La mañana la sorprendió desnuda e indefensa, como flor en manos del Creador. El rumor del río despertó sus sentidos. Se acomodó al calor del cuerpo vecino. Aspiró el perfume a piel querida. Su pensamiento proyectó el verdor de los montes. El agua chocando con las rocas y las hojas viajando por la corriente de las aguas coquetas, bordeando la tierra siguiendo sus curvas melódicas. Gallos y zorzales a limpia voz anunciando un amanecer con el sol “colao” entre las nubes. El rocío le lava la cara al día que comienza.
-Negrito, despierta que son las cinco.-
Con suavidad le acarició el pecho. En la tibieza del nido se acurrucó entre alas fuertes del macho dormido.
-Negrito te coge el día.-
Una sombra cruzó la estancia como un celaje. Al vuelo de las cortinas se apagó el rumor, se enfriaba el lecho, se llenó de brumas el aposento.
©Marinín Torregrosa Sánchez
