada de un atleta triunfante a la meta que se desplaza hacia el lugar a reclamar su trofeo.<\/p>\n<p>As\u00ed, como b\u00f3lidos salieron To\u00f1a a apagar la candela, Mami con una olla vac\u00eda a sacar jueyes del lat\u00f3n y Cayo por su parte a botar el agua de la vianda para colocarla en un divino plat\u00f3n. Llegaron los jueyes, la vianda, el ajilim\u00f3jili, cucharitas y tenedores y un juey en cada plato. La mesa se hizo chiquita. Edelmiro y yo continuamos con las patitas. Eso fue lo primero, por consejos de alguien del grupo. &#8212;\u201cHay que dejar que se enfr\u00eden un poco.\u201d&#8212; Al ratito vi cuando To\u00f1a abri\u00f3 el primero. Estaba amarillito. Cuando yo abr\u00ed el m\u00edo estaba verdoso y negruzco. Pregunt\u00e9: &#8212;\u00bfY qu\u00e9 es lo que se come de esto?&#8212; La respuesta fue un\u00e1nime: &#8212;c\u00f3mete todo, menos los cascos.&#8212;<\/p>\n<p>Cuando empec\u00e9 a comer sent\u00ed un amargor y as\u00ed lo hice saber. Como que no sent\u00eda el gusto bueno. Parece que mi mam\u00e1 lo adivin\u00f3 y me dijo: &#8212;Moja el guineo dentro del casco y despu\u00e9s te lo comes y ver\u00e1s. \u00c9chale salsita con el platanito pint\u00f3n. Sigue, sigue con las patitas.&#8212; Poco a poco se me fue pegando el sabor y a cada prueba el gusto era mejor.<\/p>\n<p>Mientras tanto, todo en la mesa era un chupa que chupa. Eso era lo que yo o\u00eda, sumado a los macetazos que se daban sin piedad, directo a la mesa de construcci\u00f3n casera en tabla bruta, para romper las bocas y cuerpos. El lat\u00f3n de jueyes que yo hac\u00eda cuenta que era much\u00edsimo result\u00f3 peque\u00f1o. Cayo aleg\u00f3 que no quer\u00eda m\u00e1s, ya que una docena era suficiente, Edelmiro y yo nos comimos dos cada uno y el resto del lat\u00f3n se lo comieron entre To\u00f1a, una vecina de nombre Iris y mami. Ese primer holocausto de jueyes fue suficiente para quedar prendado de la exquisitez del delicado crust\u00e1ceo.<\/p>\n<p>Pasaron los a\u00f1os y mi hermano Edelmiro y yo desarrollamos una gran afici\u00f3n por la pesca de jueyes. De momento recuerdo dos experiencias que merecen menci\u00f3n. La primera trata de una expedici\u00f3n de pesca de jueyes que organiz\u00f3 Martin Porrata. Esa tarde, nos reunimos en la casa de Jova localizada en un callejoncito que cruzaba de la calle de Guayama hasta frente del negocio La Guag\u00fcita de Juil\u00edn Jim\u00e9nez. Entre otros aspirantes a pescadores de jueyes estaban Mart\u00edn Porrata, Felix Ortiz, Efrin Ramos, otros dos o tres que no recuerdo, y yo. Mart\u00edn se pas\u00f3 hablando desde la seis de la tarde hasta que oscureci\u00f3 del banquete que nos \u00edbamos a dar con los muchos jueyes que habr\u00edamos de pescar y de la gran fiesta que se organizar\u00eda ese d\u00eda.<\/p>\n<p>Alrededor de las siete, Jova nos prepar\u00f3 unos tazones de caf\u00e9 prieto pues la noche ser\u00eda una muy larga y deb\u00edamos mantenernos despiertos y alertas y qu\u00e9 mejor para eso que un caf\u00e9 negro bien cargado.<\/p>\n<p>Es curioso recordar la parafernalia que conllevaba uniformarse de pescador de jueyes. Pantal\u00f3n largo amarrado con hollejos de mata de pl\u00e1tano a la altura del tobillo para evitar los ciempi\u00e9s y otros insectos rastreros, camisa de manga larga abrochada en el cuello para defensa del zancual pululante en el \u00e1rea, una gorra que llamaban \u201cburra\u201d que tapaba los o\u00eddos y el cuello, un machete amolao hasta el cabo que le dec\u00edan \u201cperrillo\u201d, un saco de los que se usaban para envasar cien libras de arroz , unos \u201cbueyes\u201d, que eran unas botas de cuero indomable, que hicieron que miles y miles de puertorrique\u00f1os mutilaran su pies con los malditos callos que ocasionaban, y un jacho de gas kerosene para alumbrase el camino. Algunos usaban gabanes viejos utilizando los bolsillos para cargar jachos o mechones adicionales. Todos en la tropa est\u00e1bamos vestidos a la usanza del estereotipo del jueyero.