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-¡Como el chocolate! ¡Mis piernas son de chocolate!
-¡Mira que te vas a enfermar!
Arropada por la lluvia. Con el camisón mojado danzaba en círculos riendo. Su rostro miraba al cielo lloroso mientras el alma se le vaciaba en una carcajada.
Una vez fui yo quien le regreso sus zapatos de tacón. Los de niña me quedan grandes, y me aprietan los de mayor.
©Marinín Torregrosa Sánchez
