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Amanecer de dos / Marinín Torregrosa Sánchez

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La mañana la sorprendió desnuda e indefensa, como flor en manos del Creador. El rumor del río despertó sus sentidos. Se acomodó al calor del cuerpo vecino. Aspiró el perfume a piel querida.  Su pensamiento proyectó el verdor de los montes. El agua chocando con las rocas y las  hojas viajando por la corriente de las aguas coquetas, bordeando la tierra siguiendo sus curvas melódicas. Gallos y zorzales a limpia voz anunciando un amanecer con el sol “colao” entre las nubes.  El rocío le lava la cara  al día que comienza.

-Negrito, despierta que son las cinco.-

Con suavidad le acarició el pecho.  En la tibieza del nido se acurrucó entre alas fuertes del macho dormido.

-Negrito te coge el día.-

Una sombra cruzó la estancia como un celaje. Al vuelo de las cortinas se apagó el rumor, se enfriaba el lecho, se llenó de brumas el aposento.

Sonó la alarma, el hombre quedó sentado en la cama. Buscó entre sabanas la visión que en las noches lo acompaña. Estaba solo. En el piso y sobre la almohada llanto verde sobre hojas mojadas.

©Marinín Torregrosa Sánchez

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