<\/p>\n<p>Tan pronto oscureci\u00f3, salimos por la Calle Guayama, directo hacia la Colonia Carmen en donde doblamos hacia el Barrio Playita. Atravesando por una pieza de ca\u00f1a, salimos bien arriba en ese barrio para enfilarnos hacia el ca\u00f1o. En cuesti\u00f3n de una hora ya est\u00e1bamos en pleno territorio jueyero. Camin\u00e1bamos en fila en los trillos y cuando el camino era ancho lo arrop\u00e1bamos de frente. Cada jueyero o aspirante a jueyero era responsable de mirar con minucia hacia su lado para no perder de detectar un ejemplar. No era noche de luna, la visibilidad era algo escasa y de ah\u00ed lo escurridizos que estaban los perseguidos animalitos.<\/p>\n<p>Seguimos la peregrinaci\u00f3n hasta llegar a la casa de Don Rejo, que era la \u00fanica en todo ese sector y ni se\u00f1as de juey alguno. Pareciera como si alguien misterioso, tal como ocurre hoy en los caser\u00edos, les hubiera avisado que \u00edbamos para el lugar a realizar una redada que los llevar\u00eda directo al cadalso. Seg\u00fan avanzaba la noche, la frustraci\u00f3n crec\u00eda. Ni rastros de jueyes ni de jueyeros, s\u00f3lo nuestra partida como almas en pena camino al Barrio las Mareas.<\/p>\n<p>A alguien se le ocurri\u00f3 afirmar que si no hab\u00eda jueyes en el Barrio Las Mareas era porque se hab\u00edan movido hacia la Central Aguirre, al pasto de Montesoria o por la Hacienda Vieja. Sugiri\u00f3 cruzar por el <a href=\"http:\/\/www.scribd.com\/doc\/7354546\/El-Bosque-de-Aguirre\" target=\"_blank\">Bosque de Aguirre <\/a>y as\u00ed lo hicimos. En cuesti\u00f3n de minutos nos encontramos perdidos, sin saber si \u00edbamos hacia Aguirre, hacia el pueblo, hacia Las Mareas o hacia d\u00f3nde carajo. Por el momento, la pesca de jueyes pas\u00f3 a segundo plano y nos concentramos en rescatar la ruta o direcci\u00f3n. La verdad es que en ese momento nos dimos cuenta de que nadie sab\u00eda d\u00f3nde est\u00e1bamos ni que azimuto tomar. En un momento dado, llegamos a una quebrada y entonces tomamos la ruta del agua hacia el mar. Entre una cosa y otra hab\u00edan pasado las horas.<\/p>\n<p>Eran pasadas las doce de la noche, no hab\u00edamos pescado ni un solo juey y est\u00e1bamos perdidos, pero esperanzados en llegar al mar. Una hora adicional nos encontr\u00f3 dando bandazos en la maleza, que no pod\u00eda ser m\u00e1s espesa. Al final, salimos a un camino y para sorpresa de todos apareci\u00f3 la casa de Don Rejo. Hab\u00edamos estado caminando en c\u00edrculos, por lo que est\u00e1bamos en el mismo sitio.<\/p>\n<p>Pasado el susto, reanudamos la pesca. Alguien grit\u00f3: &#8212;\u00a1uuunnn Juuueeeeyyy!&#8212;Mart\u00edn era el afortunado. Hab\u00eda encontrado el primer juey. &#8212;\u201cDe ahora en adelante es que van a empezar a salir de sus cuevas,\u201d&#8212; dijo con aire optimista. Acerc\u00e1ndose al grupo juey en mano, listo para echarlo al saco, lo mostr\u00f3. Entonces Efrin grit\u00f3: &#8212;\u00a1Ese es un juey barb\u00fa, esos no se comen.!&#8212; F\u00e9lix Ortiz dijo: &#8212;\u201cNo lo suelten, que yo lo afeito y me lo como.\u201d&#8212; Sigui\u00f3 la discusi\u00f3n y finalmente se incluy\u00f3 en el saco como la primera captura.<\/p>\n<p>Mientras tanto, el cansancio se empez\u00f3 a apoderar de toda la tropa. La frustraci\u00f3n crec\u00eda y al final se decret\u00f3 el fracaso de la expedici\u00f3n, su terminaci\u00f3n y el inicio del regreso al pueblo. Nunca jam\u00e1s he sentido un cansancio m\u00e1s grande que el de aquella noche regresando al pueblo desde Las Mareas. Los caminos no ten\u00edan fin. Me pesaba la ropa, los pies eran como dos pedazos de plomo, me picaba todo el cuerpo, sent\u00eda una frialdad desconcertante pues estaba enchumbao. Realmente casi me estaba arrastrando. Los dem\u00e1s iban en condiciones similares. &#8212;\u201cUna noche perdida y un solo juey y pel\u00fa, digo barb\u00fa&#8212; balbuceaba entre dientes, Mart\u00edn\u201d Y segu\u00eda &#8212;\u00bfQu\u00e9 le voy a decir a Jova ma\u00f1ana? Todos los planes se han ido al piso. La comelata de jueyes no va.\u201d&#8212; Era una especie de Lamento Borincano pero asociado a los jueyes.<\/p>\n<p>Cuando ya estaba a punto de desfallecer, Efrin indico con regocijo: &#8212;\u00a1Estamos llegando, miren las luces del Garaje Lanausse!\u201d&#8212; En efecto est\u00e1bamos pr\u00f3ximos al pueblo, sacando fuerzas, ya de madrugada llegamos a la calle de Guayama y ah\u00ed nos despedimos para cada cual dirigirse a sus casa y a meditar qu\u00e9 habr\u00eda de inventar para minimizar los devastadores efecto de una fracasada noche de pesca de jueyes.<\/p>\n<p>Ca\u00ed rendido en la cama y despert\u00e9 al otro d\u00eda en la tarde. La primera noticia fue que me hab\u00eda venido a buscar Efrin para que fuera con \u00e9l y los otros muchachos a una comelata de jueyes. No lo cre\u00ed. Sin embargo, por si las moscas llegue hasta la casa de Jova y Elena. Cu\u00e1l no fue mi sorpresa al encontrar un lat\u00f3n de jueyes hirviendo y guine\u00edtos y todo. Nunca hab\u00eda comido tantos jueyes y tan buenos.\u00a0 Ello en parte porque sobraron algunos debido a que dos invitados a la comelata resultaron ser al\u00e9rgicos a los jueyes ya qye su ingesta le provocaba piqui\u00f1a en la garganta y le sal\u00edan ronchas en todo el cuerpo.\u00a0 Record\u00e9 entonces, en el correcto buen sentido, el cuento de mi primo segundo, el marino Roberto Serrant Santiago, cuando alegre dec\u00eda:\u00a0 &#8212;!Qu\u00e9 bueno que se marea, tenemos demasiado de hijoeputas a bordo!&#8212;<\/p>\n<p>Acabado el banquete pregunt\u00e9 quien hab\u00eda conseguido los jueyes. Efrin, elegantemente contest\u00f3 que los hab\u00eda pescado en la jueyera de mi hermano Edelmiro.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3oooooomoooooo? Al llegar a casa, mi hermano Edelmiro estaba rabiando porque le hab\u00edan robado unos jueyes y \u00e9l dec\u00eda que hab\u00eda sido yo. Nunca se lo acept\u00e9. Han pasado cincuenta y cuatro a\u00f1os y el otro d\u00eda cuando visit\u00e9 a Edelmiro en su oficina de abogado, volvi\u00f3 por en\u00e9sima vez a reclamarme y a increparme, alegando que yo le rob\u00e9 esos jueyes.<\/p>\n<p>Me defend\u00ed lo mejor que pude dici\u00e9ndole que los de ese d\u00eda no fui yo pero el d\u00eda de las cuatro docenas que me lleve para Aibonito con mis primo Cachy y nuestro hermano Fui, en ese caso era verdad pero que me considerara como un enfermo, simplemente un adicto a los jueyes.<\/p>\n<p>No le cost\u00f3 otro remedio que re\u00edrse. Son cosas de jueyeros y \u00e9l siempre fue un buen jueyero, un pescador de jueyes de verdad. Yo, simplemente un adicto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre hablo con orgullo de mi primo segundo, Roberto Serrant Santiago, hijo de mi t\u00eda abuela Carmen Santiago Ortiz, t\u00eda Carm\u00edn.\u00a0 Siendo muy joven ingres\u00f3 en la marina mercante de Estados Unidos y por m\u00e1s de treinta a\u00f1os estuvo viajando alrededor del mundo. 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